Crónica del concierto: Sun Kil Moon en Madrid. Joy Eslava. Marzo 2014.

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Pocas veces podemos celebrar en Madrid la seriedad y el respeto del público hacia el artista sobre el escenario. Veníamos avisados: Mark Kozelek es de armas tomar y no va a permitir que nadie le estropee su momento, ni siquiera para que le echen una foto. Hay quien dice que el cliente siempre lleva la razón, pero para el líder de Red House Painters y Sun Kil Moon quien tuviera la sartén por el mango en un concierto siempre debería ser el artista. Por eso en su show del pasado octubre no dudó en arremeter contra una persona del público que excusaba su comportamiento en el hecho de que él había pagado por la entrada, así como el pasado jueves en Madrid tampoco se cortó criticando al chico en primera fila que había estado más atento al móvil que a él. Todos esperábamos ver al rudo Kozelek, sí, pero esta vez agradecimos que estuviera más centrado en la música que en los speechs entre canción y canción.

El concierto comenzó con una Joy Eslava a oscuras, tanto que el cantante tuvo que pedir que le pusieran un poco más de luz. Los primeros acordes de Black Kite, de su disco Among The Leaves, fueron la presentación de lo que claramente es Kozelek: un maestro a la guitarra. Ahí sentado a un lado del escenario, con el pie apoyado como si le fueran a limpiar los zapatos y acompañado sólo del batería (que no era otro que Eric Pollard de Retribution Gospel Choir) comenzaba un show íntimo y personal, exactamente como es Benji, su último y aclamado disco.

El resto de la banda, teclado y guitarra, no se hizo esperar y apareció con el segundo tema, Carissa, comenzando así el repaso que iban a dar a Benji durante todo el set, casi en el mismo orden que en estudio. No es que a Mark Kozelek le hagan falta apoyos, pero poder verle con banda fue una auténtica gozada. Estamos seguros de que las canciones sonarían bastante bien sólo con la guitarra y voz de Kozelek, pero sobre el escenario cuatro nunca son multitud. Los apoyos vocales del batería en canciones como la ya mencionada Carissa o Truck Driver enriquecían la canción tanto como los graves marcados por el teclado y una segunda guitarra a la que Mark Kozelek tuvo que indicar varias veces cómo hacerlo. Y es que en lo suyo el líder de Sun Kil Moon no iba a permitir ni un milímetro de imperfección.

Pero no sólo de guitarra vive el Kozelek, que a voz también le ganan solo unos pocos.Los arreglos vocales en  I Can’t Live without my mothers love la transformaban en algo más espacial y la vestían de otra capa de personalidad. Con o sin pedales, la voz de Mark Kozelek suena tan cruda como sus letras. Richard Ramírez Died Today of Natural Causes nos hizo creer que estábamos en un concierto de hip hop, todo un momentazo en medio de tanto desgarre folk. Fue entonces cuando se creció, levantándose de su asiento para cantar By The Time That I Awoke y Ceiling Gazing, ambas de su disco con Jimmy LaValle Perils from the Sea, andando en círculos en el centro del escenario bajo un foco directo a él.

La formación volvió a su estado inicial, con Kozelek sentado otra vez en su sitio, para tocar una celebrada Gustavo. Y a partir de aquí la traca final con algunos temas de su disco con Desertshore como Hey You Bastards I’m Still Here o Katowice or Cologne para terminar como empezó, con un tema del Among The Leaves, Elaine.

Nos gustó el Kozelek de buen humor que no hizo de su interacción con el público el centro de todas las críticas. No fue hasta la pausa entre Dogs y I Love My Dad cuando paró para arremeter con el chico del móvil que comentábamos al principio. Por lo demás solo se dedicó a decir que odiaba Francia, que le encantaba la tortilla de patatas, España y la Moby Dick, así como para introducir alguna canción. Imaginamos que al fin y al cabo entendió que esta vez el directo no era solo cosa suya sino de la banda que lo acompañaba y a ellos también les merece un respeto, y bien ganado.

 

 

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