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‘Coge la pistola hermano proletario’ : Crónica del directo de Fuerza Nueva en La Riviera . Enero 2020.


Fuerza Nueva volvía a llamar a sus seguidores a filas el pasado viernes 24 de enero, lo hacía en un pabellón multitudinario, ante el éxito logrado en su anterior puesta de largo en la capital. La Riviera se tornó en el escaparate propicio para que la bendita unión de Niño de Elche y Los Planetas sacudieran nuestras mentes a golpe de shoegaze,psicodelia y neo-flamenco. Un producto no apto para todos los públicos, un disco homónimo que con cada escucha conquista y se engalana, al igual que parece mutar su directo, creciendo y creando su propio ecosistema.Un nombre polémico que incluso los New Order y Joy Division usaran en su momento, un homenaje a estas bandas y un polémico tratado necesario. A esa fuerza descomunal del directo también ayuda el imaginario de Javier Aramburu y Andrés Duque, unas proyecciones que hipnotizan y pueden fagocitar lo que ocurre en el escenario por momentos.

El directo de Fuerza Nueva es una experiencia mística, es todo lo que podemos esperar de la última etapa planetera y de una mente privilegiada como la de Niño de Elche. Un combo interestelar, transgresor y por ende devastador en su puesta en escena. Está claro que a poco que te ponga cachonda una de las dos partes, el conjunto hará llegarte a un éxtasis que ya quisiera Santa Teresa.

https://www.youtube.com/watch?v=p7kKpe7ITTE

Desde los primeros acordes de ‘Santo Dios’ ya podemos intuir por dónde nos van a venir. Tema basado en el himno andaluz que compusiera Blas de Infante, y que a golpe de psicodelia y coros llevan a la misma a sus raíces musulmanas. El milagro que esperan los fieles de las proyecciones, está aconteciendo ante nuestros ojos. Poca broma el chorrazo vocal que el Niño se gasta y exhibe con total naturalidad cerrando la canción. No podemos concebir este disco sin ‘Omega’ y una clara referencia es su siguiente incursión en directo, ‘Los Campanilleros’, oscura y que recupera el aura reivindicativa que La Niña De Puebla podría haber dado y ejercido en pos de la causa libertaria y republicana, sentimiento que desde la tarima insuflaba la banda en segundo plano. ‘Mariana’ en su ejecución bien pudiera ser un clásico de Triana pasada por un filtrado de los Slowdive, en la que la virgen torna aún más humana.

 

‘La Canción de Los Gitanos’ es sin duda uno de los temas bandera de esta nueva formación, un ejercicio en el que Francisco Contreras se come la escena y nos hace caer rendidos ante una propuesta arty y asalvajada del ‘Gelem Gelem’. No menos intensa fue el disfrute en directo de ‘La Cruz’, ese sonido planetero puro subyace y toca fibra.

 

No es de extrañar que el devaneo por la discografía de Los Planetas cayera en el setlist, así ‘La Llave De Oro’ y ‘Tendrá que haber un camino’ fueron intercaladas entre las composiciones de Fuerza Nueva, sin apenas desentonar en la línea de estos, normal. De inmediato también espetaron los últimos coletazos de su álbum homónimo, la grandeza de ‘Canción Para Los Obreros de Seat’ se torna en misal anti-independentista y arrebata la energía del alli presente para el alzamiento. ‘El Novio De La Muerte‘, una lectura pop y un fondo romántico, una manera de dar una nueva lectura a algo ideologizado. Celebrada y cantada sin temor. Paco se viste aún más de Morente en la magnífica ‘Santo Domingo‘ , tema que crece y crece y traspasa la piel en su puesta en vivo.

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Fuerza Nueva y su insuperable directo pic by @alejandrodelestal

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Noche de las que pasan al recuerdo, de las del boca a boca recomendando acudir a la siguiente cita, del yo estuve allí. De regalo ‘Una, glande y libre’, un alegato contra la violencia ideológica y una rave con caperuchos distribuidos entre la formación aporreando instrumentos y llegando al momento álgido con ‘Romance de Juan de Osuna‘. Un monstruo híbrido que aniquila de forma certera en su puesta en directo, un rara avis que ya es un imprescindible capítulo de nuestra historia musical.

