30 mayo 2024

Aún recuerdo cuando era un mozo y ya me había leído todos los Asterix que había en mi casa (lo que es, más o menos, todos los publicados hasta la fecha), además de haberme leído todos los mortadelos de rigor. Pero necesitaba más, mucho más. Mi mente pedía devorar cualquier cosa con viñetas. Y de repente lo vi. Estaba olvidado en una estantería de mi habitación, sin que nadie lo reclamase o lo salvara de su aparente confinamiento. Se trataba de el tomo número cuatro de la serie Oro de Forum “La Espada Salvaje de Conan” (aunque en el lomo pone Super Conan… je, tiembla Superman). No tenía ni repajolera idea de donde había salido, pero ahí estaba. El tomo era morado, y la portada ya me dejó sin aliento. En ella se encontraba (y se encuentra, que aún lo conservo) una escalofriante ilustración de Nestor Redondo correspondiente a la obra El Tesoro de Tranicos, que se hallaba en su interior, junto con otras. En la contracubierta se veía el ya mítico dibujo de John Buscema en el que se ve a un Conan pensativo

y éste en que pensará…

Con manos temblorosas por la excitación me dispuse a disfrutar de mi descubrimiento. Y si los dibujos que adornaban el exterior me impresionaron, lo que vi en la primera página de la primera historia me dejó helado. Creo que su visión terminó por fijar todos mis gustos e inclinaciones sexuales para el resto de mi existencia. La primera historia era “El Estanque del Negro”, adaptación de la obra original de Robert E. Howard a manos del siempre respetado Roy Thomas, junto con los dibujos de John Buscema y Sonny Trinidad. En la primera página, como decía, aparecía una mujer medio desnuda, vestida sólo con un pequeño “bikini” de seda que no dejaba mucho a la imaginación. El dibujo era de lo más insinuante, y el texto que acompañaba no ayudaba a tener la “mente limpia”. Aún me pregunto que hubiera pasado con mi sexualidad si en vez de ver a una mujer vestida de seda hubiese visto a una vestida de cuero y con un látigo…

A lo que iba. Esta primera historia, seguida de las siguientes (la última de las cuales estaba dibujada por Gil Kane) marcó el principio de mi pequeña obsesión por el personaje. Años he pasado leyendo las historias que podía del mismo, gracias sobre todo a la biblioteca de mi ciudad, con la que pude descubrir las primeras historias del personaje narradas por Roy Thomas y Barry W. Smith, o aquellas en las que se dedica cruzar los mares de medio mundo al lado de la indomable Bêlit. ¿Qué joven abría sido si no hubiese soñado con tierras hostiles en las que uno tenía que abrirse paso a golpe de espada? No sé, quizás me hubiese dado por el fútbol…

La cosa es que este personaje supuso para mi un personaje de referencia en el mundo del cómic. Por eso mismo me sorprendí cuando hace cosa de dos años escuche la noticia de que se iba a relanzar al personaje con una nueva serie regular, olvidándose de todo lo escrito anteriormente y marcando un nuevo inicio que sería sólo fiel a los relatos originales de Robert E. Howard. El proyecto estaría a cargo de Kurt Busiek, guionista en el cuál siempre he confiado, y de un nuevo dibujante llamado Cary Nord. La serie se llamaría: Conan: La Leyenda (pegadizo, ¿verdad?). Todos mis temores sobre el resultado de esta nueva serie se esfumaron al leer los dos primeros números (el número cero y el número uno, realmente).

Muestra del arte de Cary Nord

Que gran obra, fiel como pocas al espíritu que del Cimmerio. En resumidas cuentas, esta nueva serie trata de narrar toda la vida de Conan, desde su salida de la basta Cimmeria hasta su llegada al trono de Aquilonia. Claro, que lo del trono aún queda muuuuy lejos. El título de la serie tiene sentido si se lee el número cero. Digamos que la historia empieza a narrarse en ese número, como si de una leyenda se tratase. Prefiero no spoliear nada, que estas cosas se disfrutan mejor si se leen sin saber nada. A lo largo de los número vemos como Busiek va sentando las bases de la serie, mostrando a un Conan muy joven que va madurando por medio de las experiencias que vive (algunas realmente traumáticas). No nos engaña y muestra a un Conan como debe ser, nada de héroes nobles, sólo un ladrón que aprende lo que es la vida fuera de las montañas a golpe de espada. También Busiek empieza a sentar el entorno sobre el que se mueve el personaje, presentando a eternos enemigos como es Thoth-Amón, y otro nuevos no menos peligrosos. El dibujo de la serie, además, resulta realmente genial. Fluido a la vez que claro. En la serie también nos encontramos con números especiales en los que se narra la infancia de Conan en su pueblo natal, que es realmente dura. Estas historias están dibujadas por Greg Ruth, que choca bastante con el estilo de Nord, pero que logra impactar haciendo que la infancia del Cimmerio parezca aún más dura. Especial atención merece su nacimiento. Impresionante.

Desde luego esta serie me ha hecho recordar esa infancia en la que soñaba con degollar a pictos y con saquear castillos y con… ejem, bueno, mi infancia feliz. La serie se llegará actualmente por el número 22 o 23. No lo sé porque la distribuidora de Planeta no ha traído aún los números correspondientes a mi ciudad y yo ya estoy que me subo por las paredes.

Me despido con una frase que utilizaba Francisco Calderón en el correo de los lectores de la serie (el cua? ha desaparecido, una pena, la verdad):

¡Que Crom no se fije mucho en vosotros!