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THE SONICS/ This Is The Sonics:


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Sorprendente resurrección de estos mitos de los sesenta y padres del garage-rock. Casi cincuenta años después de su tercer trabajo acaban de publicar un nuevo disco que suena como si no hubiera pasado el tiempo para ellos. Y es que los sónicos mantienen el salvajismo, su energía descontrolada y actitud punk como antaño en este “This Is The Sonics” que se postula entre lo mejor del ejercicio en categoría veteranos.

Además la fabulosa producción consigue que suenen clásicos a la vez que modernos, con la introducción de nuevos instrumentos (piano, teclados, viento,…) que llenan los espacios dónde no arrollan las agitadas guitarras y la frenética batería, mientras que la voz desgarradora y los gritos se mantienen en forma indemnes al paso del tiempo.

A destacar los riffs de “Be A Woman” (a lo Clash) y de “I Got A Number” (a lo Kinks) ,  el single “Bad Betty” con la pugna Hammond -saxo, el estribillo surf de “The Hard Way”, los rock’ n rolls acelerados “Look A Little Sister” y“Sugaree”, la ecologista “Save The Planet”  – nos dan la razón: ” It’ s The only one with beer”-,  la versión Rythm’ n Blues  “I Don’ t Need No Doctor” (Ray Charles) o la backbeat “Leaving Here” ( de Eddie Holland) .

Un disco ideal para los amantes del garage rock y de la banda, para los seguidores del punk (los Sonics inspiraron el sub-género) o para quienes quieran descubrir a una de las formaciones esenciales para comprender el rock.

CALEXICO / Edge Of The Sun:


 

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Fabuloso el último coletazo de esta monumental banda nacida a finales de los noventa como escisión de otra joya de la corona como son los Giant Sand. Con su noveno disco de estudio dejan atrás el seminal “The Black Light” (1998) para acercarse más al camino trazado en “Algiers” (2012). Aunque este “Edge Of The Sun” es menos popie que su predecesor y más experimental. Profundizando en los desiertos de la fusión de sonidos latinos con los sonidos americanos, los Calexico parece que no tengan (pongan) fin en un terreno de los que se han erigido auténticos maestros disco a disco.

En “The Edge Of The Sun” los de Tuxon se han rodeado de un elenco de colaboradores que van desde  primeras espadas del indie  norteamericano (Neco Sake de los “New Pornographers“, Sam Beam de “Iron & Wine” y Ben Bridwell de “Band Of Horses“,  estos dos últimos por cierto acaban de sacar disco juntos ), a voces latinas (la cantautora guatemaltesa Gaby Moreno, la mejicana Carla Morrison, y nuestra Amparo Sánchez “amparanoia”)  hasta músicos griegos (a cargo de la banda griega “Takim“).

Para este 2015  nos traen pop delicioso de ampulosa instrumentación (“Falling From The Sky“), baladas arenosas de las que no aburren (“When The Angels Played” o “Woodshed Waltz”), bailoteos latinos entremedio de sintes minimalistas (“Cumbia de donde” con la voz de Amparanoia), lujurias sentimentales pensadas para violines (“Miles From The Sea”), piezas instrumentales cargadas de sonido mariachi (“Coyocán”), viajes sonoros por el desierto (“World Undone”) o guitarrazos aguerridos desde la frontera (“Beneath The City Of Dreams”). Para “Bullets & Rocks” recuperan a Sam Beam (con quien publicaron  “In The Reins” hace diez años) buscando su misticismo, en “Tapping On The Line” es Carla Morrison quien con sus segundas voces hace las delicias del oyente.

Además, para los mas fans y para aquellos a los que los doce nuevos cortes les sepan a poco, la edición limitada de un doble vinilo (o cedé) aporta seis bonus tracks que perfectamente podrían haber formado parte del LP. Es lo que tiene ir sobrado de ideas, talento, producción,…y grandeza. La grandeza de esta banda que esperemos que el tiempo sitúe entre las mejores de nuestra época. Su inmensa aportación aboga por ello, nadie antes había fusionado géneros tan opuestos como el rock de raíces, el pop y la música tradicional mejicana. Tex Mex del bueno.

Real Estate / Atlas


 

A mi me gana la belleza. Quizás por ello, “Atlas” el tercer disco de Real Estate, publicado a través del sello Domino, me ha cautivado rápidamente.

