Fangoria / Canciones para robots románticos

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canciones para robots romanticos
No por manido es menos cierto que Alaska y Nacho Canut son unas raras rara avis en el panorama musical español y que el universo Fangoria es tan original como endogámico. El dúo lleva cantando sobre los mismos temas antes incluso de ser un dúo y las referencias se mantienen álbum tras álbum. En este sentido no constituye una excepción, ni mucho menos, ‘Canciones para robots románticos‘, su último trabajo, en el que abundan en su ya sobradamente conocida imaginería. Pero también es verdad que, como en una suerte de monarquía por turnos, en cada disco es una filia diferente la que se ve entronizada a fuente de inspiración principal: ora la Factory de Andy Warhol (‘Absolutamente’), ora la falsa naturalidad (‘Naturaleza muerta’), etc. Pues bien, ahora es el momento de otro de sus temas más recurrentes -sin ir más lejos, en ‘Cuatricromía‘, su anterior trabajo, ya encontrábamos la estupenda ‘Un robot no cree en Dios’-: todo lo relativo a la ciencia ficción, retrofuturismo e «inteligencia artificial versus estupidez real», retomando la cita de Terry Pratchett que han incluido en la contraportada.

‘Canciones para robots románticos’ se ve así enormemente beneficiado de esta idea en torno a la cual han decidido articular todo el álbum, que es uno de los conceptos de disco más guays de su carrera, sino el que más, y que les da mucho de sí, como veremos. La otra gran baza del disco es, por supuesto, la mano de Guille Milkyway, que se confirma como su mejor productor ever. Por fin les decimos adiós a Sigue Sigue Sputnik -sus peores productores ever-, que además osaron arruinar una canción de Guille en ‘Cuatricromía’ (‘Rendez-vous espacial’), algo que no sucede aquí con su ‘Voluntad de resistir’, temazo total -¡qué estribillo!- que grita “La casa azul” por los cuatro costados, hasta en la forma de cantar de Alaska (!). ‘Geometría polisentimental’, continuista y divertidísimo primer sencillo, ideal para presentar la dicotomía razón/corazón que preside todo el álbum, también es producción de Guille Milkyway, así como la nada continuista y desconcertante -para bien, tras las suficientes escuchas- ‘Fiesta en el infierno’, con subidón EDM, Alaska dando gritos por primera vez en su vida y el propio Guille recitando ese atinado puente con homenaje a los Pet Shop Boys. No quedando ahí la cosa, en esta primera parte también encontramos la deliciosa ‘Manual de decoración para personas abandonadas’, canción clave del álbum en tanto explica todo el artwork -otra clara fuente de inspiración ha sido la película ‘The Stepford Wives‘-, con una letra originalísima (“aprender a retapizar desengaños y sofás”) y una melodía brillante. Ya estamos deseando ver un videoclip con Alaska como perfecta y robotizada ama de casa.

La segunda parte, producida por Jon Klein, responsable del “disco negro” de ‘Cuatricromía’, sirve para preservar el lado gótico y oscuro del dúo, no por ello exento de momentos de subidón. Ahí está la inspiradísima ‘Mentiras de folletín’, en colaboración con Miranda! –en cuyo último álbum, recordamos, aparecieron- o ‘Larga vida y prosperidad’, homenaje a ‘Star Trek’, sin olvidarnos de ‘Delirios de un androide cardado’, muy timburtoniana y que es otro corte clave del álbum (“Si las máquinas no piensan, ¿por qué voy a pensar yo?”). Por lo demás, en ‘Canciones para robots románticos’ no faltan las filias y fobias características del dúo. El Nueva York del siglo XX abre el tracklist con ‘Disco Sally’, dedicada a Sally Lippman, la octogenaria que murió en la pista de baile del Studio 54 -hilarante cómo Nacho Canut cuenta la historia-. ‘La nostalgia es una droga’ es el alegato de turno a favor de las ventajas de olvidar, mientras que las tres aburridas de ‘Criticar por criticar’, tras su reconversión en walpurgis, evolucionan ahora en ‘La marisabidilla, el escorpión y la que quita la ilusión’. No hay mucho nuevo bajo el sol, por tanto, pero esta vez el “lo mismo de siempre” les da grandes resultados: su mejor disco en, al menos, diez años. 8/10.

 

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