Crónica del concierto de Havalina en la sala Black Bird de Santander – Enero de 2012

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Son diez ya los años que Havalina llevan guitarra en mano girando por la geografía española con cada uno de sus seis discos -los tres primeros, como Havalina Blu, en inglés- y ninguna las veces que su furgoneta había hecho destino en Santander. Visita, por tanto, esperada la del los madrileños que, el 20 de enero, efectuaban su primera parada en la capital cántabra dentro de un viaje que celebra su década como banda.

El trío formado por Manuel Cabezalí, Ignacio Celma y Javier Couceiro, hacía su aparición en el Black Bird ante un recibimiento de algo menos de 100 personas y llegaban con el brillante último disco, ‘Las Hojas Secas’ (2011), por presentar en una ciudad que se había perdido los anteriores y que no escondía las ganas que tenían ambas partes.

Fue la guitarra de Cabezalí la que abrió fuego con ‘Desierto’, canción que también hace esa función en un último disco en el que se acercan más a Queens Of The Stone Age que a The Cure, y que -simplemente el título- marca las directrices de lo que se viene encima: nos vamos a encontrar aridez, desierto. Murallas sonoras que bien podrían firmar Sonic Youth, melodías que mantienen la esencia pop. Su lado más fácil aparece en canciones como ‘Tu Ciudad’, segundo dardo arrojado en Santander.

Manuel Cabezalí habla de desamor, pero sonríe y lanza guiños al público antes de entrar con un breve repaso a su segundo trabajo en español con ‘Sueños de Esquimal’ e ‘Imperfección’, para posteriormente retornar a su último LP. Continúan entonces con ‘Síndrome de Culto’ y ‘Punto de Reconciliación’, los cortes con más aroma a 80s. Cargadas de flangers, atmósferas y sonidos que rebotan de un lado a otro y, en uno u otro momento, explotan. Pero Havalina están mutando hacia un lado más salvaje, cercano al stoner, y lo dejaron entrever con la acelerada ‘Viaje al Sol’, canción que, anunciaban, formará parte de su próximo disco.

Ya se sobrepasaba el ecuador del concierto cuando dieron rienda suelta a ‘Objetos Personales’, ese maravilloso poema de José Juan Cabezalí (hermano de Manuel) convertido brillantemente en música. Una canción que se antoja eterna, una perfección lírica e instrumental que desgarra y que, si bien es la más digerible del disco, a servidor le parece lo mejor que haya publicado Havalina nunca. Después del éxtasis general en la sala, era el turno para la enrabietada ‘Mordiente’ -elevando la presión (voy a morder tus párpados / desgarrarte y odiarte aún más) a cotas, precisamente, desgarradoras- y la seca ‘Mamut’, chute ruidoso y rebelde en vena.

Se perfilaban ya absortos los rostros en el público cuando el concierto alcanzó la catarsis con la cuasi litúrgica ‘Por La Noche’. 10 minutos, alargados a prácticamente 15 en directo, en los que Havalina se dejan llevar por un instrumental que sobrevuela cabezas y las reduce a un suspiro de acongojo. Cuarto de hora después de que sonara el primer acorde de la canción que cierra el disco, los madrileños hacían el amago de irse. Pero allí nadie podía esperar: sin darles tiempo a despojarse de sus instrumentos, la sala ya pedía unos bises que fueron correspondidos con ‘Incursiones’, transformando el ambiente de nuevo a la sensualidad -y sexualidad- que transmite la canción.
Y, además, quisieron convertir aquello en una fiesta, en una visita inolvidable: Cabezalí y Celma se alejaban del escenario y se entremezclaban con el público, uniéndose en última instancia Couceiro (timbal y baquetas en mano), para poner el punto y final a la tardía pero soberbia primera presentación del trío en Cantabria.

 

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