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Blanca Portillo vuelve al Teatro Calderón para ser Segismundo, de “La vida es sueño”


Camaleónica es poco decir. Versátil no solo sobre las tablas sino en lo que toca a su relación con los escenarios también desde fuera. Blanca Portillo ha probado las mieles y hieles de la gestión teatral (recordemos su paso fugaz como directora del Festival de Mérida) y la responsabilidad de la dirección escénica (La avería), pero por encima de todo el público acostumbra a verla ‘vestida’ de los personajes más desiguales, tanto en los teatros como en la gran pantalla. Seguir leyendo Blanca Portillo vuelve al Teatro Calderón para ser Segismundo, de “La vida es sueño”

Penumbra de Animalario en el espacio LAVA


Tras catorce años de éxitos, la compañía Animalario lleva a la capital Vallisoletana, al recién estrenado laboratorio de las artes (LAVA) su último espectáculo: ‘Penumbra‘.

Escrita por Juan Mayorga y Juan Cavestany, el director Andrés Lima ha contado con caras muy conocidas: Luis Bermejo, Nathalie Poza, Alberto San Juan y Guillermo Toledo para ahondar en el dolor, en los monstruos interiores. Según su propio director, es su obra más “íntima, personal y emocional”. El mismo verano de todos los años, la casa de la playa, cuatro personajes y un intruso…

Lugar: LAVA- Laboratorio de las Artes de Valladolid
Fecha: Viernes 2 de diciembre y sábado 3 de diciembre a las 20:30 horas
Precio:15€

Dirección: Andrés Lima
Autor: Juan Mayorga y Juan Cavestany
Actores: Luis Bermejo, Nathalie Poza, Alberto San Juan, Guillermo Toledo
Iluminación: Valentin Álvarez y Pedro Yagüe
Vestuario: Beatriz San Juan
Duración: 1h. 30 min. aprox.
Escenografía: Beatriz San Juan
Espacio sonoro: Nick Powell
Diseño y construcción muñeco Niño: Román y Cia

Un trailer un tanto siniestro

FEDRA, de Juan Mayorga – Demasiada pose clásica

fedrapostCon especial reticencia fui a ver esta versión de Juan Mayorga del clásico de Fedra y eso que el plantel que se nos presentaba en el Teatro Calderón era de peso. Por una parte nos encontramos con un dramaturgo sobradamente reconocido y valorado como es Juan Mayorga, responsable de la versión. Ya tenemos el primer aliciente. Como responsable en labores de dirección, al frente del espectáculo se encuentra José Carlos Plaza, consolidado director teatral. Segundo aliciente. Y protagonizando el clásico tenemos a una mujer, Ana Belén, que nada tiene que demostrar, con una personalidad desbordante, gran presencia escénica y que no sólo sabe cantar como los ángeles, sino, que encima, es una gran actriz, como lo ha demostrado en numerosas ocasiones. Tercer y último aliciente.

Todos estos eran los puntos a favor para animarme a ver el espectáculo con pose optimista. Pero había otros puntos oscuros que hacían que el vaso lo viera medio vacío. Como el hecho de asistir a un clásico de estas características. He de reconocer que este tipo de obras no me satisfacen demasiado.

Aún así me acomodé en la centrada butaca del patio de las mismas y al oscurecerse el teatro me predispuse en buena compostura.

Fedra vive torturada por el deseo y los remordimientos, se encuentra atrapada en una pasión cegadora a la que se resiste con vehemencia, pero que al fin la atraviesa. Su hijastro Hipólito es el causante de la enfermedad de la atormentada mujer. Con esta premisa comienza lo que después se trasformará en tragedia.

Una buena edición de sonido nos trasladó a ese mundo mitológico, atemporal e indefinido. De inmediato se presentaron las armas con las que intentaban vencer mis miedos. El punto fuerte del espectáculo iba a ser el actor. Nada de estridencias escenográficas, sino puro minimalismo para reforzar las intenciones del director, que no eran otras que dar toda la responsabilidad al actor, para lucimiento del mismo. Arriesgado…

En el decorado, un muro rojo cortante que actuará como pantalla en diferentes momentos y que mediante una acertada luz, mimetizará a los personajes y reflejará sombras para definir los espacios. Economía de medios, pero funcional y acertado.

De inmediato empiezan a relatarse los hechos y en un primer diálogo ya se dejan claras las formas. Cabe decir que el texto de Mayorga ofrece una escritura teatral limpia y sutil, dejando los adornos clásicos a un lado y ofreciendo una postura más actual, llena de matices y óptima belleza rítmica. Pero lo que allí se trasmite es otra cosa; el tufillo clásico asoma sin pudor, subrayado en demasía por las declamaciones exageradas de los actores, las poses dramáticas y ademanes ostentosos, aderezados con parlamentos dirigidos al Sol (o Luna según los casos…).

