Crítica: AGORA, de Alejandro Amenábar

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Sinopsis: El Imperio Romano ha adoptado el cristianismo y sus seguidores llegan a Alejandría para extender su fe a cualquier precio. Pronto surgen los enfrentamientos entre radicales cristianos y miembros de otros cultos locales y la revuelta es cada vez mayor, amenazando incluso la legendaria biblioteca de la ciudad. Entre sus muros, rodeada de miles de años de conocimiento y de sus alumnos, la sabia Hipatia, ajena a las revueltas, intenta desentrañar los misterios del universo. A su lado está Davo, un esclavo perdidamente enamorado de su ama, que empieza a acercarse a la nueva e imparable religión.

Crítica: Dicen que Alejandro Amenábar es un genio. De serlo -no lo vamos a negar, sólo a cuestionar- su genialidad no se basa en el pluscuamperfecto ejercicio de su profesión -en la que se maneja de forma notable, por otra parte- sino en el simple equilibrio. Alquimista concienzudo, Amenábar ha descubierto el secreto de la virtud, mezclando con prudencia y exactitud mensaje y comercio. El cine de Amenábar es arte y es industria. Es pincel y engranaje. El cine de autor basado en pasiones propias se mezcla en su carrera con excelentes resultados de taquilla algo, dicho sea de paso, para nada contraproducente cuando se cuida lo primero y, tal vez, se antepone a lo segundo. Si lo que se busca es hacer la mejor película posible y no la más rentable, el taquillazo llega solo (sí, así de ingenuos somos). Tras transformar dramas íntimos en blockbusters y thrillers siniestros en obras de cierta profundidad, Amenábar abraza el drama histórico con Ágora. Respaldado por un -merecido- enorme presupuesto y un reparto estelar, el director ha llenado salas en nuestro país sólo con su nombre, efecto inalcanzable para cualquier hijo de vecina en esta patria, ya tenga estatuilla de Oscar, cargo rimbombante, neuras ochenteras, subvención astronómica o enchufe de alto voltaje. Con Ágora, Amenábar nos trae Hollywood a Chamartín, Nervión y Palencia, convenciendo al respetable de que, en este aspecto, es el cineasta más destacado de nuestro país. Durante casi una hora Ágora es un espectáculo épico, pleno en pasión, crisis y drama, cautivador y apabullante, directo, duro y de gran belleza plástica. El resto, es un gran error. No por fallos formales, filosóficos o interpretativos. Sino sencillamente porque aburre. Este es un pecado imperdonable para un director de las pretensiones de Amenábar, que ha caído tal vez en un exceso de pasión por la temática de su filme sin percatarse de que, en una gran mayoría, eso al público se la trae al pairo, sobre todo después de un comienzo tan vibrante. Dicho de otro modo, que uno se enamore de una mujer (o de un hombre en edad legal, escojan), no significa que esa persona despierte esa misma pasión en el vecino. Teorías astronómicas, matemáticas orales y clases magistrales de filosofía se transforman en un hara-kiri argumental en el que ni tan siquiera embriagado por la sublime elegancia y frescura de Rachel Weisz, el respetable deja de pensar en un corte limpio y profundo de las venas propias. Eso sí, Amenábar mantiene constante un gran nivel en la realización, aprovechando al máximo sus muchos medios y alternando en la narración constantes planos de nuestro orbe, tal vez intentando demostrar lo poco que le importa al universo los absurdos problemas de los bichos que habitamos este planeta azul. Mientras, Amenábar también habla del miedo que le tenemos los hombres a cualquier mujer independiente, con dos dedos de frente y un par de huevos. Habla de fanatismo, persistente rival del progreso científico y de cualquier otro tipo de avance que suponga poner un paso fuera de las cavernas y que hoy, siglos después, parece no haber perecido ni siquiera ante la evidencia. Pero de eso, que cada cual saque sus propias conclusiones. Y si no tiene ni ganas ni imaginación suficiente, que se adoctrine con el periódico / programa televisivo / tertulia radiofónica patrocinada por su facción favorita.

por Pablo Gutiérrez

Valoración: 6/10

AGORA (España 2.009, 126 Minutos, Drama)
Dirección:
Alejandro Amenábar.
Guión: Alejandro Amenábar, Mateo Gil.
Reparto: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Ashraf Barhom, Michael Lonsdale, Rupert Evans, Homayoun Ershadi.
Fotografía: Xavi Giménez.
Música: Dario Marianelli.

 

Una Respuesta

  1. CARLOS JAVIER GONZALEZ GARCIA

    26 octubre 2009 1:14

    ALEJANDRO que grande te ha venido esa peli. lo que mas me molesta es el dinero que te has gastado en semejante bodrio y que tando nos cuesta ganar a algunos. A parte de improvisación es esos mapas a todas luces de última hora, en un intento fallido por centrar una trama equívoca inenarrada y mal desarrollada, con unos primeros planos enfermizos del que se cree con permiso para crear esos primeros planos enfermizos y desagrables. Has olvidado que lo importante de contar historias no es el contador, si no la historia.
    No, por voltear la cámara vas a ser maestro del cine. Lo que mas me duele es que ese dineral que te has gastado y que tanto nos cuesta a algunos ganar, no halla servido para hacer algo consumible, no te pido un GLADIATOR, del que inútilmente tratas de imitar el principio de algunas escenas, aunque siempre pensaré que habría hecho RIDLEY SCOTT con esa historia y ese dinero.
    «POR FAVOR NO PROMOCIONES MÁS ALGO QUE SABES QUE ESTÁ MAL.(sé independiente.)

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