Tame Impala en Madrid: Kevin Parker domina la puesta en escena y aprueba raspado el cierre del círculo emocional

Movistar Arena | 7 de abril de 2026. Luces y Sombras.
Ver a Kevin Parker y los suyos en directo siempre es sinónimo de una performance estratosférica, al menos en sus últimas giras, el derroche de luches y parafernalia está a la altura de su nivel musical, enorme, y las mutaciones sonoras del australiano hacen lo propio en una pista que se adapta y muta a su antojo. Tame Impala volvían a Madrid, hacía tiempo de la última vez, y lo hacían con nuevo trabajo, Deadbeat, su quinto álbum de estudio, un disco que marca un punto de quiebre deliberado en su trayectoria, y que para los que seguimos echando de menos la etapa más psicodélica de sus inicios ya se puede ver como un punto de no retorno a lo que antaño demandamos.
El retorno tras seis años de silencio
Para entender la dimensión de este regreso, hay que recordar dónde quedó Tame Impala hace seis años. The Slow Rush(2020) fue un disco ambicioso, producido en pandemia, que llevó al pop psicodélico de Parker hacia territorios más oníricos y etéreos. Era melódico, inmersivo, pero también distante. Luego vino el silencio. Seis años sin música nueva —excepto por colaboraciones puntuales como la que hizo con Justice en 2024— generaron una acumulación de expectativa que cualquier artista sentiría como presión. Kevin eligió romper ese silencio con Deadbeat, un álbum que no busca complacer a quien espera más de lo mismo. Todo lo contrario. Este quinto trabajo gira hacia el house y el techno, géneros que podrían parecer antagónicos con la identidad psicodélica que lo hizo famoso, pero que sin embargo tienen su punto de equilibrio en ciertas composiciones hacia esos orígenes más primigenios donde ya coqueteaban con ciertos ritmos de manera inherente.
Madrid nos pertenece a ti y a mi cantan Biznaga, pero los grandes eventos internacionales nos desplazan sobremanera, los precios y los turistas y el pijerío (más de uno pagaría por grabar el ‘Let It Happen‘) que hacen de estos conciertos su fondo de armario para redes, distorsionan de manera ingrata el disfrute de otros tantos amantes de las bandas en cuestión.
Pero no hay que ser hater en exceso, disfrutar de los Tame Impala siempre es un delirio, ‘Apocalypse Dreams‘ y ese bajo marca de la casa, ‘The Moment’y ‘Borderline‘ son puntos álgidos caigan cuando caigan, si son espetados de primeras todo puede o debería ir a mejor. El viaje a través de su discografía es obvio, la evolución también tiene sentido en la consecución de su setlist. El sonido en directo se amplía, a veces los bajos fagocitan la guitarra, a veces los sintes son nublados por el sonido del recinto, pero todo llega a un equilibrio temprano.
‘Breathe Deeper’, ‘Elephant’, ‘Gossip’ triplete bueno para meternos de lleno en su nuevo universo con ‘Afterthought’, para mi uno de los puntos álgidos del directo y de su nuevo disco. La iluminación es exquisita. La sala se vuelve loca y el poder de los Tame Impala es omnipresente. ‘Feels Like We Only Go Backwards’, otro clásico, llegaba cargado de nostalgia para los más canosos, con ‘Drácula’ llegaba ese mordisco a la yugular tiñiendo de rojo el palacio.
Deadbeat – momento dead y momento beat

Con la llegada de material nuevo algo se tornó irregular. Y aquí es donde la audacia discográfica de Parker se convirtió en un problema de directo. Deadbeat es un álbum fascinante, sin duda. Parker trabajó principalmente entre Fremantle, su ciudad natal, y Wave House, su estudio en Injidup, durante la primera mitad de 2025 apuntando a ese techno experimental que comentábamos al inicio, pero cuando rompe el directo y se vuelca en el cacharreo, le perdonamos hasta el momento meada en directo entre medias del directo. Su paseo a la zona B del palacio, en su pequeña habitación experimental para la ocasión, a modo de boiler room, se queda a medio gas. ‘No Reply’, ‘Ethereal Connection’ y ‘Not My World’ van cayendo, esta última parece que describe a la perfección lo que sentimos.
La electricidad era constante en el Palacio, pero esa energía no traspasaba de manera completa al público, o esa fue la sensación en grada. Quizás hemos visto demasiados directos para que nada nos sorprenda, veníamos de un formato reciente de Radiohead donde realmente tuvimos ese punto que nos traspasaba. Tame Impala lo intentaba pero se quedó en un directo bastante correcto y conformista, más llevado para el hedonismo y el disfrute de un día festivo que para el puro fan.
‘Let It Happen’, lo que todos esperaban, sería otro de los puntos de inflexión, aquí las baterías de los móviles forzaron al máximo. ‘Expectation’, ‘Piece Of Heaven’, ‘New Person, Same Old Mistakes’ o ‘Eventually‘ me volvieron a meter dentro de su directo, nos volviamos a reconciliar, pero con esa sensación de que había algo que nos había jodido y no ibamos a dejar pasar cualquier devaneo. Esto nos vuelve a llevar a su pasado, el cualquier tiempo fue mejor para ellos está claro.
La traca final fue la fiesta que muchos necesitaban, la explosión de un Kevin que sabe que es grande, a nivel internacional, que en España tiene tirón, que su show es todo un delirio, pero que a pesar de ganar en nuevas generaciones puede ir perdiendo fuelle en sus primeros adeptos, imagino que adaptarse o morir no sólo viene para los de la Inteligencia Artificial, los algoritmos obligan a rehacerse a todos. ‘The Less I Know The Better’, ‘My Old Ways’ y ‘End Of Summer’, la lluvia no consiguió apagar el incendio en la pista, la electricidad estática se desprendía a la salida. Como bien dicen ‘Let It Happen‘, fuera ansiedad y abracemos el presente, al final estamos de pasada y es mejor disfrutar que criticar por criticar.