Grabado en The Loft, el estudio que Wilco posee en Chicago, con el productor Tom Schlick (Rufus Wainwraight, Low), el último álbum de la banda de New Jersey rezuma delicadeza en todas y cada una de sus diez canciones. Guitarras clásicas, inmortales, bañadas en una mezcolanza de beldad y melancolía, tan fructíferas en las manos de Matt Mondanile como consonantes con la voz de Martin Courtney, la combinación perfecta para obtener un resultado sublime.

 

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Como si de un viaje se tratara, el trio formado por Martin Courtney, Matt Mondanile y Alex Bleeker (respaldados esta vez por Jackson Pollis -batería- y Matt Kallman -teclados-)  son capaces de hacernos atravesar bosques vestidos de otoño, acantilados bañados por el ocaso, jardines colmados de flores a punto de brotar, usando tan solo delicados arreglos y la complicidad entre las seis cuerdas de Mondanile y la voz de Courtney. Para zambullirnos en esta travesía, las letras se tiñen de referencias a la naturaleza, horizontes y paisajes que disfrutamos a través de la ventanilla de un automóvil imaginario.

Ellos mismos parecen sumergidos en su propio éxodo desde la desaliñada juventud hacia una edad adulta con retoños de por medio. “I can not come back to this neighbourhood with out feeling my own age” canta Courtney en “Past Lives” y, tres canciones más allá, las letras se tornan funestas “I don’t wanna die lonely and uptight“.

El encanto de “Atlas” reside en todos esos pequeños detalles que se esconden en temas como “Had to Hear”, “Talking Backwards”, “April’s song”, “Crime” o “Primitive”, pequeñas perlas de un trabajo tan bello que es imposible no sucumbir ante él.

 

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Temples / Sun Structures


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Menudo es el último Hype británico. Un cuarteto con look retro – solista a lo Marc Bolan inclusive – , buenas canciones “neo psicodélicas” y pegada clásica donde las haya. En febrero nos llegó su esperadísima opera prima, ‘Sun Structures‘, después de pasarse todo el ejercicio anterior publicando a cuenta gotas singles de adelanto y haciéndose un nombre en el circuito indie con sus entregados directos.

El flamante barco lisérgico llega tripulado por un talentoso dúo formado por el vocalista/guitarrista James Bagshaw y el vocalista/bajista Thomas Warmsle, magníficos hacedores de canciones. Canciones que despliegan un abanico de sensaciones multicolor ideales para dejarse uno perder a la deriva. Y es que estos muchachos han construido un álbum precioso lleno de ambientes sembrados de melodías delirantes, ritmos arrebatadores y desarrollos indigestos para quienes busquen lo fácil.

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Como la osada Rickembacker que aparece en el arranque, evocando al rasgueo de Roger McGuinn más feroz (y por ende al de George Harrisson). O el redoble de batería del “Tomorrow Never Knows”de “Test Of Time” que aúna la épica con la psicodelia.  En “The Golden Throne” muestran una faceta más sensual y romántica (¿Kasabian?),  en  “Keep In The Dark” traen un folk-pop sinfónico con estribillo apoteósico culminado en una maravillosa arpa, mientras que en “Mesmerise” se codean con sus coetáneos Tame Impala. “Shelter Song” es una maravillosa oda ácida que bien hubiera podido componer Lennon bajo los efectos del LSD, pero que aparece en los tocadiscos casi cincuenta años después.

El fantasma del mito de Liverpool también sobrevuela en “A Question Isn’ t Answered” cuyas similitudes vocales afloran muy evidentes. En la frondosa “Sun Structures” mejoran lo que décadas antes intentaron con ahínco los Kula Shaker. En “The Guesser” nos embriagan en aromas de los Zombies del “Odessey & Oracle”, y en “Move With Season” destapan su cara mas tenue.

Como hit, la evidente “Colours To Life”, himno generacional para copar las pistas de baile de los locales mas chic; como epílogo “Fragment’ s Light” una íntima balada folk que entronca con el sonido Canterbury.

