«El arte de la comedia» de Eduardo de Filipo

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el arte de la comediaEn un marco como es el teatro de la Abadía, que ocupa la antigua capilla  de un internado, todo se ve más teatral; desde la entrada hay dispuestos elementos de atrezzo y de vestuario de tono lúgubre. Todo augura el tema principal: el teatro.
Una compañía de cómicos se quedan desamparados tras sufrir un accidente en su carpa, es lo que nos introduce Enric Benavent en el papel de Oreste Campese, director de una compañía de cómicos. Aparece desde atrás, entre el público y reflexiona sobre su situación mientras tirita bajo la nieve que cae por los escasos dos metros cuadrados en los que se sitúa la acción, entre el público y proscenio. A pesar del fingido frío se respira un ambiente afable entre los espectadores que miran con ilusión al actor que tienen tan cerca. Otros dos actores aparecen del mismo modo y le ofrecen ayuda. La sonoridad de sus voces en el teatro tiene un tinte especial, una magia que prevee lo que vamos a presenciar.

El escenario que  lleva abierto ante nosotros todo el tiempo representa un antiguo despacho con una ventana en medio, un tanto siniestro, es el despacho del nuevo gobernador interpretado por Pedro Casablanc. La vista por fuera de la ventana está muy conseguida, es muy realista.

El espectáculo podríamos decir que tiene dos partes, una reflexiva y otra cómica. La primera parte explica la situación del nuevo gobernador, con su magníficamente bien interpretado secretario y los problemas por los que se han quedado solos en la casa; entra el señor Campese a pedir un favor al gobernador que se muestra complacido por la visita y animoso por crear polémica por la situación del teatro. Hay momentos de tensión pues los dos ocultan sus verdaderas razones. Las interpretaciones de gobernador y del director no tienen ningún tipo de problema pero personalmente son las que menos me gustan del reparto, sobre todo por ser de los personajes más importantes. El gobernador De Caro hace algún cambio súbito de humor que no acabé de entender.

Esta parte es pura reflexión teatral, la figura del actor en la sociedad, las leyes que rigen el teatro algunas referencias son alusivas a tiempo y lugar muy concretos. Personalmente temí que toda la obra fuera así y comparado con el resto de la obra se me hizo un fragmento un poco largo. Hubo algún comentario gracioso muy específico de teatro y sorprendentemente la gente respondió muy bien. El público tenía ganas de formar parte del show y se iba emocionando con el desarrollo de la acción que se hacía más y más cómica. Durante esta primera parte fue todo mucho más contenido, para disfrutar más en la segunda, auténtico centro de la fábula.

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A partir de la salida del señor Campese todo comienza a ir más deprisa, aumenta el tempo e intensidad de la obra tan delicadamente bien llevada que poco se puede decir, pues cuando nada «rechina» para mal, te rindes a disfrutar sin analizar demasiado. El secretario (Jose Luis Alcobendas), da paso al médico y con él a la locura. Cada uno de los personajes, el médico primero (Jesús Barranco), el párroco (Joaquin Hinojosa) después  y la maestra (Lola Manzano) en último lugar fueron sublimes: sus personajes estaban llenos de vida, con unas voces poderosas, los diálogos eran inteligentes, las historias eran excitantes y su expresión transmitía toda la comicidad y tensión que se producía. El público entró en el ambiente tan rápido como entraron estos tres maestros y compartió y experimentó las dudas del gobernador y la excitación de sus visitantes. Tanto fue asi que incluso aplaudieron la salida de escena del médico.

En un momento dado del discurso de la maestra, se apagan las luces en torno a ella y comienza un tramo dramático, muy cortito puede que fuera un minuto o medio pero con esos pocos segundos lograron una atmósfera y un sentimiento que consiguió emocionarme más que algunas obras enteras con sus muertes y sus desgracias.

Ese es el auténtico arte de la comedia, la maestría de llegar de verdad sea cual sea el género y sobre todo de hacer nuestra vida más emocionante. Y es lo que nos han enseñado estos maestros en esta obra tan divertida y romántica que hace sin duda una oda al oficio de actor.

Teatro de la Abadía (Madrid) -19 de marzo de 2010

Dirección: Carles Alfaro
Reparto: Enric Benavent, Pedro Casablanc, José Luis Alcobendas, Jesus Barranco, Joaquín Hinojosa, Lola Manzano…

 

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