Phoenix / Bankrupt!

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Hay dos cosas muy evidentes con respecto a ‘Entertaiment’, el sencillo de presentación del nuevo disco de Phoenix, ‘Bankrupt!’. La primera es que, pese a ese toque oriental tan latoso en un momento dado, es una canción brillante con una melodía bastante lograda. La segunda, que no le llega ni a la altura de los zapatos a los dos trallazos de ‘Wolfgang Amadeus Phoenix‘, a saber -si es que ha habido alguien capaz de olvidarse de ellos-: ‘1901‘ y ‘Lisztomania‘. Y la crítica de este disco bien podría terminar aquí, porque estas reflexiones se pueden hacer extensivas sin mucha dificultad al resto de temas que lo componen.

Ciertamente, la sensación de que nos encontramos ante un hijo menor de ‘Wolfgang Amadeus Phoenix’ está presente de la primera a la última canción. Lo cual no es de extrañar si partimos de las premisas de que a) lo mejor de ‘Bankrupt!’ es el primer corte y b) éste tampoco nos ha emocionado en exceso. Por otro lado, con ‘Entertainment’ les ha ocurrido algo parecido a lo que le pasó a la infumable Adele con la versión que hizo John Legend de su ‘Rolling In The Deep’ -que en su momento recibió muchos más elogios que la de ella-, siendo los culpables, en este caso, Dinosaur Jr., autores de este bonito covera la postre bastante más aplaudido que la versión original del cuarteto francés. Una ordinariez total que lastra ya desde el principio la escucha del álbum.

‘Bankrupt!’ es, como ellos han reconocido, su disco más electrónico hasta el momento, y así lo atestigua la pista que le da nombre, en la que se dedican a jugar con sintetizadores durante casi siete minutos. Pero, en realidad, la experimentación se queda ahí, siendo el resto del álbum, de hecho, bastante lineal. Demasiado, en algunos casos, como en las monótonas ‘Trying To Be Cool‘ -intento fallido-, ‘Don’t’ o ‘Chloroform’. En el otro lado de la balanza podríamos colocar a ‘S.O.S. In Bel Air’ y su súper pegadizo “And you can’t cross the line/ but you can’t stop trying”, a ‘Drakkar Noir’, muy beneficiada por esa rima “jangle jungle/ jingle junkie” y por su “Till I die” final en falsete y a ‘Bourgeois’ -cuya letra tanto remite a las películas de Sofia Coppola, esposa del vocalista-, que funciona bastante bien como contrapunto tranquilo a los temas más guitarreros.

Aunque es muy tentador hacer un chiste fácil asociando el título del álbum y la, por momentos, preocupante falta de inspiración que en este disco muestran, siendo objetivos no se puede decir que los franceses se encuentren en una bancarrota de ideas. Parece más bien una cuestión de desarrollo de las mismas, teniendo en cuenta que en esta entrevista para Jenesaispop afirman que no les gusta quedarse con lo que les sale a la primera porque “suele sonar bastante predecible”. Como si eso fuera un problema y como si, sin ir más lejos, ‘It’s Never Been Like That‘ no fuera el disco más predecible en el que podamos pensar. Por suerte para ellos, si les ha salido alguna que otra canción “predecible” que les salva el disco (‘Oblique City’, tan bien situada cerrando el álbum) y, también por suerte, siguen contando con la baza indiscutible de la voz de Thomas Mars, tan bonita y personal como sugerente y llena de matices -todos los adjetivos que no se pueden predicar de ‘Bankrupt!’-. No podemos, por ello, sino coincidir con los chicos de Fantastic Plastic Mag cuando dicen que quizás este álbum sirva para reubicar a Phoenix en un lugar más modesto como banda. Y es que, por muy bien que nos caigan, este álbum no está, ni mucho menos, a la altura del estatus del que -¿injustificadamente?- gozan a día de hoy como grupo. 5,7/10.

 

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