Crónica Rock In Río ’10 @ Madrid 4-6/06/10

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El Rock In Río es a la música lo que Hollywood al cine: estrellas, dinero, publicidad, despliegue de medios, consumo rápido… Como tal, a menudo prima la cantidad sobre la calidad, las cifras sobre el riesgo, pero su objetivo es llegar a la máxima cantidad de público posible, no buscar nuevas estrellas, y, al menos el primer fin de semana, lo ha conseguido. Las cifras son mareantes: unas 172.000 personas han pasado por allí los tres primeros días de festival. Se vendieron 33.000 bocadillos (sin contar 11.000 kebabs ni 25.000 menús en el Burger King), 18000 litros de Coca Cola y 59.000 de cerveza (a 8€, creo recordar, es un pico…). Dejemos a un lado juegos de palabras y prejuicios y centrémonos en lo que ha sido, tres días de pop para el máximo número de gente.

Se desarrolla en un recinto construído ex profeso para el festival, en Arganda del Rey, y eso plantea un primer problema: el transporte. La organización lo ha conseguido resolver relativamente bien, aunque con éxito desigual. Se han habilitado autobuses gratuítos desde el Bernabeu hasta el recinto, y el viernes funcionaron admirablemente bien. A pesar de la afluencia (51.000 personas) las esperas para el transporte fueron mínimas. Sin embargo el sábado la cola daba la vuelta al estadio, aunque el domingo no hubo ningún problema en absoluto. La masiva presencia de público se hizo notar en la «Ciudad del Rock», aunque los únicos problemas se registraron en la entrada, en donde las colas (especialmente el viernes) eran largas y tensas (más de media hora al sol hace hervir los ánimos de algunos).

Viernes 4 de junio

ZoéGracias al impecable funcionamiento del transporte pudimos estar desde el primer momento en el escenario Sunset. Allí descubríamos cómo el cartel ocultaba una media verdad, ya que se anunciaba a los mexicanos Zoe junto a Anni B. Sweet, pero los fans de ella nos vimos decepcionados al reducirse su participación a una canción. Dicho tema fue Poli, el mismo que interpretan juntos en la recopilación de colaboraciones que acaban de publicar en España para hacerse un hueco a este lado del charco. En él se juntan también a Bunbury y Dorian, en una clara búsqueda de un público menos comercial que apenas hizo acto de presencia por el Rock In Río. Sin embargo Zoe demostraron que pueden bastarse solos, y, a pesar de un sonido algo deficiente que provocaba que apenas se les entendiese, gustaron, y no sólo al público mexicano. Puede que el Rock In Río no fuese su sitio, pero quedó claro que su éxito en su tierra puede trasladarse aquí sin problemas, canciones no les faltan.

Con el agridulce sabor de no haber podido disfrutar más de una de nuestras indies favoritas llegó Mago de Oz, un clásico del rock patrio. A pesar de su tardía incorporación al cartel había un buen número de seguidores que se arremolinaron junto al escenario, cantando eufóricos todo lo que fueron interpretando, está claro que tienen muchos fieles. Cierre con Fiesta Pagana, por supuesto. Algo falto de intensidad, quizá, pero el atardecer (con el sol de cara) no es su hábitat natural. Su público iba convencido, de todas formas, y no salió descontento.

Poco antes del final de los madrileños ya había comenzado en el escenario principal el concierto de Macaco. Estaba allí por la caída de cartel de John Mayer, y no desaprovechó su inesperado ascenso (le habría correspondido el escenario Sunset). A quienes ahora reniegan de ellos habría que recordarles que Entre Raíces y Antenas fue aclamado por su arriesgada y eficaz mezcla de géneros, y eso fue lo que vimos en el escenario Mundo. Secundado por una buena banda (con Mr. Kilombo a la guitarra) sus temas sonaban completos, vivos y ligeramente más electrónicos (especialmente los del último álbum) que como salieron del estudio. Incluso alguno que resulta machacón con facilidad (¿alguien dijo Moving?) mereció con creces la cita en el festival, y se desmarcó cerrando con una divertida versión de Monkey Man. Antes apareció La Shica para rapear con él S.O.S.. Incluso tuvo momentos para sus alegatos político-morales ondeando banderas de marinos y citando al gran Jorge Drexler y a Benedetti. Sólo siento no haber llegado al arranque por haber aguantado a Mago de Oz hasta el final. Un directo imprescindible, de lo mejor del fin de semana.

