Archivo de la etiqueta: teatro campos eliseos

Crónica del concierto de Gregory Porter en el Ciclo 365 Jazz Bilbao


_MG_3204“No se puede tener más clase”. Estas son las primeras palabras que salen de mi boca tras el concierto de Gregory Porter en el teatro Campos Elíseos de Bilbao el pasado miércoles. El gigante californiano nos visitaba dentro de su actual gira europea, y era el ciclo 365 jazz Bilbao el culpable de poder disfrutar de semejante genio. Gregory es principalmente un cantante de jazz, pero su música bebe del mejor soul, góspel y rhythm & blues, deudor de Nat King Cole, Marvin Gaye y Ray Charles. Con una banda formada por Chip Crowford (piano), Emanuel Harrold (batería), Aaron James (bajo) y el genial Yohsuke Sato (saxo), Gregory se dispuso a desgranar uno a uno temas de su último disco “Liquid Spirit”, que le ha valido el Grammy al mejor artista vocal de jazz del 2013, así como de sus dos anteriores obras, Water (2010) y Bee Good (2012).

Tengo que reconocer que no supe de la existencia del barítono del jazz hasta que en mayo del año pasado, Van Morrison le invitase a cantar con él una hermosísima versión del “Tupelo Honey” del huraño norirlandés. Ahí caí rendido. Descubrí a un artista inmenso. Una voz que se te clava en lo más profundo del corazón y que ya no te abandonará jamás. Meses más tarde, en octubre, tuve la oportunidad de verle en el mítico Royal Albert Hall londinense, enmarcado dentro del festival de blues de la ciudad del Támesis, pero que no fue posible por la cantidad de grupos y actividades a realizar. Hoy no me lo perdono._MG_3276

Pero vayamos al concierto. En un Campos Elíseos que presentaba sus mejores galas, lleno hasta la bandera, y con un público entregado desde el primer minuto, tras una breve introducción a cargo de piano y saxo, aparece Gregory enfundado en un perfecto traje cual “lord” inglés y comienza “Painted On Canvas“, de su segundo trabajo. Perfecto. No va a ser una noche normal. Presentación de la banda, y sin más demora ejecuta una perfecta interpretación de “On My Way To Harlem”, dándote cuenta que ha nacido para esto. “No Love Dying” lo reafirma. No quiero estar en ningún otro sitio en este momento. Voz al servicio de las palabras. Primera gran ovación de la noche. En “Lonesome Lover” homenajea a “The Genius”, es decir, al músico de Georgia Ray Charles, intercalando una sugerente “Hit The Road Jack”. Bee Good (Lion´s Song), me recuerda a Van Morrison. Con ese susurro final con un público enmudecido. Be good…be good…be good.…alejándose del micro y dejando que las palabras vuelen solas. Maravilloso. Llega el momento de interactuar con el público en “Liquid Spirit” en una versión que no le hace mucha justicia a la canción que da nombre a su último trabajo. Corta. Me deja frío. Pero la audiencia se lo pasa en grande. Entonces ocurre. Solos piano y voz. “Wolfcry” teje una telaraña musical que hace que no me pueda mover del asiento. Me quedo atrapado. Cierro los ojos y te veo, te siento. La mejor interpretación vocal de la noche. Uffff!. Tras una rápida “The In Crowd” con un gran solo de saxo (aunque a veces algo estridente…), suenan los primeros acordes de (I Love You) For Sentimental Reason” que inmortalizara el gran Sam Cooke, y nos trasladamos a ese “Harlem Square Club” en 1963. Lenta. Acariciando el silencio. Me levanto y aplaudo como un loco. La señora sentada a mi lado me mira extrañada. Da igual. No lo va a entender. “Mother´s Song” y “Hey Laura” son dos bellezas soul sinceras. Sin trampa ni cartón. Salidas del corazón, y “1960 What?“, ese clásico instantáneo de su primer álbum, esa orgía musical que hace que no puedas parar de moverte, pone punto y final, a la espera de los bises, de un concierto magnífico.

_MG_3295Primer bis, primera sorpresa. Quién dijo que un bolero no suena bien. Con la voz de Gregory todo puede pasar. Hasta que me guste. Y Quizás, quizás, quizás del compositor cubano Osvaldo Farrés tiene la culpa. “Water Under Bridges” actúa como segundo bis y final del show. Otra vez piano y voz a solas. Secundados por ese extraño compañero de viaje que es el silencio. Ojos posados unos en otros. Caricias con los dedos. Susurros. Almendros en flor.

God bless you, Gregory. 

 

Texto Jorge Escobedo

Fotos Larrypas

 

 

 

 

 

 

Crónica del concierto de Medeski, Martin & Wood en el Ciclo 365 Jazz Bilbao


18El ciclo 365 Jazz Bilbao sigue su andadura con paso firme tras el verano y, así, tras la actuación de Cleveland Watkiss a la que no pudimos asistir, el pasado día 5 de noviembre dirigimos nuestros pasos al estupendo, por sonoridad y comodidad, Teatro Campos Eliseos donde iban a desgranar su repertorio Medeski Martin & Wood. Veteranos del circuito europeo y americano, el trío surfea las corrientes más innovadoras del jazz con ejercicios de improvisación, atavismos varios y grandes dosis de originalidad.

Con el teatro rozando el lleno y un público transversal en el que se dio cita mucha juventud, el trío desgranó durante 80 minutos jazz del siglo XXI, de sonoridad plena, vericuetos musicales intrincados y mucho más fluído que en sus rodajas digitales, ahítas de experimentación. No en vano son sensación en multitud de eventos más rock, como el que les llevó hace pocas fechas a telonear a Wilko, aun y cuando no se les reconoce esta categoría “por no llevar guitarra” tal y como reconoce el propio grupo. Pero será porque no cabe entre tanto teclado; y es que John Medeski se rodea de piano de cola Steinway & Sons, órgano Hammond, sintetizador Moog y una suerte de teclado accionado por el soplido del protagonista (lo siento, no tengo ni idea de cual es su denominación), amén de teclados varios.

Con estos mimbres y con cinco minutos de retraso se presentaron los oficiantes para ejecutar una “Walk black” que comenzó mística y que, durante 16 minutos, se permitió paseos por el hiphop más progresivo, con el teclado de Medeski sutil y con promontorios tribales a cargo de Martin a las percusiones más variopintas. La improvisación tuvo su cabida, los músicos se interconectaban  y, sin excederse en el onanismo musical, deambularon por lugares mucho más comunes que los que se pueden detectar en su discografía. A ratos picaron en el estándar jazz con atisbos de bop vanguardista (en el bis), se mecieron en el ritmo de las calles, con nosotros cabeceando sin darnos cuenta, en “Shacklyn Knights”, e imprimieron groove a su propuesta con teclados orgánicos.01

Su show adopta distintos perfiles, se imbrica en lo clásico con el piano cool de “Think” para, a mitad de canción, tornarse en torrente caustico, con Medeski aporreando las teclas, sacando sonidos que arañan, procedentes de las tripas del recio instrumento, al que maltrató tirando, pellizcando las cuerdas interiores. Las canciones no parecen tener principio, ni final, enlazándose con solos correosos de batería y contrabajo, finiquitando el concierto con “Amish Pintxos” (¿tendrá algo que ver con lo que se cocina por estos lares?), un torbellino sonoro de raíz rock que mutó en ruidismo aceptable con Medeski sacando sonidos imposibles de su teclado.

Sigue su marcha imparable el 365 Jazz Bilbao y, si mantiene su propuesta de calidad, ¡que siga muchos años!

17