Un apoteósico compendio de sinfonías policromáticas que esconden unas influencias fáciles de reconocer – los Beatles y los Zombies del 66-67, los primeros Pink Floyd, los Byrds más lisérgicos… – estos chavales acaban de publicar sin duda alguna uno de los mejores discos del año. Diría mas, con ‘Sun Structures’ los advenedizos nos devuelven  mucho de lo que el paso del tiempo se llevó. Bienvenidos.

‘Homenaje’, de Santos: la experiencia de un nuevo nombre


Últimamente está muy de moda eso de hablar de los “supergrupos”. Y, en realidad, no son más que consecuencias naturales de años compartiendo estudios, grabaciones, conciertos y música en general. De este modo, últimamente, se ha dado ese calificativo a bandas que están dando tanto de que hablar como Extraperlo, Egon Soda, Nothing Places, León Benavente o, el que ahora nos ocupa, Santos.

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Veteranos del rock, ni más ni menos. El estudio barcelonés Blind Records, conocido por albergar grabaciones de grupos como Mucho, Supersubmarina, Sidonie, Cat People o, justo ahora, Iván Ferreiro, ha sido el epicentro de esta sinergia que se consumó hace ya un par de años, pero cuyo primer trabajo discográfico vio la luz a principios de este año 2013. Fue entonces cuando Santos Berrocal (batería, percusiones), Roger Marin (bajo), Jordi Calatayud (voz), Alex Vivero (guitarra) , Andreu Cunill (guitarra) y Florenci Ferrer (teclados) se subieron al escenario de la sala Music Hall para presentar Homenaje, un disco que suena a tantas cosas como grupos de los que tienen influencia directa: bandas que Santos y Florenci han producido desde Blind, grupos punteros del indie (sobre todo) barcelonés en las que todos ellos han ido militando en uno u otro momento, o músicos pertenecientes a otros grupos que han colaborado en el disco.

De todo ese revoltijo, como no podía ser de otra forma, surge un disco elegante y cuidado, con todas las canciones firmadas por Santos Berrocal y colaboraciones estrella como las de la guitarra de Ricky Falkner y las voces y percusiones los tres integrantes de Sidonie en ‘Tal vez’, uno de los temas más contagiosos del álbum. No es el único: sobresalen también la desgarrada ‘Mi funeral’, o la creciente ‘Gospel de chatarra’, por citar algunos de los 11 temas de un disco que, por lo que parece, es perfecto para escuchar tranquilamente en casa y para sudar vigorosamente en un concierto: tablas hay, pero novedad también, y ahí está lo grande del asunto. Yéndonos a lo amoroso, que casi siempre se puede equiparar con lo musical, las mejores manos son las del amante experimentado, que sabe cómo y dónde quiere llegar, pero las del nuevo amante tienen el aliciente de ser eso, nuevas, de querer aprender de cada roce y del extra de excitación que supone el factor sorpresa. Y ahí está la gran baza de Santos: es un nuevo amante, pero sus manos han tocado ya muchos y muy distintos cuerpos. Se las saben todas.

http://www.youtube.com/watch?v=m4SRZ4Sex4w

Cuando se sabe con lo que se trabaja, con quién se trabaja y con qué objetivo se trabaja, las cosas son muy distintas, es complicado que el resultado sea malo. Más, si cabe, si la calidad de la materia prima ya está debidamente demostrada, y luego todos los ingredientes se han cocinado a fuego lento y con un chef al mando que no sólo emplata, sino que también ha cultivado, regado, cosechado, seleccionado, troceado y cocinado el guiso en cuestión. Y este, para qué nos vamos a engañar, ha quedado para darse un auténtico homenaje con él.

Por Madrid pasaron hace muy poco, dejando un gran sabor de boca en la Sala Moby Dick, así que seguro que su vuelta por la capital es más que inminente. Por lo pronto, y de cara a los festivales de verano, a principios de julio se les podrá ver en el Faraday Festival de Vilanova i la Gertrú, y ya han sido confirmados para la 16ª edición del Sonorama.

'Homenaje', de Santos

 

Puedes escuchar el disco en Spotify

Waterspot, el debut de Tuya


En las siempre recurrentes listas de “Lo mejor de 2012”, un nombre se ha colado de manera más que habitual. Es un nombre nuevo, pero lo que significa no es nada que no sea ya un viejo conocido. Tuya es el proyecto personal de David T. Ginzo, multinstrumentista y vocalista más que reconocido por su colaboración en grupos como Catpeople, El Hijo, Anni B. Sweet y Sidonie, a quienes sigue acompañando en la gira de El Fluido García, su último trabajo, y por haber sido parte integrante de Templeton y Lüger.

