Blockparty 2026: Siempre hay soluciones
Crónica del Blockparty Arganzuela — Sala MON (Madrid), sábado 6 de junio de 2026

Hay festivales que se cuentan por sus cabezas de cartel y hay festivales que se cuentan por su autenticidad y su espíritu de lucha. El Blockparty pertenece a la segunda categoría. Llegamos a la Sala MON sabiendo que aquello ya no iba a ser lo previsto —ni río, ni sol, ni agua por el cuello, ni mercadillo, ni «trae tu bocata, no te lo quita el segurata»— y salimos convencidos de que pocas veces un contratiempo se había convertido con tanta naturalidad en una noche memorable. La jornada se resume en una frase que, casualidad o no, acabó cantándose a coro al filo de la medianoche: «siempre hay soluciones».
El festival tenía permiso, papeles y trayectoria: la solicitud se cursó en 2025, cuando los únicos leones que habitaban Madrid eran Daoíz y Velarde, y algún atronador SEAT haciendo slalom por Cibeles. Y aun así, a una semana escasa de la cita, el Ayuntamiento revocó la autorización de la Explanada de Madrid Río escudándose en el dispositivo de seguridad por la llegada del Papa. Que León XIV pase por Madrid es asunto de la providencia; que nuestro viril consistorio resuelva una denegación a última hora, sin margen de maniobra, mientras otros eventos coincidentes con la visita seguían adelante tan tranquilos, ya es asunto terrenal. Llamémoslo por su nombre: mala gestión, y una falta de respeto considerable hacia un proyecto que lleva años haciendo las cosas bien. Uno entiende que el Espíritu Santo tenga prioridad de aparcamiento en la Castellana; lo que cuesta más entender es que la burocracia municipal use la sotana como excusa.

Por si la mudanza forzosa fuera poco, el viernes —literalmente la víspera— llegó el segundo mazazo: Die Spitz, las texanas que encabezaban el cartel y que eran el gran reclamo internacional, se quedaban en tierra por problemas con sus vuelos. En su lugar entraron Case Oats, una banda de mucho menor caché y tirón, conocida por su parentesco con Wilco. Sobre el papel, dos golpes que habrían tumbado a cualquier festival con menos cintura. Pero aquí está lo importante: no lo tumbaron.
Porque si algo demostró la organización fue una agilidad de matrícula de honor. Reubicar un festival entero en cuestión de días, recolocar la afterparty en el Wurlitzer Ballroom, mantener intactos horarios y entradas, cerrar un sustituto en menos de 24 horas y conseguir que el público no notara el caos de fondo es, sencillamente, oficio y amor. El equipo del Blockparty había decidido que la fiesta se celebraba sí o sí, y sus seguidores estábamos resueltos a no dejarnos robar la cita anual que con más cariño esperamos al inicio de cada verano.

Por su parte, Mujeres, que ante la baja de las cabezas de cartel acabaron coronando la noche, se convirtieron en el cierre perfecto, casi guionizado. Cuando arrancaron Si piensas en mí y la sala entera coreó eso de que siempre hay soluciones, la metáfora se montó sola: la canción decía exactamente lo que la organización llevaba una semana demostrando con hechos. Los catalanes lo sabían y nos regalaron este precioso guiño: ¡esto va por los que nunca bajan los brazos!
No todo fue vino y rosas. La Sala MON arrastra dos lastres conocidos: una acústica que en los picos de volumen ensucia las guitarras y se come las voces, y una iluminación pobre, plana, que deja a las bandas medio a oscuras —incluso Rosa Pagès, voz de Sandré, lo gritó vehemente en un momento del bolo: «¡Dadnos luz!»—. Dicho esto, el local conserva el sabor underground y canalla de la vieja Penélope, ese punto sudoroso, de tugurio con solera, que a nosotros nos encanta. Y no olvidemos lo bueno: la cerveza, a un precio honesto, que en esta ciudad casi merece titular propio; y para el staff, tanto de la sala como del festival, mención de honor. Con la que tenían encima, atendieron con una actitud impecable, resolutiva y amable, como si llevaran meses preparando precisamente esta noche y no apenas unos días.
El cartel cumplió con un nivel sobresaliente de principio a fin. Es raro encontrar sesiones en las que no se pueda hacer ni un solo sacrificio musical en pos de unas bravas o del clásico e inmortal bocata de calamares —ese que te inmuniza contra la resaca y, de paso, contra la longevidad—.

