foto fer gonzalez
La liturgia sombría de Ethel Cain se despliega ante un Botánico rendido a la banda. Crónica de su paso por Madrid. Junio 2026. Noches del Botánico.
Ethel Cain lleva tiempo haciendo de bisagra entre generaciones, en el pasado directo ofrecido dentro del incomparable marco de Noches del Botánico, volvimos a evidenciarlo. Juventud emo, generación X, generación Y, generación Z conviviendo un un espacio separado entre grada y foso, a veces simplemente galvanizado o donde una generación hacía compañía a la anterior empapándose de las nuevas tendencias, o quizás no tan nuevas, sólamente renovadas.
A modo de ritual, Ethel Caín profesa un directo en el que convertirse en un habitante de sus canciones y sus interpretaciones es un hecho. La arboleda del Botánico como fondo era un protagonista más de ese ambiente creado por las canciones de la banda, entre humo, lúces ambar y la voz de Hayden Silas Anhedönia trayendo su particular liturgia a un Madrid sediento de sus temas.
No es complicado encontrarse reflejado en muchas de sus letras a un público variopinto, a veces a mi me cuesta sentirme viviendo en unas de sus letras, yo que se, veo demasiado trauma religioso, un poquito de su gótico sureño, esos sentimientos de culpa, de deseo y una redención que nunca llega del todo, no sé me cuesta ver cómo tan jóvenes mucho se sienten atrapados y habiendo vivido todo ello en tan pocos años, joder que un cuarentón como el que escribe haya pasado por gran parte de ello lo veo medio lógico, pero qué se yo, te quiero igual Ethel Cain. El crecimiento del proyecto ha sido exponencial, ya dejó con el todo vendido hace unos meses al Teatro Eslava, su paso intermedio por el Primavera en Barcelona fue demoledor, igual que tras su paso por el Botánico en Porto, las lágrimas y la comunión en Madrid también fueron dignas de vivir. Desde la grada, algo más de distancia y de manera más comedida, pero con igual intensidad lo vimos vivir. Entre el slowcore, el emo, el doom-folk y la neo-americana, hora y media de gozo absoluto.
Hablemos del merchandising, yo lo de pagar 60 pavos por una sudadera o 40 por una camiseta digna de valer 4 euros en el Temu no lo veo, pero bueno , aquí los artistas han visto otro negocio digno de mencionar en artículo aparte. El fenómeno fandom es tal que la cola que poblaba dicho puesto pre y post concierto era digno de estudio. A comer arroz el resto del mes. Pero bueno que al final todos tenemos nuestras deidades a las que rendir pleitesía.
El emplazamiento simplemente era el necesario para un directo de esa índole, arboleada, luces cálidas y guadaña recibiendo las voces como micro, recibieron a la cantante entre los gritos de un público completamente enloquecido. El Botánico, con su vegetación centenaria como telón natural, añadió una capa de significado a ese ciclo vital profesado en sus temas.
Y bueno llegamos al setlist, esa mutilación personal y sumisión oscura que golpea honda en las letras de ‘Sunday Morning’ , menuda carta de presentación, hiere de primeras, tampoco es que sea la alegría de la huerta en un ‘American Teenager‘ que golpea cual martillo eléctrico en la cabeza del sueño americano, las falsas promesas y esa decadencia que nos arrastra al mejor Bruce Springsteen o a una Lana del Rey rejuvenecida. Desilusión y melancolía transmitidas a través de un pop noventero y ochentero brillante, el Botánico ya estaba dentrísimo. ‘Janie’ o ‘Netless’ entre el trastorno de la pérdida del amor y el miedo a perder el amor, atardece y todo se torna aún más melancólico. Y qué bandaza en directo, cómo resuena el recinto, qué silencio y respeto ante la banda (no podríamos decir lo mismo al día siguiente en la grada en Big Thief), un público rendido y respetando a su artista, joder como debería de ser siempre.
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Entre la distorsión, la atmósfera envolvente y el dream pop goth, su sonido compactaba y se expandía para remarcar por descontado una de las mejores voces del panorama internacional en este momento. La de Florida quizá tira de metáfora pero roza demasiado el realismo en sus pasajes, ‘Dust Bowl’ y esa violencia camuflada de sonidos dreamy que impregna a la juventud americana, El sexo como experiencia religiosa, ya lo mencionaba Enrique Iglesias, pero más sutil y poético lo reflejan Ethel Cain en ‘Perverts/vacilator‘, temas experimentales que gozan de algunos de los momentos más oscuros y álgidos a la par de su discografía.
Y es que quién no ha pensado que todo puede ser dorado antes de que se vaya a la mierda, quien no ha pensado en formar ese hogar en Nebraska junto a tu amor y de repente se va todo al garete, pues entre ‘A House in Nebraska y ‘Sun Bleached Flies’ llegamos a un final épico en el que también hubo hueco para la esperada ‘Crush’. Broche de oro a un anochecer en el que el ocaso de los sentidos acompaña a Ethel y los suyos. ‘Willoughby Tucker, I’ll Always Love You’, publicado el pasado año a través de su propio sello Daughters of Cain, llegó al Botánico con el peso de uno de los discos más celebrados del anterior curso, y dada la defensa en directo, diríamos que toda alabanza está más que justificada.
Fotos: Fer González – Noches del Botánico

