Vampire Weekend / Modern Vampires of the City

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Vampire Weekend están contando en las entrevistas promocionales que con ‘Modern Vampires of the City’, su tercer álbum, quieren cerrar una trilogía -una declaración que siempre da bastante pereza, la verdad-, pero lo cierto es que, una vez escuchado el disco, resulta bastante difícil intentar meterlo en el mismo saco que sus dos predecesores, los estupendos ‘Vampire Weekend’ y ‘Contra‘. De hecho, el oyente observador se dará cuenta de que algo ha cambiado antes incluso de darle al botón de play: ni la foto de la portada es a todo color, ni Futura es la única fuente que en ella aparece; dos cosas que, sin duda, los fans del grupo daban por descontadas, tal y como evidencia muy gráficamente esta portada falsa que se filtró hace meses. También ‘Obvious Bicycle’, el primer corte, contrasta en su sosiego con la energía que desprendían ‘Mansard Roof’ y ‘Horchata’, siendo el arranque de álbum más apacible, por así decirlo, del grupo hasta la fecha. Toto, tengo la sensación de que ya no estamos en Kansas Graceland.

Y, efectivamente, no lo estamos. Más allá de los pequeños detalles que hemos mencionado, el alejamiento de esos sonidos africanistas con los que nos conquistaron desde el minuto cero hace ya cinco años es algo palpable y deliberado -pese a que aún no los hayan liquidado del todo, para alegría de muchos-. Como declaración de intenciones tenemos el primer single, ‘Diane Young’, un tema que no suena a nada que hubieran hecho hasta ahora pero que conserva elementos ya utilizados anteriormente, como ese soberbio subidón final al estilo ‘Walcott’ o -¡ay!- lo acerado de la letra, con ese “You’ve got the luck of a Kennedy” tan vaticinador de la que se les vendría encima por llevar al videoclip, precisamente, otra parte de la canción -“You torched a Saab like a pile of leaves”-.

Ya sabíamos que Vampire Weekend eran un grupo decididamente highbrow, hablando sobre temas tan peregrinos y, en principio, ajenos al pop como la gramática, en unas letras a veces tan complejas que a un no angloparlante le entran ganas de disfrutar de la música sin prestarles atención -un riesgo que jamás correría un fan de, por ejemplo los Magnetic Fields, dado que el 80% del valor de sus canciones se concentra en las letras-, lo cual en su caso sí es toda una tentación, habida cuenta de lo inspiradas, cuidadas, bonitas y pegadizas que son siempre sus melodías.

Craso error. Escuchar ‘Modern Vampires of the City’ sin reparar en las letras es un auténtico atentado a la música, toda vez que el tándem compositivo formado por el vocalista Ezra Koenig y el teclista Rostam Batmanglij, que ya lleva tres discos mostrando síntomas de ser infalible, esta vez ha puesto todo su talento lírico al servicio de uno de los temas más atractivos y recurrentes de la Historia del arte: la angustia provocada por el paso del tiempo -lo cual es bastante irónico, viniendo de un grupo de supuestos vampiros y en teoría, por ello mismo, inmortales-. De eso y no de otra cosa habla ‘Diane Young’, una canción que se vuelve mucho más rica cuando nos damos cuenta de que el título se pronuncia igual que “dying young” y de que lo que canta Ezra a toda velocidad en el mencionado subidón final no es otra cosa que “Nobody knows what the future holds on/ Said it’s bad enough just gettind old/ Live my life in self-defense/ You know I love the past, cause I hate suspense”.

La cara b de este primer single, ‘Step’, de la que ya hablaremos en otra ocasión, también trata sobre el mismo tema, al igual que la íntima Helen ‘Hannah Hunt’, con ese precioso “Though we live in the U.S. Dollar/ You and me, we got our own sense of time” y, de nuevo, una impagable estrofa final para mayor lucimiento de la bonita voz de Ezra. Sin embargo, la canción en la que mejor tratado está el tema es, sin lugar a dudas, la claustrofóbica ‘Hudson’, que resulta ser una de las mejores composiciones del grupo ever. Gracias a los sobrecogedores coros, los tambores cuasimarciales y ese más-angustioso-imposible tic-tac en el estribillo, la voz de Ezra consigue estremecer cuando canta eso de “The time has a come/ The clock is such a drag/ All you who changed your stripes can wrap me in the flag” -una frase memorable-.

Otro de los temas protagonistas del álbum es la religión, ya sea para lamentarse por el destino que les espera al no ser creyentes -fantástica ‘Unbelievers’, que encantará a los fans de los anteriores álbumes y que fue la primera canción que escuchamos de éste allá por Halloween, en esta actuación tan súmamente guay– o para interpelar directamente a Dios -‘Worship You’, la entrañable ‘Everlasting Arms’ y, jugando de nuevo con la homofonía, ‘Ya Hey’, que suena igual que ‘Yahweh‘ y que se está llevando muchos y muy merecidos elogios-. Pero es la aparentemente inofensiva ‘Don’t Lie’ la que mejor sirve de compendio del disco, ya que en ella hablan tanto de Dios y de morir joven (“God’s loves die young”) como del paso del tiempo (“Does it bother you the low click of a ticking clock?/ There’s a lifetime right in front of you and everyone I know”), haciendo de nuevo su aparición el tic-tac de un reloj que, en consonancia con la bonita melodía, no suena aquí tan tremendo como en otras ocasiones.

You take your time, young lion” es el verso con el que ponen, de manera apropiadísima, el punto final a un álbum prácticamente perfecto. Tanto, que incluso a los que ya sospechábamos que los de Nueva York eran un grupo mucho mejor de lo que en un primer momento pudo parecer -no faltaron las acusaciones, en esta propia página, de quienes solo veían en ellos “unas melodías facilongas de canción infantil por encima de unos ritmos machacantes que suenan a pianillo Casio”- nos fascina comprobar cuán lejos han conseguido llegar. Ni pianillos Casio, ni africanismos, ni cuentos chinos: cada vez está más claro que Vampire Weekend pueden ser todo lo que se propongan. En este álbum, por lo menos, lo han logrado. Son vampiros, son modernos, son de ciudad. Son los mejores. 9,4/10.

 

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