De Carolina Durante y nuestras noches – Crónica de su paso por La Riviera – Noviembre 2019

De Carolina Durante y nuestras noches

Crónica de la noche del 24 de noviembre en La Riviera y una breve reflexión sobre Carolina Durante

 

Escribe María Rozados

 

Una generación vacía, repleta de duda y error. Cada día, somos menos. Pero no en números. En lo de dentro. Decrecemos, nos tambaleamos e intentamos preservar lo poco que nos queda, cuando todo se ha ido. Cada día, hace más frío. Y cada día, estamos peor. Si es que aún podemos alcanzar a entender algo, y no es tanto lo que nos persigue. Lo que cae sobre nuestras espaldas y hace ruido. La falta de esperanzas, los sueños que se agotan y el desolador estruendo que persigue las noches. Y todavía hace frío. No sabemos a dónde ir, pero avanzamos. Nos caemos y tropezamos. Pero la realidad sigue temblando, y nosotros preferimos acomodarnos a ella antes que descifrar el aliento que le infunde vida. Mientras supura el recuerdo, se eleva la voz. 

La banda sonora de nuestros días, el fútil suspiro de las derrotas pasadas (y las que están por venir). La pasión que desborda la ira, y entierra la duda. Si es que aún hay algo por lo que luchar, luchemos por lo que sobra, por el exceso, por la amargura y el rencor. Por las cosas que se pelean y serpentean en los caminos de la memoria, en los cercos de la mente, en la desgracia y la tragedia. La desilusión que conmueve, la rabia que aprieta sin llegar a ahogar. Todo tiene cabida ahí adentro. Carolina Durante lo saca a relucir, y lo hace nuestro. Tan nuestro, que escuece.

La noche se hacía un hueco, inquieta, en el corazón de La Riviera. Luego de la tierna euforia de Bestia Bebé, llegaban los de Madrid para cerrar la segunda de sus noches en la ciudad que los vio nacer. Ocurrieron en la noche, aunque no un 12 de enero. Las cosas dejaron de ser como antes, y se abrieron paso en la desidia para dar voz a una generación entera. Una generación perdida, derrotada y derribada por las expectativas. Una generación tan confusa como el caos que la acoge, sumida en el desencanto y la fragilidad de las cosas. Pero estamos en sus letras, ellos hablan de nosotros. Hablan de lo que queremos decir pero no sabemos cómo. Y lo hacen sin querer, sin tomar conciencia. Le cantan a la vida que se ha olvidado de ser, al sinsabor de una eterna despedida que, en su quietud, se hace de hielo. 

Abrieron con Cementerio, y cayó la noche. Se les vieron los colores, parecían de mentira. La demoledora poética de Diego aunaba la furia de la que se impregnaban los cuerpos. En sus incendios, aire. En sus idas y venidas, la emoción. Y todo sin que diese tiempo a respirar, sin que hubiese hueco para la incerteza. Todo se sucedía a un hipnótico ritmo capaz de contagiar la más absurda de las pasiones. Casi como un sueño, pero sin soñar.

La arrolladora carisma del vocalista, unida a lo dramático de su expresión corporal y la teatralidad con que hacía de la despreocupación un acto de fe, dio en trastocar el sentido de una velada fugaz y difusa. Diego, tan suyo como nuestro, invadía con su meteórica silueta el lienzo de una noche al margen del espacio-tiempo, escrita en humo sobre un “casi-futuro” cada vez más diluido. La apoplejía de los versos resignados a morir, el crepúsculo de una generación y el soporífero recuerdo de las luces que la vieron nacer.

Buenos consejos de las peores personas. A la euforia la siguió la euforia, y el eco se hizo lento. Una Riviera encendida, dispuesta a sentir con cada pedazo de su sed el éxtasis de la noche, y saciar el apetito arrojado por el lamento.

De ahí, al Himno Titular. El “contra-himno”. El “anti-himno”. Un canto al odio, a la resignación, a la contradicción en que reposan nuestros ideales. En su indiferencia, melancolía. En su furia, la catarsis. El final de los principios, el amanecer de una era. Y siempre igual. Retratando sus verdades: afiladas como cuchillas, ácidas como el recuerdo. Incógnitas que se deslizan en los misterios del tiempo, y empuñan la dulce agonía que arropa el tormento de vivir.

Su sonido, salvaje y distorsionado, puro y sincero. Envuelto en el duelo y el extrañamiento, en la poética de la miseria y el desconcierto. Tan ajeno como cercano al misterio que nos envuelve. Pero siempre sin pretenderlo, sin acercarse a la vida más que a la mentira. Siempre sonando alto, retumbando en la periferia. Ordenando las memorias, avivando el fuego hasta revolver las cenizas.