PerezaTras el gran arranque del escenario con el catalán, llegaba Pereza, que recubrieron todo con alfombras, terciopelo y lámparas para trasladarnos a su casa. No pareció que hubiesen salido de ella, sonando algo flojos y hasta desganados por momentos, pero su ritmo es ese. Sabían que el público estaba ansioso por lo que venía después («Groupies de Bon Jovi? No me jodas…»), y se les vio casi de paso. César Pop en el teclado, dos bateristas y trompetista compartían escenario con ellos, y algún tema brillo por encima de otros (Lady Madrid, Animales, Estrella Polar…), aunque el gran momento de la noche llegó en su alegato en pro del rock en castellano. Ariel Rot y Carlos Tarque (M-Clan) aparecieron junto a ellos para hacer vibrar a todos con el himno Hace Calor.

Bon JoviY, por fin, el gran momento del fin de semana. Bon Jovi aparecían en el escenario para demostrar que tienen poses variadas para casi dos horas de concierto. Sonido, voz e instrumentos impecables, nadie puede decir lo contrario. Personalmente dos horas algo innecesarias, alargadas en extremo con medios tiempos alejados de alguien que se sigue denominando heavy y, envidioso que es uno, quizá situados para engordar la cuota de primeros planos de sus ojos azules y sus escasas arrugas. Sin embargo el público aguantó toda la duración cantando y gritando con pasión, así que el problema será mío. No falló ningún clásico (Runaway, You Give Love a Bad Name, Bad Medicine…), ni superventas más recientes (Have a Nice Day). Entre medias, versión de Hallelujah para demostrar que no es Jeff Buckley ni Leonard Cohen. Sambora quizá no es el que era pero tuvo también sus momentos de exhibición, y mostró un extenso catálogo de pintorescas guitarras (doce cuerdas, dos mástiles…). El público (más ellas que ellos), satisfecho tras dos horas de jalear a la estrella, y vuelta a casa … quienes no teníamos fuerzas para más, porque a lo lejos comenzaron a golpear (duro y monótono) los beats de Paul Van Dyk. Estoy mayor. A casa con el buen sabor de boca de Macaco, y siendo la envidia de las amigas. Siempre las podré compensar con primeros planos del chulazo

Sábado 5 de junio

Tras el buen funcionamiento de los autobuses el día anterior nos confiamos… y llegamos cuando Los Gerundinos estaban acabando. Lo poco que pudimos escuchar nos dejó con la amarga sensación de que deberíamos haber llegado al principio. Guitarras eléctricas magistrales para uno de los pocos momentos auténticamente rockeros que tendría ese día. Raimundo Amador con unas gafas que no encajaban pero que no le molestaban para dar una buena lección de cuerdas.

DracoTras ellos, una de las gratas sorpresas. Draco ocupaba la siguiente posición en el cartel en un incómodo puesto que parecía de relleno, pero demostró que si estaba allí era por méritos propios. Si bien su último álbum suena más (perdón) latino, en directo fue un vendaval de rock ¿experimental?. Sentado, con la guitarra, o desgañitándose en el micro, seguramente fue la mejor relación calidad/precio del fin de semana (perdón, de nuevo, por la expresión, pero espero que se me entienda). Ójala le podamos ver en alguna sala para que quienes se lo perdieran tengan oportunidad. Grande. Actualización: nos enteramos que Draco repite el 11, pero esta vez en el Escenario Mundo. ¡¡Gran noticia!!

De nuevo hicimos una tardía migración del escenario Sunset (Draco bien lo merecía) al Mundo, a ver si Calle 13 son reggetón tan alternativo como dice su currículum. No todo es gasolina y videoclips de bikinis en ese género, que, en sus raíces, es más próximo al hip hop que al basto producto que ha acampado en nuestras discotecas. Sonaron duros, sinceros y políticamente incorrectos (han sido censurados en su país). No faltó crítica (al mal periodismo, y eso que protagonizan un anuncio de El País) ni la revindicación (de los derechos de los inmigrantes y de la libertad sexual). Y en todo momento buscando el retorno por parte del público. Se comieron el escenario, muy bien.