Pero Ginzo no camina solo. Brian Hunt, Héctor Ngomo y Juan Diego Gosálvez le acompañan en la aventura de Tuya, el nombre bajo el que, tras Own, un primer EP lanzado en septiembre de 2011, David ha tocado ya en multitud de escenarios y festivales tan importantes como el FIB, el Día de la Música o el Primavera Club.
Las ganas de oír más, pues, eran obvias y evidentes, y por suerte, el LP no se hizo esperar: Waterspot es el título de este trabajo, gestado en directo en los estudios de la Red Bull Music Academy, con el que el gijonés ha demostrado por qué antes de sacar un primer disco de larga duración ya había escrito su nombre en algunos de los carteles más destacados del país.

La delicadeza progresiva de ‘All my best’ da paso a un disco difícilmente etiquetable más allá de un “música bien hecha y con gusto” (¡no es mala etiqueta esa!) que se gana a pulso. Positividad y alegría en ‘Hands of wasted man’, nostalgia en ‘Clouded’, acordes muy Wilco (si es que eso es un adjetivo) en ‘Barely comes the sun’, ritmo más que contagioso en la mántrica ‘Step on a chair’, y, cómo no, crema pura en la ejecución del hit del disco: un ‘Cake’ más que notable. Todas estas, y alguna más, son algunas de las claves para entender un disco que, a medio camino entre la electrónica, el ruido y el folk, se muestra como una carta de presentación magnífica para alguien que tiene a sus espaldas muchísimo menos camino del que le queda por recorrer.

Puedes escuchar Waterspot en Spotify.

Pegasvs / Pegasvs


De un tiempo a esta parte, lleva estilándose en el indie –sí, esa palabreja ya corroída con los años que empieza a dar un poco de repelús– nacional el formato dúo chico-chica. Por lo general, el hombre luce una barba espesa, camisa de cuadros y gafas de pasta; ella se muestra impávida, sin lugar casi para el pestañeo, y –sí, vamos a decirlo– desafina horrores. Detrás de capas de guitarras, unos, y de sintetizadores, otros, estos grupos se acogen a un antimodernista costumbrismo pop, de lírica vulgar en apariencia pero profunda en fondo, y con claro hedor ochentero adaptado a los nuevos tiempos, ubicándose los más en un circuito underground que, por su lejanía de la radiofórmula, se lleva los vítores de aquellos alérgicos, muchos, al mainstream.

Pegasvs tenían todas las papeletas en su contra para la desconfianza desde el momento en que lanzaron, hace once meses, ‘La Melodía Del Afilador’ y ‘Atlántico’, su particular carta de presentación. No en vano, el dúo formado por Sergio Pérez García y Luciana della Villa parecía dominar a la perfección todos y cada uno de esos mandamientos, estereotipándose como unos más. Porque, ya saben, la broma repetida hasta la saciedad, pierde su gracia, su originalidad y su carácter novedoso. La trayectoria previa de la pareja catalana tampoco llamaba al ánimo, con Sergio como músculo de Thelemáticos y acompañando a Joe Crepúsculo y con Luciana formando parte de esa bizarrada femenina que fue Sibyl Vane. Sin embargo, y con todos los dardos apuntándoles para aniquilarles en menos de lo que dura un hashtag, aquí y allá se empezaban a escuchar ecos de ese enigmático proyecto del que poco se sabía y mucho se intuía. Fue entonces cuando llegó ‘El Final De La Noche’, improvisado movimiento en forma de himno electrónico retrofuturista –ojo–, causante de tanto hype, revuelo y expectación en torno a la pareja catalana, a la que también pudimos ver trastear todas las máquinas por primera vez con el videoclip en riguroso directo del corte en cuestión. El jaque mate a los reticentes para dar comienzo a la partida de verdad.