Y luego vinieron Cuando Niño y El Año, y hasta lo dijo Martín Barreiro. Porque el de los telediarios se hizo un hueco en el escenario y subió a corear el tema que se le dedica.

Como el humo que nos envuelve y aprieta, se hacían y deshacían. A cada momento que parecían desvanecer, regresaban con más ímpetu y firmeza. Y una y otra vez. Siendo muchos a la vez, retumbando como los desastres que devoran el mundo.

La fiesta continuó con Nuevas Formas de Hacer el Ridículo, su sagaz denuncia a la incongruencia del contraste entre las relaciones online / offline, y la ansiedad que de ahí deriva. Las falsas apariencias, la inseguridad que rige el mundo y la dificultad de establecer vínculos entre los seres humanos.

Y cuando queríamos volver a querer, llegó Falta Sentimiento. La demoledora batalla contra nosotros mismos, que cicatriza en una oda a la apatía y la ausencia de horizontes. Siguiendo la línea oscura y descarnada que define a sus primeros trabajos, los 300 Golpes retumbaron en la Riviera como un eco grave y feroz .

Y entonces volvieron a la noche que los vio nacer. La de Madrid, la de los Muertos Vivientes. Un metro vacío a las seis de la mañana, Dionisio bajando por Corredera y el silencio. El mortífero silencio. Las canciones de Juanita, con El Mató pero nunca Policía, y un portal de madrugada. Recuerdos como taladros, lo amargo de la memoria y la aspereza del olvido. Todo cayendo a nuestras espaldas, como los puñales que aún nos duelen, y atraviesan. Siempre sin saber, pero apuntando bien.

Ahí entró la Niña de Hielo, oteando desde su palacio el marchitar de las vidas, el desgarrador vacío que deja el amor en su partida. Todo ello enmarcado en la fragilidad de las relaciones de nuestro siglo, y lo insulso de la vida contemporánea en el marco de una sociedad cimentada en el individualismo y la pérdida de valores.

También dejaron ahí un espacio a su tema inédito, Si supieras cómo soy, que dio pie a KLK y al contundente El Perro de tu Señorío. Probablemente el tema más oscuro de todo su repertorio, cargado de metáforas y simbolismo, sumido en el abismo de la conciencia y el desacato a la verdad escrita. En su retórica, cruel y desarraigada, reside mucho de verdad.

Su ultimísimo tema también sonó, arropado por un público que ya apuntaba a sus letras con fuerza y decisión. Y es que No Tan Jóvenes los consolida ya como los voceros de la generación vacía, como abanderados del fracaso y la abulia a la que nos vemos condenados los siervos de la posmodernidad. Exiliados del futuro, nuestros sueños nos han sido expropiados y vendidos al mejor postor. Y, en una acertadísima producción audiovisual bajo el sello del maestro Ernesto Sevilla, se define esta circunstancia como inherente a la condición humana. Ametrallados por el miedo, consumidos por la indefinición. Aún procurando la dejadez, reposa en ella lo contundente de sus reflexiones, empapadas de nuestras entrañas.

En un retorno a los albores de su música, sonaron fuerte En Verano y Necromántico, para concluir con tres de los himnos que ya vienen de atesorar: la de Perdona, Cayetano y Joder, No Sé, tema con que cerrarían una de sus noches más emblemáticas en el corazón de Madrid, proclamándose como portavoces de nuestras vidas. Nuestros fracasos, nuestros miedos, nuestras vergüenzas y nuestro adiós. Una generación reflejada en ellos como en un espejo cóncavo, una nueva óptica capaz de deformar la realidad.

Y sonaron, y no sonaron mal. Sonaron mejor que ayer. Porque ya no hay futuro, solo error. Y ya no cabemos, donde no cabe el destierro.

El equilibrio atemporal de Palace: Crónica de su paso por la Sala El Sol. Octubre 2019.


Fuimos muchos los que nos perdimos el directo de Palace en su paso por el Mad Cool este año, las horas tempraneras no jugaron a favor para ver a un nombre a militar en la línea intermedia de cualquier festival. Pero quizás el destino es sabio y a veces te da la oportunidad de gozar de una banda de esta envergadura en el recinto que se merece, en sala.

Fallaron los teloneros en la cita madrileña, una lástima, ya que ganas había de poder catar a esa joya que milita bajo el nombre de Marthagunn. No dudamos en que Houston Party les traerán en otra ocasión por la capital.

