Crónica del Concierto de Wu Lyf en la sala Moby Dick. Madrid. Septiembre 2011.

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El pasado 22 de Septiembre pudimos disfrutar del directo que los británicos WU LYF dieron en la Sala Moby Dick (Madrid) de la mano de Mercury Wheels. Un directo esperado por los devoradores de los buscadores de nuevas bandas prometedoras, hype o realidad, allá estaba el cuarteto para demostrar que lo que la prensa y crítica fuera de nuestro país publica sobre ellos es innegable.

‘Go Tell Fire To The Mountain’ es el primer trabajo de WU LYF (World United Lucifer Youth Foundation) , el cuarteto de Manchester conformado por Tom McClung, Evans Kati , Joseph Manning y el vocalista Ellery Roberts. Eso de grabar el disco en la iglesia de St Peter’s Church, en desuso en la zona de Ancoats , les permitió adoptar ese sonido peculiar, crudo, salvaje , balbuceante, y épico.  Y en eso se convirtió la Moby para acoger el corto pero intenso directo que la banda nos ofreció, una parroquia de peregrinos con ansias de escuchar esa misa de aullidos  y reverbs atronadores.

Desde el inicio pudimos tantear los derroteros por donde transcurriría su recital, los primeros acordes de ‘LYF’ hicieron brotar el nerviosismo y comenzaron a hacer saltar las primeras chispas de la llama incendiaria que provocan con su sonido, sinergia instrumental balanceada por la rasgada voz de Ellery, y  ritmos potenciados por el calor de los afluyentes en la sala. ‘Cave Song ‘nos inmiscuía en esa maraña de aullidos y bajos lisérgicos, golpeándonos con la misma intensidad con la que el vocalista batía su puño contra su pecho, sentimiento y entrega tras esa tenebrosidad patente.  ‘Such A Sad Puppy Dog‘  convirtió la sala en un pequeño templo donde ejercer un ritual de misticismo y épica subyacente , con percusiones militares que invitaban a enrolarse en su batalla. Con ‘Summas Bliss‘  el arranque a bailotear fue inminente, dejándose la garganta por el camino , fiero y mostrándonos el fuego de la montaña por el camino, con arranques que nos recordaban a grupos como Foals, y con un frontman descamisado y desatado.

Hay que reconocer que los jovenzuelos tienen tras de sí mucho que ofrecer y que más de uno se arrepentirá de no verlos en sala pequeña, porque no cabe duda que son carne festivalera, tiempo al tiempo. La energía que desprenden en temazos como ‘Spitting Blood’ , ‘Heavy Pop’ o  ‘Dirt’ , con versos escurridizos a la hora de descifrarlos,  son un auténtico escupitajo de adrenalina, donde manifiestan su parte hipnótica y donde los coros endemoniados a merced de la percusión nos envuelven de nuevo en sus ritos cavernales . Poco más de cuarenta minutos,materializados en un álbum flagrante consumado en directo  y con la traca final de ‘We Bross‘ retumbando al compás de una posesión masiva en los bioritmos de la sala .

 

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