Crónica del concierto/ The Pixies en Sant Jordi Club (Barcelona) el 20 de noviembre de 2016:

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Crónica del concierto/ The Pixies en Sant Jordi Club (Barcelona) el 20 de noviembre de 2016:

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Con la reunión de 2004 comenzó una segunda etapa en la carrera de los Pixies. Si la primera fue su época dorada a nivel artístico con la publicación de cuatro discos que han marcado época en el rock alternativo, la segunda etapa ha venido definida por la deserción de la incomparable Kim Deal y por la publicación de dos nuevos álbumes – «Indy Cindy» (2014) y el excelente «Head Carrier» que llegó a las tiendas y plataformas digitales este ejercicio-. Pero si algo caracteriza la vida reciente de los «duendecillos» es la masificación de un merecido reconocimiento que ha tenido su expresión en unos muy aclamados conciertos en los cuales ellos han respondido con un pletórico estado de forma y generosidad musical.

Y eso es ni mas ni menos lo que vimos el pasado 20 N en la sala adjunta al Palau Sant Jordi/ Sant Jordi Club en medio de un ansioso público que ya empieza a ser veterano. A pesar de que la imagen del cuarteto sin la gran Kim se presenta difícil de encajar, desde el inicio al son de la versión de los «Suftones» del «Surfer Rosa» (1988)  gozamos de un bolazo en el que los de Boston lo dieron todo sin perder un ápice su posado de tipos normales.

Es el contraste habitual con el que siempre han jugado los de Black Francis (¿O es Frank Black?), capaz de ir vestido con traje y camisa negra, pero a la vez ofrecer un espectáculo de salvajismo eléctrico, o de cantar entre susurros para luego desgañitarse en gritos desesperados. O ese dominio de los tonos sonoros bajos y altos, combinación de dulces melodías con distorsiones tormentosas, que tan bien supo explotar el alumno aventajado Kurt Cobain.

Si a ello le añadimos a un Joey Santiago en estado de gracia demostrando el porqué es uno de los mas polivalentes guitarristas americanos de las últimas décadas, la cosa es para sacarse el sombrero. Menudos solos incendiarios cuando no fueron precisos punteos o  distorsiones demoledoras.

Sin olvidarnos la pegada estruendosa del incansable  Dave Lovering que marcó desde inicio la base rítmica portentosa del cuarteto que tiene a Paz Lenchantin su mejor complemento, contundente y vivaz en el trazo. Una Paz que supo estar a la altura vocal de los cortes de su carismática predecesora.

A destacar también que el repertorio tuvo su epicentro en «Doolittle«(1989) con hasta nueve de sus temas, desfilando la juguetona «La La Love You» con Lovering sacando a pasear su vozarrón, una lánguida «Wave Of Mutilation», la popie «Here Comes Your Man», la salvaje «Crackity Jones», la marchosa «Mr. Grieves», los hits «Hey» y «Gouge Away», y las desgarradoras «Debaser» y «Tame» con las que Black pone sus cuerdas vocales al límite.  Pero tampoco se olvidaron de otros clásicos como la spanglish «Isla de la Encanta», «Caribou», «U-Mas», «Planet Of Sound» o «Where Is My Mind?», así como se atrevieron con la melosa «Winterlong» de Neil Young.

Quizás echamos en falta joyas como «Monkey Gone To Heaven», «Gigantic» o «Velouria», así como mas presencia de lo actual, pues temas como «Head Carrier», «Classic Masher» o «Belt Espirit» deberían de ser sus nuevos hits. Es posible que allí radique el error de cálculo de la banda, pues en lugar de reafirmarse con su nuevo material, que virtudes las tiene y muchas, este únicamente es utilizado para lanzarlos a la carretera. Así para poder escuchar el primer tema de «Head Carrier» tuvimos que esperar hasta una hora del directo con las testimoniales, «Tenement Song»,  «Talent» y el homenaje a su antigua bajista «All I Think About Now». Del anterior elepé solo sonó la genial «Greens & Blues».

No nos vamos a poner quisquillosos a estas alturas, cierto es que tienen argumentos de sobra para reivindicar sus nuevas creaciones y su nueva formación, pero también lo es que el legado anterior da para mucho y que al final lo que todos queremos es gozar de un buen espectáculo de rock, algo que ninguno de los que estuvo presentes pudo poner en duda.

Para los bises, y después de amables reverencias y muestras de cariño al respetable, la  banda tocó «Into The White» entre un descontrolado humo que les hizo desaparecer como por arte de magia antes de que se abrieran las luces y sonara «Helter Skelter» de los Beatles.  Era la marcha de una legendaria máquina llamada Pixies, capaz de hacer temblar los cimientos allí dónde actúa. Gigantes.

 

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