A place to deafen strangers . Crónica del directo de Numb.er y A Place to Bury Strangers en Moby Dick Club.

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La promotora madrileña La Estanquera daba la bienvenida al nuevo curso antes de tiempo con un bolo de los que dejan los óidos con secuelas para unos cuantos días. Numb.er y A Place To Bury Strangers lograron reunir en una Moby Dick desbordada a los melómanos más ávidos de ruidismo, shoegaze y de sonidos a caballo entre lo industrial y el goth-rock.

Numb.er se encargaron de caldear el ambiente, los angelinos dieron una master class de sonidos psych, kraut y shoegaze, con ciertas reminiscencias al post-punk de manual y con sintetizadores vibrantes. Más de uno quedó prendado de la propuesta de la banda, que presentaba en la Moby Dick su último trabajo “Goodbye”. Sonidos que nos traen a la cabeza las composiciones más destacadas de bandas como Magazine, con un renovado toque eléctrico y con ese halo de oscuridad que tanto gusta por estos lares.

El tornado llegó al estómago de la ballena de la mano de A Place To Bury Strangers, bruma gótica acompañando al personal, camuflando ese muro sónico que desmantela oídos acomodados y desmonta los cimientos del noise para moldearlos a su propio antojo. La banda se encontraba presentando el maravilloso “Pinned“, en el que cuentan por primera vez a la batería con la indomable Lia Braswell. Si bien el álbum no aporta nada nuevo a la trayectoria del grupo, en lo que a riesgo se refiere, sigue labrando momentos gloriosos (“Never Coming Back”, “Frustrated Operator”…)  que fueron plasmado en su abrasivo directo ganando enteros.Durante algo más de una hora fuimos sometidos a un ritual oscuro, una levitación hacia terrenos cósmicos, lúgubres y desprovistos de color, un gris que desglosaba múltiples tonos a una banda que sacude y agita, transitando entre la bendita distorsión y el sacro gusto por lo siniestro.

 

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A gozar de la experiencia contribuyó ese halo de neblina que muchas veces impedía ver absolutamente nada de lo que acontecía en el escenario, deidades del art-noise que hacían acto de aparición como consecuencia de la fé de los espectadores, siendo estos últimos noqueados a traición por temas como ‘Deadbeat’, “So Far Away’ o ‘There´s only one of us’. Un apocalipsis sonoro que nos invitó a cabalgar a su lado, siendo fieles compañeros de un ritual que se hizo corto y se quedó pequeño, pero que dejó grabado a fuego en nuestros tímpanos una vez más un ensordecedor placer ruidoso.

Galería de Imágenes : Christine Riutort.

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