Momento para queja personal: no todos los medios tuvimos acceso al foso para fotografiar a las dos grandes estrellas de la noche, limitados, supuestamente, por sus respectivos productores. Mal por la organización por la bajada de pantalones, y mal por los productores. No tenemos material gráfico de estos conciertos por esto mismo.

Tras una tarde que arrancaba sorprendentemente bien llegó el turno para una de las vacas (no penséis mal) sagradas. Rihanna llegaba con la etiqueta de superestrella, y no defraudó… en lo negativo. Quienes esperábamos al menos una superproducción movida y entretenida nos vimos gravemente desilusionados. Comenzó con casi tres cuartos de hora de retraso, y cuando no hay ni un técnico en el escenario eso sólo puede significar una cosa. Y cuando salió hizo gala de despliegue de medios mal empleados. Para empezar, el hecho de que tus canciones se compongan de varias capas de tí misma haciéndote los coros con diferentes filtros supone un problema, ya que cuesta separar el playback de lo que no lo es: en los primeros temas ella se dedicó a lucir palmito por el escenario, acercándose el micro cuando la parecía, porque para qué esforzarse si te están sampleando. Y cuando se sentó a ofrecernos ese R&B tan popular con el que debería lucirse tampoco lo aprovechó. Esa voz potente y precisa de los discos no apareció por ninguna parte. Casi de verguenza ajena cuando jugueteó con la guitarra (con Rockstar) y la batería. Y, por si el concierto en algún momento tuvo ritmo (vale, con Please Don’t Stop the Music consiguió levantar a la gente del aburrimiento general) varias veces cortó para proyectar unos vídeos que supuestamente nos hacían ver que estábamos en un sueño (al final «nos despertamos» con What a Wonderful World de fondo). Aburrida, desafinada y sin ritmo. Ni el estilismo (iba hecha un espantajo) la salvaba. Sólo rescataría de aquél rato a su guitarrista, con solos meritorios. Mal, muy mal.

Incluso antes del final del esperpento de Rihanna el público ya coreaba su nombre: Shakira iba a convertirse incuestionablemente en la gran vencedora de la noche, delante de más de 85000 almas. Hace dos años ofreció un espectáculo fantástico y completo, pero este año la duda acechaba sobre ella, principalmente por este último disco en el que tontea con una salida electrónica de pista de baile. En este caso, de nuevo, la duda ofendió. El concierto fue más de banda que de samples, e incluso dejó algún minuto para lucimiento de su grupo (mucha mejor forma de hacer una pausa que poner un absurdo vídeo). Comenzó con Ojos Negros, y de Dónde Están Los Ladrones tampoco faltó la imprescindible Inevitable, momento en el cual cogió la guitarra. Dedicó Sale el Sol a Gustavo Cerati, enfermo, siendo la primera vez que la interpretaba en un concierto. La banda la secundó perfectamente, y el cantante de Calle 13 salió con ella para repetir aquella tarde uno de sus temas, GorditaPerverso / como tener sexo / en una funeraria«, grande). Incluso Loba sonó mucho mejor que en el álbum. Gran espectáculo y gran concierto que se nos hizo corto. El día que retome la línea de guitarras eléctricas de su primer álbum volverá a ser una mujer perfecta…

Quien tuvo fuerzas dijo que David Guetta mereció la pena, pero nosotros preferimos irnos con el buen sabor de boca de la colombiana.

Domingo 6 de junio

Día de las familias, que tan buen nombre ha dado a esta edición del festival. Al final parece que el éxito de la convocatoria fue menor del esperado, aunque muy notable.  35000 personas aproximadamente se dieron cita para, principalmente, ver cuánto daban de sí dos grandes estrellas juveniles norteamericanas.