Finalmente, el resultado de todo ha resultado ser un trabajo homónimo de nueve canciones con una portada que parece confirmar que los mejores discos son aquellos de carátula discreta –espantosa, por qué no decirlo– y que guardan lo mejor para el interior. En los treinta y dos minutos de acción de su ópera prima, Pegasvs no varían el esquema con el que jugaron sus primeras cartas y las comparaciones que revolotean sobre ellos apuntan directamente y sin descaro a OMD o Kraftwerk, quizá por ese afán de incluir la electrónica más bailable con la crudeza propia del kraut. Pero el cóctel, exclusivamente protagonizado por juguetones y espaciales sintetizadores analógicos sobre duras bases de batería, lejos de ser sorprendente, resulta ser adictivo en la voz –y ese acento argentino– de Luciana. Y probablemente sea esa facilidad envidiable para ser dulce tanto en la oscuridad (‘No Volverá’, ‘Hasta El Horizonte’, ‘Inmortal’) como en los luminosos himnos (‘El Final De La Noche’, ‘La Melodía Del Afilador’, ‘Brillar’) la causante de la atención que está recibiendo un disco que, entendido como concepto, tiene pinta de convertirse en un clásico que aguante, al menos, la batalla por la fugacidad en la que está inmersa la industria musical y todo proyecto que se precie.

Thee Brandy Hips / Raincoat


<<-¿Y a cuál de los dioses del cielo puedes indicar como dueño de estas cosas y productor de la luz por medio de la cual vemos nosotros y son vistos los objetos con la mayor perfección posible?
-Al mismo -dijo- que tú y los demás, pues es evidente que preguntas por El Sol.>>
Platón.

Thee Brandy Hips sólo ensayan cuando están todos contentos y hace sol, o eso quieren hacernos creer en su biografía. La declaración de intenciones, lejos de ser factible en una ciudad como San Sebastián, no deja de parecer una metáfora cargada de tintes platónicos. Y así –igual que Platón consideraba al Sol como fuente de luz para el alma, como destino definitivo para encontrar la Verdad–, los donostiarras se pusieron manos a la obra para llegar su clímax Pop, su Sol particular, bien protegidos con un chubasquero por si a la tormenta le diese por arreciar durante el camino.

En el trayecto se han dejado los prejuicios anglosajones y el regusto a post-punk que destilaban sus primeras maquetas, con una melodía que supedita a todo lo demás y con un sonido más yanqui que británico. Porque ‘Raincoat’ es un disco de los que no necesitan demasiado poso ni excesivo vaivén. Pero tampoco conviene alejarlo de la estantería. Sus once canciones no revolucionarán el mundo estructural de la canción, pero disparan con precisión a la cabeza y se alojan dentro, no vaya a ser que con las prisas nos olvidemos de sus pegajosas melodías. Sería un error.

El ejemplo más visible queda patente en ‘Dissolve Your Love In Water’, primer trago que nos dejaron saborear de la ronda, canción de bañador y fiesta en la piscina donde el adonis del instituto besa a la cheerleader guapa del equipo de baloncesto mientras cinco nerds aguafiestas tocan en el jardín una canción que dice que el amor no existe. Porque no, puede que el trabajo de Thee Brandy Hips no esté fabricado para bailarlo en las discotecas modernas de Madrid pero evoca tantas vibraciones festivas que, al final, el alma termina por bailar de júbilo.

El leitmotiv que desarrollan desprende frenesí, estribillo y coros (‘Kosmicar’, ‘Nerves’, ‘In My Room’, ‘Wayne’), pero el disco tampoco peca de ser plano. En ‘Shoegazing’, los donostiarras muestran una faceta nueva y desconocida para ellos, reposada, melancólica y ambiental, que desestresa y enriquece al álbum. El leve relajo del ecuador encara la recta final donde ganan los medios tiempos y un sonido más limpio (‘Overexposed’, ‘Indian Summer’) y donde sueltan, como quien no quiere la cosa, esa joya que responde al nombre de ‘Boxing Day’, con esos “parapapas” que cualquier disco pop que se precie ha de tener.
Y es que ‘Raincoat’ es un disco que se deja querer, y mucho. Que responde a un patrón sencillo pero que encuentra precisamente ahí su gran virtud. Un disco que sería cantado en 1990, pero también en 2020. La confirmación de que con pocos medios se puede hacer algo precioso y preciosista. No lo dejen pasar.

Escúchalo y CÓMPRALO en su bandcamp.