La música de Palace recompone, mece, complace, aturde, magnifica, ensalza, llena, trae paz y brinda nostalgia. Un poco de todo ello hubo en su directo en El Sol, un concierto enmarcado en el 40 aniversario de una sala esencial para todos nosotros, como esencial fue descubrir el potencial de los Palace en su escenario. ‘Life After’ su segundo disco, fue el protagonista de una noche donde la esperanza a la que aluden en su nuevo trabajo quedó plasmada en la interpretación desde el primer momento. ‘So Long Forever’ y ‘Life After‘ eran las encargadas de la toma de contacto con un público variopinto y más internacional de lo común. ‘Caught My Breath’ , ‘Live Well’, ‘Younger’, ‘No Other’ y ‘Running Wild’ seguían dejando más registros de una banda que alterna el folk de cámara con el pop más arty, a caballo entre The Maccabees, Local Natives y Grizzly Bear por momentos.

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Un recital en el que la fusión con el detallismo en cada una de sus melodías se hacía más patente a medida que avanzábamos en la noche. No faltó su paso por ‘Berlín‘ o el momento íntimo en su interpretación de ‘Bones‘. El momento cumbre fue culminar en una comunión total con ‘Heaven Up There‘ (¿Es posible mantener el vello erizado durante más de siete minutos de interpretación? sí, lo es), una píldora con efecto valium, tranquilizadora y relajante a la par que jodidamente emocional. La guinda final vino de la mano de ‘Bitter‘, tema que aparecía en su EP debut y que volvía a formar parte de su primer largo, el majestuoso ‘So Long Forever’. Equilibrio atemporal para una banda que si vuelve, por seguro lo hará llenando sala de mayor aforo.

 

Novedades Carminha hacen vibrar a León con su Verbena. Crónica de su paso por León. Octubre 2019.


El pasado miércoles 9 de octubre llegaba a León el grupo gallego Novedades Carminha, preparados para dar una buena verbena y presentarnos su último trabajo, “Ultraligero”.

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El grupo de Carlangas, Jarri, Xavi y Anxo llegaba a León en estado de gracia. Tras un año lleno de salas y un verano lleno de festivales, el grupo está triunfando con su último trabajo publicado en febrero de este mismo año, y es que dos de sus singles acumulan millones de reproducciones en todas las plataformas de streaming, como son “Ya No Te Veo”, junto con el rapero Dellafuente y “Verbena”, que se ha convertido en un himno en todas las fiestas del país. A parte del éxito de su último disco, el grupo ya es uno de los grandes consagrados en el indie-rock español y acumula éxitos conocidos por todo el país, como “Antigua Pero Moderna” o “Ritmo en la sangre”.A continuación, os contamos como es la experiencia de estar en una de las verbenas del grupo gallego:

El show comenzó por sorpresa, cuando los gallegos entraron por la puerta de la sala, atravesaron por el medio de todo el público y se subieron al escenario para deleitarnos con su canción “Fiesta Tropical”. Como podemos ver y gracias a este arranque tan familiar, el grupo tenía al público en su bolsillo, desde la primera canción. El concierto se dividió en tres partes, de tal forma que a medida que avanzaba el concierto, cada parte era más cañera y repleta de sus hits. En la primera parte del concierto sonaron algunas de sus canciones más exitosas del nuevo disco como “Te Quiero Igual”, “Disimulando” y “Quiero verte bailar”.

La segunda parte, la cual fue la más larga, con aproximadamente 50 minutos de concierto, sirvió para que el grupo soltase la artillería pesada de sus tres últimos discos. En esta parte del concierto sonaron algunos temas como “Hay Un Sitio Pa Ti” o “Chispax Relax”. Pero el momento cumbre de esta parte llegó cuando el grupo tocó de manera seguida “Ya No Te Veo”, “Obsesionada”, “Antigua Pero Moderna” y “Ritmo en la Sangre”. En este momento, el público enloqueció, y no paró de bailar y cantar, ya hasta el final del concierto. Con el público entregado al máximo, aprovecharon para realizar la tercera parte donde sonaron temas como “Lento” y “A Santiago Voy”, para terminar el concierto con su gran hit “Verbena”. El concierto no tuvo ningún problema de sonido en ningún momento, ni ninguna pega que se le pueda poner al grupo. En definitiva, podemos resumir su actuación, en actuación espectacular en la que el grupo gallego pasó a la historia de la sala leonesa.