Amy MacdonaldComenzamos la tarde con Amy Macdonald. La joven -y blanquísima- escocesa interpretó su acústico repertorio, a caballo entre el pop y el folk, tan pronto como a las 6:30 de la tarde. Frente al escenario predominaba la histeria de la espera a los siguientes, pero se mostró agradecida y aplicada. Ya la habíamos visto en el Sonorama, pero esta vez pareció más relajada. El joven público de Madrid aquella tarde sin duda iba a ser menos exigente que el arandino. Sin lucirse especialmente sonó bien, todo lo bien que permite su estilo sosegado. Supongo que es difícil que despunte en ningún ambiente, pero no desmerece en ninguno.

El Sueño de MorfeoTras la escocesa, viaje de vuelta al Sunset, donde estaban programados los radioformuleros y televisivos (banda sonora de Física o Química) El Sueño De Morfeo. Comenzaron de forma instrumental, por el violín, y fueron conectando de forma que el público se lo pasó pipa con su concierto, animado y participativo (hicieron subir a un padre que, envalentonado, llegó a atreverse con parte de un tema, Para Tí Sería, de Nek). Un rato más en un día familiar, con mucho niño sobre los hombros de sus padres. Hacen lo que hacen, y lo hacen bien. Si no te gusta su pop nadie te obliga a escucharlo, pero está claro que empatizan con el gran público.

McFlyLos nacionales triunfaron en su liga, pero lo de McFly era competición aparte. En las primeras filas las caras y manos pintadas rivalizaban con la mismísima Miley Cyrus. En el foso, los que sólo les conocíamos de perpetrar algún tema con el Singstar, nos mirábamos como fuera de lugar. Al parecer han entrado recientemente en el rentable circuito de la radiofórmula del país y el número y pasión de las fans eran desmesurados. A escena salió el típico grupo de serie de instituto americano, en esa edad en que nos creemos demasiado rebeldes como para no ser punk, pero demasiados preocupados por la imagen como para no ser pijos. Eso al menos dos de los miembros, el tercero parecía en su mundo, del que bajó para regalarnos un sonoro eructo en el micro (al que tuvo a bien acercarse). ¿Resultado? Punk pijo de saltar y aporrear la guitarra de forma resultona, intercalando algún momento más tierno para cuando te llevas a la chica al borde del campamento. Ellas con las hormonas alteradas, ellos envidiándoles, y el grupo en el escenario a sus anchas, desenfadados y sin complejos. Lo que tiene ser adolescente y movilizar a miles de personas, y encima sonando mejor que mucho pretencioso.

Miley CyrusY llegó el momento esperado del día. Pudimos ver desde el foso momentos de desaforado movimiento fan, con gritos, lloros, cánticos… No sé si desde las Spice Girls alguien había generado tal revuelo. A lo largo del día el flujo de niños ataviados con camisetas de Miley Cyrus fue constante, pero lo que se vivió en primera fila era algo desproporcionado. Poco antes de empezar se vivió algún momento más tenso con desvanecimientos y padres que desertaban de las primeras filas, pero en el momento en que la americana apareció entre el humo el griterío se volvió ensordecedor. Hanna Montana ha muerto ya, y en su lugar lo que hay es una post-adolescente/mujercita que se esfuerza en quitarse el sambenito de estrella infantil a golpe de indumentaria políticamente incorrecta y movimientos sensuales. Como otras tantas que han pasado por eso el personaje les estorba, y su vía para desmarcarse de él es aparecer en ropa interior (body negro) e interpretar temas rockeros (I Love Rock ‘N’ Roll parece que te lo enseñan según sales del Canal Disney). Algún magno dibujante de tiras cómicas twitteaba que «Miley Cyrus suena más rockera que Bon Jovi«, y tampoco le faltó razón. Si tiene talento y le dejan igual acabe haciendo música por sí misma, y, si no, seguirá al amparo de los grandes productores haciendo música que suena tan impecable como vacía. Pero en el escenario echó más energía y ganas que posados, y aprovechó al máximo el presupuesto con el que se mueve. Es lo que es, pero tampoco se le puede reprochar nada. Si acaso, quizá unas pilas nuevas para el micrófono de Bisbal, que a este paso no logrará conseguir tajada para su discográfica en el mercado yanki. El público se acabó sus cocacolas encantado para recuperarse de los gritos y del baile, y a casa.

Que el rock del Rock In Río comienza el viernes que viene, y esperamos estar allí para contaroslo.

 

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