The Raveonettes / Raven In The Grave

Teníamos ganas de escuchar lo nuevo de los Raveonettes tras el buen sabor de boca que nos dejó su último álbum en otoño de 2009. Por fin el día 4 de abril llegó al mercado Raven In The Grave. Y los Daneses han logrado encandilarnos de nuevo con un cambio de estilo y un disco que ya está entre los destacados de este 2011.

Desde que hace ya meses se colara por la red el diseño de lo que sería la portada del disco, se adivinaba que el dúo iba a apostar por un nuevo sonido tras el más “fácilmente digerible” In and Out of Control (sin quitarle ningún mérito). Cuervos, estética gótica, blanco y negro… más de uno nos acordamos de Poe.Para ello se marcharon a Estados Unidos y nos acaban de traer a su shoegaze criatura, que merece la pena escuchar al detalle y te recomendamos tanto si ya conoces al grupo como si no.

Raven in The Grave es un disco que te gana con sus cuatro primeros temas: “Recharge and Revolt”, el primer single (con video incluido) que deja claras las intenciones, melodía melancólica, guitarras y distorsiones al máximo en la línea del álbum Lust, llegando a recordar a Jesus and Mary Chain o My Bloody Valentine. Después “War in Heaven”, fría y más íntima es una joya con sus paradas y unas campanillas que recuerdan a una oscura navidad. La tercera es “Forget that You’re Young”, una sorpresa si no fuera porque también nos la habían ofrecido previamente como adelanto del disco: con una base casi electro que hace pensar en los XX. Y cierra este inicio la misteriosa “Apparitions”, que sí sigue un estilo más similar a lo que conocíamos de los Raveonettes, pero oscurecido y enriquecido en atmósfera.

“Summer Moon”, el quinto corte, parece una bonita canción de cuna con la que quitarle un poco de hierro al asunto aunque mantiene acordes algo depresivos y gran juego de voces; para dirigirnos hacia “Let Me On Out” e “Ignite”, dos cortes más en el estilo guitarrero de Pretty in Black, sobre todo Ignite con un ritmo rápido que no encontramos en el resto del álbum. Y llegamos a otro punto álgido: octava canción, “Evil Seeds”. Tras empezar con un sonido a lo peli de terror, esta canción se desboca en percusión y sonido ochentero para acabar con una deliciosa parte semi-acústica. “My Time’s Up” nos lleva al final de la pesadilla/sueño dejando en el aire la pregunta de si el viaje ha sido real.

El principal problema del disco es su escasa longitud (y eso es buena noticia): sólo nueve temas dejan con unas tremendas ganas de más, pero siguen la tendencia general por nuestra impaciencia y falta de atención como público en un mundo en el que, si una web tarda más de 5 segundos en cargar, la cerramos. El problema sin embargo se agrava cuando de esos nueve, tres ya habían sido lanzados como avance (y precisamente no tres de las pistas más flojas). Esto nos deja con la sensación de: “vale pero esto ya me lo sabía… ¡quería un poquito más!” De todas formas, esa parece la forma normal en todos los lanzamientos aunque no nos guste, asique simplemente daremos la enhorabuena a los Raveonettes por hacer un gran disco y por saber reinventarse y no aburrir nunca a los que los seguimos fielmente.

Havalina / Las Hojas Secas

Dos minutos tardamos en escuchar la voz de Manuel Cabezalí. Desde que pulsamos el play Havalina se toman su tiempo para presentar el sonido del álbum. Arranca Desierto con una pausada introducción, lenta, cargada de distorsiones, con el bombo de la batería haciendo temblar nuestras costillas. Tras minuto y medio de lentitud, una pausa para tomar aire y la guitarra da un paso al frente para propinarte un puñetazo sonoro. Y, por fin, “Voy a guardarte siempre aquí…”. Melancolía y recuerdos son los protagonistas de este disco. Dolor, pero sin remordimientos.

Este breve análisis de la primera pista sirve a su vez de crítica general de Las Hojas Secas. Once canciones tejidas con mimo, sin prisas, con desarrollos largos e instrumentos que se expresan sin necesidad de voces. Cada cuerda en su sitio idóneo. Letras escuetas y directas, dejando las complejidades para la las guitarras. El tema recurrente, el recuerdo de un amor/pasión ausente/perdido.