De todo lo expuesto anteriormente, dejamos a parte a la magnífica Alicia Hermida, recreando a Enone, la dueña o criada de Fedra, que actuará de alcahueta, haciendo un homenaje a la Celestina. Ella utiliza un lenguaje más reposado, más naturalista, sin grandes poses dramáticas, ni exagerados parlamentos (Alicia ha entendido las intenciones de la versión, lo que no sabemos es, si las ha entendido el responsable de la puesta en escena…).

Toda la responsabilidad interpretativa recae, evidentemente, en la protagonista de la historia, que no es otra que la bella Ana Belén. Llena de magnetismo y con un atractivo sublime, el principal foco de atención es ella y ella es una de las responsables de esas posturas sumamente clásicas y exageradas, en las que las declamaciones no le van a la zaga. Dice perfectamente el texto, con una claridad finísima y perfecta dicción, pero redunda en esa particularidad. De todas formas la culpa no es de la actriz, sino del director que la deja volar sola y no trabaja estos arrebatos a la clásica.

Aún así, su recreación es sentida y pasional; nos lo creemos a pesar de las poses y salva esa responsabilidad a la que es sometida por parte de su director, dejándola en el espacio casi vacío, donde la desnudez de los actores se hace demasiado patente.

De todas formas, no tardes demasiado en volver a subir a las tablas, cinco años han sido muchos y necesitamos actrices de carácter como tú.

El problema de todo lo anteriormente expuesto, es que cuando un actor tiene algún tipo de carencia y su naturalidad no desborda, el estar vendido en un espacio limpio, no juega precisamente a su favor. Eso es lo que le sucede a Fran Perea. Pone mucho empeño (y ha mejorado con los años…) pero redunda en todo lo comentado (y presencia no le falta…) Quizá con un trabajo interpretativo mucho más potente, ayudado por un buen director de actores (no dudamos de que el señor Plaza no lo sea, que quede claro) y dejando a un lado las poses, el actor hubiera dibujado mejor su personaje. Aunque como dicen en los colegios, progresa adecuadamente.

El resto del reparto peca de lo mismo. Cumplen, pero no convencen.

Y un último apunte. ¿Por qué los micrófonos en un teatro donde se supone que la acústica es buena? Si ya de por sí, la naturalidad brilla por su ausencia, con el sonido metálico y nada directo del micrófono, este hecho se subraya sobremanera. Estaría justificado en un espacio abierto, pero proyectando desde las fauces del teatro…

¡Eso pa’ la tele y el cine…! como dirían los castizos.

Eso sí, Eurípides, Séneca y Racine dejarían entrar a Juan Mayorga en su bodega e invitándole a un buen trago ofrecido por Baco, debatirían animosamente sobre su versión, agasajándole con merecidos bravos por su trabajo.

“FEDRA” (Versión de Juan Mayorga)
Dirección: José Carlos Plaza
Actores: Ana Belén, Alicia Hermida, Fran Perea, Chema Muñoz, Javier Ruiz de Alegría, Víctor Elías
Diseño de escenografía: Francisco Leal/ José Carlos Plaza
Diseño de iluminación: Francisco Leal/ Oscar Sainz
Lugar: Teatro Calderón de Valladolid
15 de noviembre de 2009

LA TORTUGA DE DARWIN de Juan Mayorga

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“LA TORTUGA DE DARWIN” de Juan Mayorga

20 de noviembre de 2008: Auditorio de la Feria de Muestras de Valladolid.

Dirección: Ernesto Caballero
Intérpretes: Carmen Machi, Vicente Díez, Susana Hernández, Juan Carlos Talavera.

No me ha sorprendido en absoluto. Me refiero a la interpretación de la fabulosa Carmen Machi en esta fábula actual sobre la historia contemporánea. Sabía a pie juntillas que el peso de su personaje televisivo, no la influiría para realizar un brillante ejercicio dramático y nos deleitaría con una genial transformación, convirtiéndose en esa tortuga centenaria que Charles Darwin se trajo de las islas Galápagos en su Beagle, para su estudio de la teoría evolucionista. Una tortuga (Carmen Machi) que en estos 175 años (la verdadera murió al cumplir 176) ha sido testigo privilegiado de la historia vista desde abajo, no desde el lugar de quienes la hacen, sino desde el punto de vista de quienes la sufren (Mayorga dixit).Harriet, que así es como se llama nuestro adorable quelonio, en estos casi 200 años, ha sobrevivido a 11 papas, a 35 presidentes de los Estados Unidos, a dos guerras mundiales, a la Revolución de Octubre y a la Perestroika. En su adaptación, ha evolucionado hasta casi convertirse en una sensible ancianita, que nos irá dando su particular visión de todos los hechos acontecidos durante todo ese tiempo. Al final, como toda fábula que se precie, la moraleja nos hace ver que el hombre pese a todos los medios y conocimientos que posee, es el único animal (no que tropieza en la misma piedra, que sí…) que no ha evolucionado.

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