 

AUTOR: ALEJANDRO TEIGA ROBLES

Crónica del concierto de Crocodriles en Tomavistas Ciudad – El ‘riff’ impostado (aquello de cumplir expediente)


 

El ‘riff’ impostado (aquello de cumplir expediente)

 

TOMAVISTAS CIUDAD:

COCODRILES + RAYO

Viernes 27 de septiembre de 2019

Independance, Madrid

 

https://www.youtube.com/watch?v=OgN6lt2M7yA

 

El impacto del festival Tomavistas se prolonga en un siempre apetecible ciclo de conciertos durante el resto del año en lo que viene a llamarse el Tomavistas Ciudad. En este caso con conciertos en sala y combinando su personal sello artístico a la hora de seleccionar bandas internacionales con nombres nacionales (a veces emergentes, a veces consolidados). El estreno de esta nueva temporada venía con plato fuerte: rock potente con sonoridades oscuras y lacerantes, los californianos Cocrodiles, en esa extensión de Joy Division y que en su último disco, ‘Love is Here’ (Deaf Rock Records, 2019), suenan mucho a unos The Black Keys en una clave más británica.

   El concierto de Cocrodiles fue sobrio pero imponente. Se centraron en este último disco y sonaron rugosos, ruidistas. Con mucha pose de malote ahumado, gracias a esos cañones de humo, y con un aparente patrocinio de Dr. Martens: todos llevaban tal calzado. Mucha pose y mucho ruido, en esa onda tan The Jesus and Mary Chain: riffs envolventes, atmósferas opresivas, y rock and roll libre con bases y artilugios varios. Les avalan siete discos que prolongan ese rock de tintes oscuros, acoples y mucha densidad. Todo ganaba en texturas cuando sonaron su dos grandes hits: “Mirrors”, “Stoned to Death” o “Marquis de Sade”. Pero también con temas más recientes como “Heart Like a Gun” o el rollo acelerado de “Love is Here (The End is Near)”. En los bises recuperaron un clásico de su disco de début “I Wanna Kill”, cargado de rotundidad a base de fiereza, acoples o efectos de secuenciadores. Proyectando la sombra de los hermanos Reid. Escocia siempre dio sus frutos musicales, y su sombra es alargada.

Un repertorio corto, tan solo catorce temas, que cumplió las expectativas del respetable. A mi gusto fue un concierto al que le faltó vibración. Hubo mucha actitud, distorsión y pose. Pero a las canciones pese a que salieron danzantes, les faltó magia. No me gustó nada esa actitud de venir a cumplir, y de gafas de sol de aparienbcia ‘malote’. No dieron en el clavo con esa presencia entre lo ‘chulesco’ y la desgana. Demostraron que les faltó conexión y empatía con el publico presente. Me dijeron que no probaron sonido y que venían forzados. A eso se le llama “falta de mojama”, en otros lares. Quizás habría que verles en otro contexto o en otras circunstancias, pero el resultado dejó un poco a medias. Fue digno pero no mereció grandes alabanzas.

Les telonearon la banda (nacional y femenina) Rayo, con un sonido muy potente y muy buena puesta en escena, analizaba la capo del pop, Sandra Roncal. “Las líneas de bajo muy chulas y nada simples, y juegos solventes entre las melodías y ritmos de las dos guitarras, y una batería contundente. A destacar la bonita voz de la segunda guitarra. Se nota la experiencia de las cuatro componentes, pero también aún les falta un poco de tiempo juntas: al principio hubo canciones en las que no sonaban al unísono (bajo, batería y guitarras iban desacompasados). Al final ya sonó todo muy compacto. Se ganaron al público, que se movía al ritmo de las canciones. Como curiosidad los padres de Ágata (la cantante) antes del concierto le confesaron a su hija que ellos se casaron en esa misma sala, antes de ser sala de conciertos”. Parafraseando a los Cocodriles, el amor siempre está ahí.

 

Por Andrés Castaño

Fino Oyonarte : El (per)efecto cantautor como salvación. Crónica de su paso por el Café La Palma. Septiembre 2019.


 

 

       El (per)efecto cantautor como salvación

 

El bajista de Los Enemigos estuvo fino no, finísimo presentando su nuevo single en directo.

 

Por Andrés Castaño

 

El año pasado el músico y productor Fino Oyonarte dio el salto en solitario con ‘Sueños y tormentas’ (Buenaventura, 2018) un primer disco excelente en un registro de cantautor que entronca con los grandes songwriters anglosajones (Nick Drake, Lou Reed, Leonard Cohen, Bob Dylan o Elliot Smith). Oyonarte es conocido por ser el bajista de Los Enemigos. Pero también por  haber producido a bandas como Los Planetas (‘Super 8’), Mercromina (‘Hullahop’), Lagartija Nick (‘Hipnosis’), Los DelTonos (‘Tres hopmbres enfermos’), Ama, Meteosat, Napoleón Solo o Franc3s. Y luego formó con Cristina Plaza Los Eterno y Clovis.