Seguimos el recorrido en Tu Ciudad, que muestra cómo no han buscado intrincadas metáforas en los textos. “Y seré feliz sin pensar nunca en nadie más” confiesa sin pudor, en lo que podría ser el estribillo de cualquier canción de amor.

Objetos Personales cita el título del álbum y otros muchos sustantivos adjetivados, sin esquivar clichés (ríos secos, briznas de hierba, últimos bailes, botellas vacías…) en lo que es la canción más pop del disco, más cercana a Junio que a Imperfección. En la primera escucha del álbum la sensación es que esta es la tónica general, pero es un error. Nos encontramos ante un trabajo en el que tienen cabida composiciones con diferentes intenciones. Ni es continuista con el anterior, ni es una mezcla de ambos. Quien quiso ponerle pegas a la maravilla que es Imperfección y encontró un argumento en su homogeneidad estará desarmado en este.

También se ha perdido por el camino la gran carga sexual del anterior. Casi parece la resaca de una relación tormentosa. “Ya no puedo esperarte más / te alejaré de mí” comienzan diciendo en Síndrome de Culto. “Yo no debí perderme en ti / no debí desearte así / no sé si esto es amor“. Minuto y medio de denso arrepentimiento que concluye en un crescendo de dolor alejándose de ella, para desarrollar después, con un ritmo más rápido y decidido, la determinación de una nueva etapa.

Y llegamos a Las Hojas Secas, de nuevo mirando atrás esa relación abandonada. Pero sin tristezas. “Y ahora sueñas con volver / pero temes saber / que las hojas secas / sólo pueden caer“. Apenas siete líneas en el libreto (con un curioso efecto de letras desparramándose en esas dos últimas palabras), ya que buena parte de su metraje se invierte en una furiosa batalla instrumental. Salvaje. Ójala hubiese forma de traerles en directo por Valladolid…

Ley de la Gravedad es el contraste marca de la casa, la calma tras la locura previa.

Seguimos en La Pared, que curiosamente presenta la misma imagen que la canción de Shakira: “después de ti, la pared” decía ella, “si no estás sólo queda la pared” dice Manuel. Mientras esperamos que la colombiana retorne algún año a sus orígenes podemos disfrutar del desgarrador cambio de ritmo en este tema, que pasa de lo poético a lo brutal.

Enlazada a la anterior, Punto de Reconciliación presenta una insatisfacción vital en la que muchos nos veremos identificados, y pone a las claras la imagen de la mudanza y el edredón que pasa a no ser compartido.

Mamut es una de las que más interesa escuchar con cascos (o con un buen equipo si no te preocupan tus vecinos). El cuidado del detalle en la producción es exquisito, y escuchar las púas raspando las cuerdas en este tema es revelador de lo que pretende transmitir. “Quiero olvidarme de ti / quiero olvidarme de tu amor“.

Mordiente rompe con los comienzos lentos de gran parte del disco, y abre directamente acelerado, y con Cabezalí gritando. A destacar el alargado final de distorsiones, como quien no quiere dejar un minuto de silencio antes del último bis…

…en el que llega Por la Noche. Las comparaciones con Desinspiración son inevitables. Más de diez minutos para la última pista del álbum. No pretende tener momentos de violencia como otras, siendo su punto álgido una hermosa melodía y un susurro, muy a lo The Cure.

Y es que Havalina comentan en su blog sus influencias. Nada que esconder: BRMC, The Cure, Smashing Pumpkins, Sonic Youth… Confiesan, con la misma sinceridad que encontrarás en Las Hojas Secas, “de dónde sale todo esto”, “mi forma de tocar el bajo”… Havalina son esponjas que se han impregnado hasta la médula de cada matiz de lo que escuchan, para, por manido que suene, dar forma a un estilo propio.

Un muy buen disco que se hace más profundo en cada escucha, con detalle tras detalle asimilado de los más grandes. Puedes escucharlo en Spotify. Creo que es el gran ausente de las listas de “lo mejor del 2010”, y sólo espero que sea descubierto cuando Havalina recorran salas y festivales. Les hemos visto en Medina, Segovia, Madrid, Astorga… y nunca defraudan. Hicimos lo imposible por traerles para nuestra programación de 2011 pero los recientes problemas en la ciudad nos deshicieron nuestras ilusiones. Y así quedo, en el salón, con Las Hojas Secas recordándome el doloroso olvido.