Crónica: Julián López, Ernesto Sevilla y Raúl Cimas en el Auditorio de Valladolid – mayo 2011

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El pasado Sábado 7 de Mayo de 2011 acudimos ilusionados al Auditorio Miguel Delibes a ver otro de los shows de monólogos de Raúl Cimas, Ernesto Sevilla y Julián Lopez. Era la tercera visita de los chicos de Muchachada Nui/Museo Coconut/La hora chanante en menos de un año a Valladolid y, lamentablemente, no reciclaron repertorio y las cientos de personas que llenaron la sala escuchamos los mismos monólogos (de Pe a Pa) que vimos hace 6 y 12 meses respectivamente en sus pasada visitas a la Feria de Muestras.

Y uno que es fan, no puede ser demasiado objetivo a la hora de realizar una reseña de la noche en la que no tuvimos más que constantes Deja Vús con cada broma y gag, así que me limitaré a describir lo que fue cada intervención.

Comienza el espectáculo con Raúl Cimas y Julián López saliendo al escenario bailando imitando a las estrellas del espectáculo americano, diciendo frases en «inglés» y comienzan las coñas de humor negro (siempre las mejores) relacionadas con las drogas. El nombre de Marta Domínguez no podía faltar, y hasta se acordaron de Calamaro, que tocaba esa misma noche en otro recinto. El mejor momento de la noche vino en los 10 primeros minutos, cuando Raúl Cimas ofreció una mandarina a alguien del público y una segunda más a un pobre hombre de la primera fila que se llevó un corte de mangas delante de todo el teatro.

Tras la introducción, salió Ernesto Sevilla a contar el monólogo que ya vimos en la feria de muestras. Coñas sobre su cabeza de gran tamño, los superpoderes, superfuerza (quien quiere superinteligencia, ¡nadie!, y la parte cruel sobre Paquirrín. Muy bien y acertado símil de su cara con el de una pastilla de jabón a la que le has clavado las uñas. Tras ello pasó a los traumas familiares de Albacete, pas pajas en épocas de estudio de la adolescencia, las hostiejas de las madres, las zapatillas teledirigidas cual misil ruso, los parches de los ojos en los 80s, etc. Buen monólogo, sin duda, pero que repitó sin variación alguna. Podéis leer aquí nuestra crónica pasada.

El esperado turno de Julián López (cada vez más conocido por sus numerosas intervenciones en películas y series de TV) llegó y comenzó a ganarse a la audiencia Vallisoletana usando el término «Pucelanos». Nos habla de las frustraciones de ser cómico y el mítico «hostia, cómico! cuéntate un chiste, ¿no?» reivindicando la profesión y haciendo acertadas analogías con otras profesionales. De ahí pasa a la verdadera chica del monólogo, centrada en ese perfil de personas de más de 30 años que aún viven en casa de sus padres, llegan borrachos los fines de semana y sus padres les pillan con hábiles técnicas como la del «bote de insecticida de metal en medio del pasillo imposible de esquivar.» De ahí pasa a la frustración de su padre por tener un Audi que llega hasta el punto de pintar su Ford con un edding el conocido logotipo de coches. No podía faltar la ya manida coña del miedo a la oscuridad cuando se es pequeño, el piloto con cara de payaso que ilumina toda la habitación en rojo y, como no, los pijamas de los 90 con grandes bordados de motivos deportivos (quién no ha tenido uno de esos de SPORT con las raquetas cruzadas)

El humor negro, más cabroncete y bestia de Raúl Cimas fue el encargado de dar matarile a la noche (el mejor de todos sin duda). Comienza a divagar sobre qué es el humor inteligente, crea guettos dentro del público provocándolos diciendo que los que se ríen más tarde «son los de FP». No podía faltar las típicas situaciones que se dan con tu pareja al salir de un espectáculo de este estilo, los celos, las exnovias y sus manías, las frases con «comillas», las manías de los padres de ir desnudos por la casa, abuelos alcohólicos que al apagar las velas de una tarta crean un lanzallamas con su boca, etc.

Para finalizar la noche, por fin una referencia a Muchachada Nui, la canción de «el aparejador» y, como no, «Hijodeputa» acompañada por dos valientes del público que no dudaron en subir cuando pidieron voluntarios para hacer los conocidos coros «hay que decirlo más…»

En definitiva, divertida noche, claro está, pero muchos de los presentes no acabaron muy contentos tras pagar 25€ para ver el mismo espectáculo que ya se ha visto en tan poco tiempo Valladolid.

 

Una Respuesta

  1. Jose María

    14 mayo 2011 20:20

    A pesar de que me encatan no fui. Veo que me ahorré esos 25€, ya me imaginaba que iban a ser los mismos monólogos.

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