‘Sueños y Tormentas’ refleja una especie de renacimiento, de segunda vida, tras sufrir una enfermedad cardíaca que a punto estuvo de dejarle en el camino. Y él como agradecimiento se agarró a la vida y empezó a escribir, perfilando este disco que rezuma vida y luz, calma, tranquilidad y cierta armonía pese a los infortunios vitales. El pasado sábado presentó en directo en el Café La Palma de Madrid su nuevo single en vinilo de 7 pulgadas que incluye dos canciones ‘No mirar atrás / Calles vacías’, editado el pasado 13 de septiembre entre su sellos Buenaventura e Intromúsica. Ambas canciones sonaron con presencia en directo, “No mirar atrás” recuerda a La Buena Vida, no en vano Oyonarte produjo a músicos de esa banda que formaron Ama. “Calles vacías” tiene un punto folk que brilla con luz propia.

https://www.youtube.com/watch?v=bRPZfcd29bE&list=PLUQ70_UQMOgJ73iPrcPr6qdONoZBGXwvm&index=2&t=0s&utm_source=Intromúsica+Prensa&utm_campaign=93619a0e9e-EMAIL_CAMPAIGN_2019_09_12_08_05&utm_medium=email&utm_term=0_f71ab83629-93619a0e9e-97046657&goal=0_f71ab83629-93619a0e9e-97046657&mc_cid=93619a0e9e&mc_eid=7198ee0b80

Oyonarte presentó sus canciones armado de su acústica y mostró la excelente conexión que tiene con su canciones, lo rodado que toca y como borda sus canciones tanto vocal como musicalmente. No perder la esencia de tus composiciones es vital porque ‘Sueños y tormentas’ cuenta con unos arreglos de cuerda, vientos y percusión de alto nivel. Interpretó las nueves canciones del disco. Citó a su padre en el homenaje musical que le dedica en “Huellas en el tiempo” mencionando a La Clac, a la que acudía su padre por su afición al teatro y su bajo presupuesto. La Clac era un grupo de gente de los 50 o 60 que entraba gratis en los teatros a cambio de aplaudir al final de la obra. También interpretó una canción nueva, algo así como yo y los espejos, que habla sobre mirarse en el espejo del baño (cuando es el único espejo que tienes) y sorprenderse de la imagen que ves, reírse de uno mismo, sentir el paso del tiempo. Pero son canciones con sustancia, con sustrato y con preciosas melodías. Que atrapan desde la honestidad, desde la búsqueda de la belleza hasta en los detalles más nimios y singulares de nuestra existencia.

En “Atrapado” y “Cien Pasos” subió a colaborar un saxo soprano, embelleciendo ambas piezas. Tiene especial fuerza “Cien Pasos” por lo que significa de superación y “Afortunado” que abre el disco y que muestra su biografía y mira atrás con orgullo pero sobre todo sintiéndose agradecido por estar. Y es que aunque sobrerevuela en sus melodías una leve melancolía y la duda vital, hay sustancia a la que agarrarse, y muestra el impulso de alguien que sale de la enfermedad con luz y con garra. Y es que Oyonarte ha compuesto canciones que nos emocionan, que calan hondo. Entre el público estaba algún fan amigo Guillermo Aragón, batería de Arizona Baby, o David Krahe, músico de bandas como Los Coronas o Los Corizonas,  y el nuevo guitarrista de Los Enemigos, ambos encantados del concierto. Hubo homenajes a Elliot Smith, a Nick Drake y una versión, llevada a su terreno, del “Satellite of Love” de Lou Reed, una de sus grandes influencias musicales de todos los tiempos. Oyonarte está en racha cosechando canciones que crecen con cada escucha. Filosofía de la experiencia personal que sirven para regalarnos los oídos. Fino no, finísimo.

