Crónica del concierto de John Grant en el Teatro Lara de Madrid – Noviembre 2011

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El miércoles fue un día duro para mí. Me lo pasé en la cama resfriado, con fiebre y demás. Incluso me llegué a plantear no ir al concierto que por la noche daba John Grant en el Teatro Lara dentro del ciclo de conciertos preparados por SON Estrella Galicia. Menos mal que no fue así y puse a sonar su Queen of Denmark (2010), que me dio fuerzas para levantarme, ducharme y salir directo a ver la demostración que el de Denver prometía.

Para la ocasión había preparado un teatro rebosante de público que no esperaba ser defraudado. John Grant llegaba, aparte de su exitosa carrera al frente de  The Czars, recibiendo grandes críticas sobre su trabajo y sus directos, como por ejemplo ser nombrado mejor álbum de 2010 por la revista británica Mojo. Sello de garantía.

Durante la noche el de Denver nos dio muchas cosas. Nos dio su soberana presencia sobre el escenario, pocos artistas son capaces de llenar tanto una sala con la única compañía de un pianista esporádico. Nos regaló la suave y delicada I Wanna Go To Marz, con un pequeño traspiés perdonable al olvidársele la letra al principio, pero lo inmensa que acabó sonando hizo que se olvidase por completo el olvido. Nos dedicó un derroche de simpatía, explicando prácticamente en cada tema porqué la compuso y la situación en que se encontraba, demostrando que no solo es buen artista sino que permitía intuir que además es una gran persona. Nos cantó Where Dreams Go To Die, solemne y sobria, combinada con Chicken Bones, de sabor añejo años 50. Nos embelesó con su profunda voz, entretejida con las vibrantes notas de su piano, creando una sensación poco habitual en los tiempos que corren.

Nos hizo reír con bromas e historias, hasta sin intentarlo cuando quería decir sois muy amables y soltando ‘mamables‘. Nos devolvió a sus antiguos tiempos con dos temas de The Czars. Nos explicó como estaba lleno de ira cuando compuso Queen Of Denmark en una carretera de Escocia, y después la cantó, momento épico,  y esa imagen suya en el asiento trasero del coche ya no desaparecía. En contraposición, cantó Caramels explicando que la compuso estando enamorado. Nos sentó en los asientos e hizo que el tiempo pasara rápido, sin darnos cuenta.

En fin, nos deslumbró, nos encandiló y se ganó un hueco en nuestra memoria. Después de este concierto me queda la sensación de que no sólo es un gran artista, sino que también es un gran hombre.

 

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