14 junio 2026
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Estimular el Electroma de mano de los Molchat Doma : Crónica de su paso por Madrid. La Riviera. Mayo 2026.

Estimular el Electroma de mano de los Molchat Doma : Crónica de su paso por Madrid. La Riviera. Mayo 2026.

Si eres un amante de los sonidos oscuros, de eso que llamamos post-punk, de la contundencia y el frío soviético, de los sintetizadores que desprenden vida propia y se proyectan como frío neón, y te da igual no entender un ápice de la letras porque aún así sabes que algo te está entrando y consumiendo y creciendo dentro de tí, los Molchat Doma son tu nueva banda favorita. Los de Minsk llevan tiempo haciendo de su particular mundo un arte, el agotamiento contemporáneo trasladado a unas composiciones que crecen en su tundra ad hoc, un estilo que transita entre ese post-punk (a veces bedroom post-punk diríamos) que ya hemos catado en bandas como Motorama, y evoluciona hacia unos Depeche Mode enclaustrados en la fortaleza de Brest reinterpretando un Music For The Masses. La velada venía patrocinada por Primavera Tours y Eclipse Group, como siempre dos visionarios en esto de traer a bandas de este calibre.

Como datos: se formaron en  la mencionada Minsk en 2017, autoeditaron su debut ese mismo año y publicaron Etazhi en 2018 a través del sello alemán Detriti Records. Sacred Bones los fichó en 2020, el mismo año de Monument, y el mismo año en que «Sudno (Boris Ryzhyi)» se convirtió en uno de los fenómenos más extraños de la historia reciente del pop: una canción bielorrusa sobre un poeta ruso, musicalizada con caja de ritmos analógica, que arrasó en TikTok durante el confinamiento y llegó al número uno en las charts de Shazam de varios países europeos. En 2022 fueron la primera banda de habla rusa en tocar en Coachella.

Con una generosa entrada cercana al todo vendido los ahora residentes en Los Ángeles congregaron a una multitud sedienta de oscuridad, algún que otro gótico con todo su set encima, algún que otro despistado que parecía ir más de acompañamiento que a disfrutar de una bandaza como los Molchat, curiosos con criterio y fans absolutos de la banda, todo tenía cabida en la sala de la Palmera. El motivo de esta nueva visita a nuestro país era la presentación en sociedad de Belaya Polosa, su cuarto álbum, publicado a finales de 2024 en Sacred Bones y sobre el que versaron la mayor parte de su set durante la noche.


A las 21.00 comenzaba su ritual.  Egor Shkutko es uno de esos frontmen que no necesita moverse mucho para robarte la atención, pero su otrora larga melena moviéndose en círculos, sus traqueteos espasmódicos y sus descargas eléctricas que le atraviesan la columna acometiendo esa misa negra en directo, generan una tensión escénica magnética a la vez que incómoda. En paralelo Roman y Pavel, le flanquean, cual guardia real,  con metros de distancia entre ellos, dándonos esa sensación de estar en un ambiente donde lo industrial confluye con lo sombrío, rara avis dentro del género, invocando nuestros bailes primarios forzándonos a formar nuestro propio círculo de protección.

Sonido demoledor, bajos golpeando nuestros pechos, sintetizadores levantando esos muros helados llevándonos a un sonoro Vítebsk a escasos metros del centro de Madrid. Lejos de llevarnos a practicar el shoegaze, la mirada se centraba en un escenario hipnótico, en unos temas donde el baile y el aislamiento tenían perfecta combinación, mirando al cielo y dejando fluir el movimiento de unos brazos cual Shiva en la oscuridad.

‘Kolesom’, ‘III’, ‘Doma Molchat’, un inicio épico, bien te podría trasladar a un directo de Depresión Sonora que a uno de los inventos apadrinados por Italian Do It Betters, pero con ese poso Joy Division (como no obviar la referencia de rigor) que te hacía recordar por qué estabas allí. ‘Obrechen’,’Son’ ‘Chernye Tsvety’ o ‘Belaya Polosa’ nos dejaban ese poso comentado en el que los sonidos se tornan más depechemodiacos, tranquilidad antes de la Miatelitsa. 

Ese rollito emo, tristeza contenida y celebrada a la par, tiene su sentido en el recorrido del set, como dirían los mencionados Depresión Sonora, bailando hasta que llegue la muerte ¿que no?. ‘Ya Tak Ustal’, ‘Discoteque’ o ‘Na Dne’ vuelven a meternos un hachazo en el sistema nervioso, calibrando nuestro sistema electromotor que vuelve a alterar todos los índices en los bises cuando suenan ‘Toska’ o ‘Sudno’, bloques de hormigón cayendo por encima nuestro en forma de virutas de triste felicidad. Amor eterno a Molchat Doma.