Crónica del GetMad!2019: “El rock en todos sus estados”

GetMad! 2019

El rock en todos sus estados

Por Andrés Castaño
Septiembre mola. Es un mes de arranque de todo e inicio de la temporada, del curso, de reenganche. Un mes muy agradable que se coge con ganas por las energías renovadas y el aún buen tiempo reinante. En resumen, es una excelente fecha para programar un festival de salas como el GetMad!. Un festival que tiene comop protagonista al rock por bandera: desde punk hasta rock progresivo, krautrock, indie rock o rock más oscuro. Es la segunda edición que se celebra en septiembre, en sus dos primeras ediciones se desarrollaba a mediados de mayo. Así pues, el fin de semana del 14 y 15 de septiembre nos pillaron de sopetón los efectos paralelos de la borrasca y la gota fría. Pero el rock estaba salvaguardado en la sala But, única sede en la cuarta edición del GetMad!. Eso sin contar el fin de fiesta en Wurlitzer Ballroom con los conciertos de las madrileños Las Morsas y de los valencianos Cuello, cerrando cada jornada.

https://www.youtube.com/watch?v=d085dGHchGM
El viernes los cabezas de cartel, y la banda más esperada, fueron los británicos Gang of Four tocando su primer disco ‘Entertainment’ (1979). Aunque de la banda original solo queda el guitarrista Andy Gill cumplieron con su concierto. Tocaron entero esa obra de referencia del punk, sin seguir el orden de la grabación y acabando con el nuevo cantante estampando una guitarra contra un ampli. Resultó agradable escuchar en directo como “Damaged Goods”, “Natural’s Not In It”, “Return the Gift” o “I Found That Essence Rare”, canciones que tienen mucho de himno y de actitud punk genuina.
Nos gustaron bandas recientes como los punks Bad Sports, en una onda muy clásica pero bien ejecutada Pero sobre todo alucinamos con Night Beats, con un directo muy sólido, muy garajero, y con esa actitud tan bribona y su estética con sombrero vaquero. Tocaron un repertotio centrado en sus y obviaron en parte las canciones de ‘Myth of a Man’ (Heavenly, 2019), su último disco. No faltó versión de Bo Diddley, “Mama, Keep your mouth big mouth shut”.

https://www.youtube.com/watch?v=6mcSDIhkAiM
Nos perdimos a Civic que cancelaron concierto, una pena porque nos mola mucho su rock fiero, muy en la onda de The Stooges o The Undertones. Los Nastys los suplieron la ausencia de radioactivity, a base de un punk patrio muy clásico, inyectado de mucha frescura. Los ‘yanquis’ Radioactivity estrenaban un poderoso single “Erased / Fear”. Energía rock a raudales. Drahla tienen mucha fuerza en estudio, escuchen su primer disco ‘Useless Coordinates’ (Captured Tracks, 2019) y entenderán el porqué (oscuridad, rock, intensidad y atmósferas espesas). Pero les falta rodaje en directo. No nos convencieron mucho.
El sábado lo gozamos con Jacuzzi Boys ¡Qué pegada que tiene ese trío! ¡Así da gusto! Y esa versión del clásico, de Sam The Sam & the Pharaohs, “Wooly Bully” más acelerada funciona a la perfección. Melodías y una capa de muralla sónica.

https://www.youtube.com/watch?v=8GDDADv7msU
Pero los que lo bordaron fueron The Soft Moon. Qué tenebrosidad transmiten, muy a lo The Cult en un cruce con Nine Inch Nails. Y en formato trío. Ese batería es un máquina. Y qué de resultados extraen con teclados o guitarra en una primera capa. Con temazos como “Burn”, “Black” o “Far”. Fue el concierto del festival, sin ninguna duda. El rock progresivo de los noruegos Motorpsycho se hizo un poco eterno. Reconozco su valor pero las dos horas de set fueron muy largas. Y el indie de Together Pangea muy vistoso en disco me comentaron que no aportaba mucho, que muy correcto y tal, pero sin más.

https://www.youtube.com/watch?v=X0Cftwtlho4

Los madrileños El Grajo y Danger, abrieron el viernes y el sábado, respectivamente. Danger especialmente son un torbellino. Y mención especial a los valencianos Cuello, que hacen que sus directos sean pura intensidad, que enganchan con la audiencia a la perfección: sus canciones llegan porque resultan cercanas e impactantes. Excelente fin de fiesta.

Dorian y su “tormenta de arena” en el Náutico

El viernes pasado, la “tormenta de arena” de Dorian se hizo un hueco entre un público cargado de electricidad en uno de los conciertos especiales del décimo aniversario del ciclo SON Estrella Galicia. Rebosante de esa furia con que parecen estallar las cosas poco antes de nacer, en ese espacio de tiempo vacío y veloz, su entrada se hizo humo. Casi ni los sentimos llegar, ensimismados aún en la espera. Pero pronto vimos caer la tempestad, sobre todos nosotros.

