FESTIVAL CRUÏLLA BARCELONA: CRÓNICA DEL SÁBADO 8 DE JULIO DE 2017.

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Con amenazas de lluvia en las previsiones meteorológicas y con una primera jornada marcada por las aglomeraciones y por los problemas de sonido, arrancaba la jornada del sábado del que seguramente es el festival de verano por antonomasia de la ciudad condal. Afortunadamente  para los asistentes las nubes se comportaron, la concentración de público fue soportable y los equipos de sonido se comportaron en un segundo día de festival que tenía su primer plato fuerte en Benjamin Clementine y sus baladas sentidas al piano que fueron muy aclamadas por el público más tempranero.   Aunque a decir verdad muchos no pudimos estarnos demasiado tiempo ya que optamos por hacernos un hueco en el escenario principal (Estrella Damm) esperando a  Little Steven & The Disciples Of Soul. O lo que es lo mismo, a Steven Van Zandt más conocido por ser la mano derecha de Bruce Springsteen en la E Street Band.

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Armado por una banda de hasta once músicos incluyendo sección de viento de 4 músicos y coristas, la propuesta nos regaló a plena luz del día Soul urbano a la onda del Boss con un Steven bastante en forma a la guitarra y vocalmente,  que lucía su habitual pañuelo en la cabeza y unos ropajes y collares estilo su tocayo Steven Tyler. Así, los ritmos empezaron a contagiar al recién llegado público entre los cuales se disipaba alguna que otra camiseta del autor de «Born To Run», y sorprendía agradablemente un directo melódico, simpático y muy colorido. Fue de este modo como sonaron el blues  «The Blues Is My Bussiness» de Etta James o piezas de Johnny & The Ausbury Jukes banda con la que nuestro protagonista comenzó al lado de Springsteen a mediados de los setenta. Guitarrazos, ritmos pegadizos, coristas afroamericanas bailoteando, buen rollo y mucho Soul del bueno.

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Tras este comienzo prometedor, tocaba ir a ver al protagonista nacional del sábado, hablo de Enric Montefusco que tocaba en el lejano escenario Radio 3 con el Market y sus atractivas paradas por el camino. Presentando las canciones del exitoso «Meridiana» del año pasado, el bueno de Enric se disculpó enseguida por si estaba algo espeso ya que acababa de ser padre. La verdad es que a pesar de su falta de sueño y de no haber podido hacer la prueba de sonido, las canciones se escucharon fabulosamente ante la presencia de la brisa marina del atardecer. Acompañado por batería y dos músicos tan solventes como polivalentes que alternaron teclados, vientos, guitarra y violín, Montefusco al mando y con su guitarra acústica recitó a las primeras de cambio la letra de la reivindicativa y pegadiza  «Todo para todos» en seguida coreada por los asistentes.  Luego nos ofreció «Flauta Man» previa explicación de cómo la compuso, y nos golpeó con una magnífica versión de «Cuando»  de sus Standstill con el trombón haciendo las veces de bajo. Un buen concierto que tuvimos que dejar antes de tiempo para no perdernos el inicio de Ryan Adams.

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Y allí estaba el principal atractivo de esta edición del Cruïlla para muchos, el regreso del americano a Barcelona tras 15 años de ausencia. Con la previa advertencia de megafonía, eso si, de no utilizar el ‘flash’ en las fotos porque Adams tiene la enfermedad de Ménière. Para la ocasión desprendido de sus Cardinals y alejado de los éxitos de sus dos discos de debut, con un notable «Prisioner» (2017) para presentar.  De este álbum es la visceral «Do You Stll Love Me?» con la que arrancó con la guitarra flecha a tope junto a su solvente banda formada por segunda guitarra, bajo, batería y teclados. Luego alucinó con la luna llena que resplandecía ante el mar y nos regaló uno de sus clásicos «To Be Young (It’ s To Be Sad , Is To Be High)» que endureció respecto a la original y dotó de ese color de rock de los 80 que tiene su flamante álbum de desamor. De igual modo sonaron sus éxitos del «Gold» (2001) y del «Heartbreaker» (2000), rudas, menos acústicas y menos melódicas. Pero bien,  ya que parece que su directo está pensado para los nuevos temas, que sin lugar a duda lucieron como los que más. Hablo de  «Outbound Train», «Anything I Say To You Now» y de «Doomsday».

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Fabulosa también fue la country «Let It Ride» de sus Cardinals, muy bailada por los fans. De su ex banda también aparecieron  «Fix It» y «Cold Roses», aunque las más aclamadas fueron la dupla del «Gold» con el himno «New York, New York» y el baladón » When The Stars Go Blue». Y para el final  tres del «Heartbreaker» como la emocionante «Come Pick Me Up»  y la marchosa «Shakedown On The 9th Street» que ponía punto y final al inesperado bis «My Winding Wheel» que a muchos nos pilló en las escaleras de retirada. Un directo de puro rock cañero del bueno de Ryan que demostró su energía encima de las tablas, su solvencia con los solos de guitarra – constantes cambios del instrumento –  y su capacidad para improvisar con las canciones.

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Para los más rockeros  el bajón fue volver al escenario principal no solo por la multitud que se aglomeraba sino por el sonido «made in sonar» con el que los Pet Shop Boys han querido seguir en voga, amén de su indumentaria «Daft Punk». Con su juego de luces espectacular y unas coreografías-perfomances poco claras, la primera parte del directo no acababa de despegar, pues en su gira «Super» optan por colar algunas caras B en perjuicio de sus clásicos. Mucha electrónica, nebulosa encima del escenario, ajetreo debajo de este y pocos hits por el cargamento que tienen. No obstante la cosa fue mejorando poco a poco cuando soltaron los ritmos batuka de «Se A Vida É (That’s The Way Life Is)»,  la recitada «West End Girls» y la melosa «Home & Dry», que daban crédito de la elegancia y capacidades vocales de Neil Tennant pero también de la discreta eficacia de Chris Lowe (impertérrito detrás de los teclados todo el directo), grandes hacedores de canciones pop. Aunque lo mejor llegó para el final con la memorable «It’ s A Sin» y «Go West» con la que todo el mundo se volvió loco, cerrando el primer set y volviendo con los bises «Domino Dancing» y la fantástica versión de «Always On My Mind».

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Un concierto que abría la parte más nocturna del festival que tenía como plan inevitable con la electrónica salvaje de «The Prodigy». Aunque algunos, aquellos que nos van más las guitarras y las baterías decidimos abandonar. Esa es la gracia del Festival Cruïlla: Para gustos los colores.

 

 

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