18 abril 2024

 

En una entrevista reciente el guitarrista de The Sonics  Larry Paypa contaba que en su gira europea del año pasado conoció al líder de los Hives Nik Almqvist quien le afirmó que cada vez que su banda tocaba una canción suya su público se volvía loco. Su sorpresa fue que las canciones que creía que habían quedado en el olvido hubieran llegado tan lejos. La verdad es que el reconocimiento de The Sonics, aunque tardío, siempre ha estado allí entre las bandas proto-punk, punk y garage, y al igual que le pasó en su día a la Velvet Underground, siendo esenciales para entender la evolución del rock su fama nunca ha estado a la altura.

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Así es como el pasado día 14 de octubre teníamos una cita con la mismísima historia en Barcelona. Habíamos escuchado su último trabajo This Is The Sonics (tras casi 50 años de letargo musical) y nos sabíamos al dedillo sus grandes temas, desconociendo del todo su estado de forma actual. Y las expectativas fueron superadas con creces, ya que el quinteto se conserva a las mil maravillas ofreciendo un sonido potente y actual a pesar de la edad de sus componentes. Con la batería del miembro no original Dutsy Watson a ritmo frenético (y de un chaval de 15 años), el resto le van a la zaga sin que aparentemente parezca que hagan esfuerzo alguno. La guitarra de Larry ya no tiene la simplicidad del garage sesentero y  luce con sus solos pluscuamperfectos, mientras que los teclados de Gerry Roslie nos transportan en el tiempo, el bajo del regordete Freddie Dennis es aporreado con la métrica de un reloj suizo y el saxo y la armónica de Rob Lind (un cruce entre Ancellotti y Vargas Llosa) adornan todo el frenético arsenal. Fue precisamente Rob quien hizo de maestro de ceremonias presentando las canciones y desplegando simpatía. Mientras que las voces principales se las repartían entre Gerry (mas entendible y delicado) y Freddie (mas salvaje y desgarrado). Las camisas negras con motivos Tex-Mex ponían la guinda a un pastel que empezó a hornearse en la América de Kennedy en un humilde garaje repleto de teenagers.

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Con ese espíritu las canciones fueron sonando en la abarrotada sala Bikini. En los comienzos “He’ s Waitin'” y “Cinderella” del Sonic Boom (1966), esta última con el productor de lo nuevo Jim Diamond al bajo.  Precisamente este es muy culpable del sonido contemporáneo de los recientes temas – no en vano proviene del mundo White Strypes y Black Keys– , bien recibidos, aclamados y conocidos: son los “Shot Down”, “Be A Woman”, “Bad Betty” o “Look a Little Sister”

Tampoco faltaron las versiones de “Money”, que sonó como si la interpretaran los mismísimos Beatles de la época de Hammburgo,  el estándar rockero “Louie Louie” que tan inspiró a su discípulo Iggy Pop, “Have Love Will Travell” también de Richard Berry o “Keep On Knockin’ ” de su ídolo Little Richard, salvaje y de teclados enajenados como la original. ¿Y quien se pudo resistir al ritmo contagioso de “Dirty Robber”? fabulosa pieza del debut de los Sónicos, que tomaron prestada de sus contemporáneos The Wailers.

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Para la recta final, varios tiros seguros. Para cerrar el set una esperadísima “Psycho”, que nos recordaba el lujo del concierto, pues muchas veces la habíamos bailado en discotecas y bares. Los bises, una gran “I Don’ t Need No Doctor” de Ray Charles incluida en el flamante tercer LP y sus particulares hits “Strychnine” y “The Witch”, salvajes como nunca imperecederas como siempre.

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Fue el privilegio y la gozada de presenciar a estas auténticas leyendas del rock que aún mantienen intacto su fuelle y su carisma. Pioneros discretos y banda de culto para minorías. Surgidos como un grupo de amigos que buscaban pasar el rato acabaron por escribir una página de la historia del rock’ n roll.

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