23 abril 2024

El pasado martes 31 de octubre Corinne Bailey Rae presentó en el Teatro Pavón de Madrid su último disco, “Black Rainbows”, como parte del festival Villanos del Jazz. El concierto empezó bastante puntual y de una forma un tanto sugerente.

Recordando a aquellas grandes obras de ingeniería musical de los 70, como si de la versión de Papa Was a Rollin’ Stone grabada para los Temptations se tratara, la melodía va llegando poco a poco, incorporando cada instrumento meticulosamente: batería, guitarra, teclados, coros y saxofón. Aparece ella, se une a los coros y llega la magia. Y no es un decir, porque todo el espectáculo se representará cual rito espiritual. Sonaba A Spell, A Prayer y su atmósfera envolvente ya nos había fidelizado a todos.

Durante la mayor parte de su carrera, Bailey Rae ha sido conocida por una serie de temas de carácter alegre y conmovedor. Put Your Records On (2006) está grabado para siempre en la conciencia colectiva y ya forma parte del material de los perennes éxitos de la radio. Su premiado álbum debut logró 4 millones de ventas, ahí es nada. El Teatro Pavón, no obstante, será testigo de otra versión de la artista.

Aunque muchos se quedaron anclados en esa época, lo cierto es que durante mucho tiempo ha sido una artista más compleja de lo que sugería aquel hit. En realidad lo que quizá no supimos ver es que Put Your Records On ya apuntaba maneras y profundizaba en la idea de la fortaleza femenina.

Pero en plena cresta de la ola, llegó la tragedia. Su segundo álbum, The Sea (2010), sirvió como catarsis para el duelo por la repentina pérdida de su marido, el músico de jazz Jason Rae. Seis años después, su tercer álbum, The Heart Speaks in Whispers, intentó recuperar algo de la tranquilidad de su antigua música, aunque en entrevistas posteriores Bailey Rae ha afirmado que fue un período frustrante donde no logró expresarse como le habría gustado.

Concebido inicialmente como un proyecto paralelo, este cuarto álbum es un sorprendente cambio artístico; uno cuyas texturas y temas eliminan esos conceptos superficiales que se le han quedado pegados cual pelito de gato en tu camiseta. Esa noche tocaba la guitarra eléctrica y aullaba; bailaba para alejar el dolor. Los horrores del racismo, las complejidades de la negritud y la catarsis de la ira y la alegría están presentes en un conjunto polifónico de canciones que abarcan riot grrrl punk distorsionado, soul retro y meditaciones varias que mezclan géneros para generar su relato único.

El siguiente es Erasure, tres minutos de furia de guitarra: es el tipo de tema que merece un buen moshpit, pero este no era ni el lugar, ni el público. Resulta que durante una gira en 2017, Bailey Rae se topó con un museo al sur de Chicago. El Stony Island Arts Bank es un archivo creado por el artista multidisciplinario Theaster Gates que alberga la colección de discos del pionero del house de Chicago Frankie Knuckles. Se trata de un catálogo atrasado de la revista Ebony y una colección de impactantes objetos domésticos que representan a personas negras en formas grotescas.

Entre canciones, Bailey Rae explicaba los orígenes de cada tema, como si guiara al público a través del archivo: una fotografía en Ebony de la ganadora del concurso de belleza Audrey Smaltz, coronada Miss New York Transit en 1954, fue el punto de partida para el igualmente punky Nueva York Transit Queen. Por su parte, Peach Velvet Sky, interpretada únicamente por Bailey Rae y su compañero teclista, Steve Brown, imaginaba cómo se veía el cielo para Harriet Jacobs, una mujer esclavizada que se escondió en un sótano durante siete años y solo podía ver el mundo exterior a través de un pequeño agujero.

Poco a poco, las canciones fueron dando paso a armonías mucho más largas y complejas. El fascinante Before the Throne of the Invisible God fue un auténtico baño de sonido que evocaba asombro ante lo inefable y lo concreto.

La noche terminó con un bis del sencillo debut de Bailey Rae, Like a Star. Aunque los fans lo disfrutamos y terminamos con muy buen sabor de boca, el verdadero clímax del espectáculo fue Put It Down, un tema vibrante que, según explicó, surgió de una noche de baile en el Arts Bank de Chicago. Los asistentes escribieron sus angustias más íntimas en una hoja de papel y los colocaron en un cuenco. Al final de una noche de delirio (con DJ Duane Powell en los platos), se prendió fuego al contenido del cuenco.

En el lapso de unos 15 minutos, la banda de Bailey Rae trasladó Put It Down del jazz más suave a la cadencia y ritmos del mejor del trip-hop. Tímidamente los asistentes nos levantamos, aplaudimos y empezamos a movernos. Bailey Rae bajó del escenario y, entre excelentes solos de los músicos, se dejó llevar y bailó y cantó entre la multitud, celebrando su libertad artística y la superación de sus adversidades vitales.

Larga vida a quien se atreve a desenterrar historias para romperse por dentro y atreverse a cambiar su propia narrativa artística.

Crónica : Virginia

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