Bodas de Sangre: Amor, odio y mentiras

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Vivimos en un mundo de un ritmo frenético, siempre bombardeaos de luces de neón que intentan vendernos algo con una banda sonora del último grupo de Rock Indie de moda. Es la era de la comunicación audiovisual, de los grandes blockbusters de Hollywood y parece que en ocasiones olvidamos que para crear una buena historia lo único que hace falta es una pluma y un folio en blanco. De la misma forma a veces parece que si no tenemos una pantalla plagada de efectos en los que sale alguien lanzando rayos no nos paramos a pensar en lo que estamos viendo… y entonces de pronto nos damos cuenta que con dos sillas y cinco personas podemos crear un mundo.

¿Por qué cuento esto? Simplemente por una obra de teatro llamada Bodas de Sangre, representación se ha llevo a cabo esta semana en Valladolid a cargo del grupo Gente de Teatro de la UVa (Universidad de Valladolid) bajo la dirección del ya experimentado Carlos Burguillo, y el buen hacer de todo su reparto.

La historia con la que nos encontramos nos sitúa en un pequeño pueblo de Granada donde todos se conocen, tal y como entendemos nada más empezar la obra, en el que va a celebrarse una boda entre dos jóvenes, procedentes ambos de dos de las familias más adineradas de dicha tierra de agricultores.  Algo que debería ser un día feliz para todos los implicados puede ser el motivo para un derramamiento de sangre cuando el amor no existe y en su lugar sólo encontramos mentiras y medias verdades cargadas de dobles intenciones. Durante las algo más de dos horas que duró la producción, vamos viendo una evolución en los personajes, que poco a poco van abandonando sus relajadas y monótonas vidas para cambiar hacia una horda violenta donde la sangre pesa más que el oro y debe tener su justo pago.

El inteligente montaje realizado por Carlos Burguillo hace que el lento texto de Lorca no  se nos haga en ningún momento pesado y que realmente nos metamos totalmente en situación, a pesar de contar con una muy limitada escenografía que roza el minimalismo más puro. Poco más que dos sillas y un fondo siempre iluminado de un solo color, le sirven, en todo momento, para potenciar los sentimientos que los personajes. Con sólo ese material el director logra que realmente viéramos en nuestra cabeza toda la escena con perfecta claridad. Igualmente puedo deciros que en mis recuerdos tengo totalmente nítidos la indumentaria de cada actor a pesar que todos vestían poco más que una camisa y un pantalón o falda negra, potenciando además la terrible situación que se presenta ya desde el inicio cuando Belén Calvo, la madre, recuerda con su hijo y también pareja de la novia, José Manuel Estrada,  la trágica muerte de su marido y su hijo mayor por una simple navaja.

En mi opinión acabo de mencionar la mejor actuación de toda la noche. Belén Calvo hizo una magnífica interpretación de una madre viuda, muy orgullosa y valiente que sólo quiere lo mejor para su hijo. Una actuación llena de pasión y cargada de dolor que logró conmover al público en todo momento y por la que recibió la más clamorosa ovación de la noche. No se quedan a la zaga otros miembros del reparto como Manuel Requejo en el papel del padre de la novia, también viudo, logrando una unión directa entre estos dos personajes que sólamente quieren lo mejor para sus hijos, lo cuál hará que finalmente terminen enfrentados. Igualmente de potente es la actuación de Leonardo que nos brinda Ángel J. Martín en el papel de un hombre atormentado por el amor, casado con una mujer que le ama y una vida que muchos desearían y a la que está dispuesto a renunciar en nombre de una felicidad mayor, aunque será por ello que la desgracia se cernirá sobre el pequeño pueblo y sus habitantes.

La cuidada iluminación de la que hace gala Burguillo logra en todo momento acentuar los hechos que suceden tras el telón de color rojo, potenciando los sentimientos que exhiben los personajes, custodiados por las benévolas, las parcas o las tres tejedoras del destino que siempre están presentes como vigilantes impasibles de los sucesos, creando, en parte, una situación ciertamente onírica que toma más fuerza en la escena protagonizada por La luna, Elisa Nievares, y La mendiga, Leila El Briki, que incluso podría tomarse como la muerte en busca de almas.

Para acabar, que no quiere decir que sea menos importante, especial mención al cante de «El Alberto» que, a lo largo de toda la obra, nos acompaña con un delicioso a la par que desgarrador fondo musical con sólo su voz y una guitarra como acompañamiento, siendo el broche perfecto y la guinda de la tarta para lo que fue una más que cuidada representación que traslada el maravilloso texto de Lorca, inspirado por una noticia teñida de rojo sangre en 1929, desde las páginas con tinta negra, hasta lo alto del escenario de la Sala Borja de Valladolid.

¡Viva y bravo!

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Una Respuesta

  1. bodas de sangre

    18 mayo 2009 14:11

    Gracias, ha sido una experiencia inolvidable para todos nosotros y cuando lees u oyes todas estas cosas te das cuenta que el trabajo bien hecho, los quebraderos de cabeza, el cansancio de días atrás y todas esas cosas que solo nosotros sabemos, por las cuales pensábamos que este gran proyecto no podría salir a la luz…todo eso no vienen en vano, nos hizo resurgir aún más. Gracias a todos!

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