Inauguraron Case Oats a la hora prevista, cuando todavía había más gente en la acera de fumadores que en la sala. La dulce Casey Gomez nos presentaba su último y único disco, Last Missouri Exit, que ha cosechado brillantes críticas en el mercado usano. Música de raíces, pegadiza y amable, tocada con mucha clase. Por momentos, recordaban a Big Thief o The Beths. Claramente no pueden negar influencias como las de Neil Young o las del tito Jeff Tweedy. Cuando terminamos nuestra ración de copos de avena, la sala estaba comenzando a rebosar.
Llegó el turno de los catalanes Sandré, post-punk compacto y ácido, destilando mala leche y atrevimiento. Su actitud en el escenario recuerda inevitablemente a Amyl and the Sniffers, cambiando al melenas por una vieja con pañuelo rojo y bigote. Definen su nuevo disco Paciencia Infinita como más maduro y avanzado, más complejo, pero los temas que, sin duda, incendiaron al respetable, fueron los antiguos, principalmente NO, que sobrevino en el primer amago de pogo.
A continuación, llegaron los que para nosotros fueron la banda de la noche, al menos, la que más nos sorprendió y nos hizo bailar: los neoyorkinos Fast Kids, proyecto de Mike Brandon, cantante de The Mystery Lights. Claramente beben de los Flamin’ Groovies o los MC5, entre otros. No obstante, no fue a esos a los que no me pude sacar de la cabeza durante toda la función, sino a los Ramones. Este antiguo moderno, que a lo más que ha llegado fue a ver a un Marky con barriga y canas, se sorprendía a sí mismo transportado a algún garito cochambroso de Queens, bailando al ritmo de Blitzkrieg Bop. ¡Gracias por esta redención! Sin duda, el punk sigue vivo.

En seguida aterrizaron sobre las tablas los Uni Boys, conscientes de lo exigente del horario. Los poperos, liderados por Reza Matin y Noah Nash, casi suenan más a Liverpool que a su California natal. En cualquier caso, esta es una de esas bandas que se disfrutan muchísimo más en directo. No sólo por su vibrante show, sino porque esas melodías un tanto edulcoradas e impostadas de sus discos se tornan en energéticos y crudos temas que te obligan a contonearte, aunque no quieras. Quizás este es otro de esos casos como el del Let It Be —para algunos, el peor disco de The Beatles— y estos chicos tienen su propio Phil Spector.

Y por fin, llegamos a Mujeres. Yago, Pol y Arnau se convirtieron en una suerte de chamanes, que sublimaron con sus himnos el sentir general y nos ayudaron a inaugurar el verano y conjurar el destino. Destino que, curiosamente, les devolvió al puesto en el cartel que, quizás, siempre debió ser suyo —Dios no juega a los dados—. Atrás quedan los tiempos en que había que irse a eMule para conseguir sus temas, todavía sin prensar. La banda de Barcelona es hoy un referente obligatorio en el panorama pop-rock y garage español, y los amigos y simpatizantes del grupo ya son, más que legión, brigada, y lo disfrutan como niños. Al menos en la Sala MON se vieron bufandas, crowd surfing e incluso algún pogo. Pogos tranquilos, eso sí, de esos que hacemos los fans de Los Planetas.

Terminemos poniendo la velada en perspectiva. Mientras Barcelona y Oporto presumían de carteles carísimos y de mucho relumbrón —Primavera Sound, The Cure y compañía, planes de avión, hotel y pulsera de 350€—, en una sala de Madrid pasaba algo mucho más pequeño y mucho más nuestro. No teníamos las estrellas internacionales ni la story de moda, pero teníamos guitarras, minis, cultura musical y poco móvil grabando (y tapando) en vertical. Nosotros, francamente, fuimos felices con esta opción más castiza, más de barrio, más auténtica. Que cada cual reparta su dinero como quiera.
Si el Papa quería un milagro en la ciudad ese fin de semana, no hacía falta que mirara hacia la Almudena: lo tenía en Hilarión Eslava, donde el Blockparty, contra todo pronóstico, demostró que siempre, siempre, hay soluciones.

Crónica y fotos: @zneasleunamlive