Dorian Náutico

Una tempestad ardiente, que hiere, aprieta y hasta ahoga, pero nunca confunde. Mensajes directos, tan ciertos como uno quiera sentirlos; palabras amargas, a menudo plagadas de verdad; y una combustión, fugaz, abrasiva.

Así llegaron hasta nosotros en una noche sin fin, arropada por el calor del Náutico y un horizonte sin nubes. Porque, “cuando Dorian viene a Galicia, nunca llueve”. O eso suelen afirmar los barceloneses.

Dorian Náutico

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Dorian Náutico

Vinieron para entregárnoslo todo. Un inmenso repertorio que dio comienzo con La Isla, cedió el paso a Noches blancas y, luego, Verte amanecer. Este último tema, en su explosión, preparó la noche para Algunos amigos. Hasta que caiga el sol irrumpió, pautando el preciso ritmo que, mecánicamente, se había adueñado del concierto. Una armonía total, y un Náutico lleno de la luz que el cielo se había guardado.

El temblor abrió la línea de Justicia Universal, acompasado con Duele. Se sucedieron otros tantos. Sonaron Arrecife, Cualquier otra parte o Cometas. Y llegamos a Los amigos que perdí, que anticiparía el desenlace marcado por La tormenta de arena y una conmovedora interpretación de esa Tristeza que se reservan para “conciertos especiales”.

Dorian Náutico

En su electricidad, Dorian nos regala la fuerza que los consume. Nos obsequia con nuevas ópticas, que diluyen las ya aprendidas, y nos hacen enterrarlas. Proclaman su grito en medio del temporal, y ahogan la duda, que quiebra la voz. Porque ellos se afirman, aún en el error. Y aciertan a hacernos dueños de ese alarido que disparan. Nos dan el coraje para que avancemos.

Sus fidelísimos seguidores, que acudieron el viernes en masa, pudieron disfrutar de una noche inolvidable. Y todos aquellos que los siguieron a San Vicente, sin saber muy bien qué esperar, de seguro regresaron con la sensación de haber dado con algo. Con algo, que merece ser recordado. Y al final, eso es lo que importa.

Dorian Náutico

Dorian Náutico
Dorian Náutico

Crónica: El cósmico viaje de Anni B Sweet en el Náutico

Un fugaz destello de luz que anticipa la tormenta. Así se presenta Anni B Sweet, en toda su dulzura, cada vez que vuela sobre los escenarios. Repleta de ese candor que deleita y atrapa, de su tierna voz y unos versos de miel. Nos habla de galaxias lejanas, de cometas y nebulosas que se entremezclan con palabras de amor, duda y error. Y no deja de hablarnos, siempre que canta.

Un público que la mira como se mira a la lluvia que resbala, a punto de derramarse sobre ese manto de estrellas que la arropa y la cuida. Sin perder detalle de sus movimientos, se agitan e impulsan en sus suaves revoloteos; pero también caen al compás de sus lamentos, de su grito ahogado y silencioso, que más de una vez traspasa el papel y se adueña de su música. Frágil y veloz, su canto apunta al corazón y sacude la mente. Nos estremece y conmueve. Afina los sentidos y despeja las dudas que nos inquietan. Aporta paz, sentido. Y que así sea.

Anni B Sweet Náutico

El viernes en el Náutico no fue distinto. En su humildad, “fue luz”. Llegó allí para darnos su música, sin pedir nada a cambio, sin buscar respuestas. Además del habitual recorrido a su Universo por estrenar, no se olvidó de covers como la de White Rabbit de Jefferson Airplane. Presentes estuvieron, como no, Sola Con La Luna, Un Astronauta o Buen Viaje, tema dispuesto a cerrar un concierto que requería de un bis.

Su incansable banda, que integran Julia y Víctor de Rufus T. Firefly, está siempre presente. Y Anni nos lo recuerda. Pero también Noni, de Lori Meyers, se subió al escenario para actuar con ella. En un ambiente impregnado del contagioso frenesí de los sueños, la pareja se camufló con la neblina que los envolvía. Se sucedieron los aplausos, y la noche se metamorfoseó, marcando el énfasis en lo que fuera que viniese después. Y así se vino.

Anni B Sweet Noni Meyers Náutico

Una noche cargada de electricidad. Que nos habló, que nos tendió la mano. Sin espejismos ni ilusiones, sin soberbia, sin distancias. Desde una mirada introspectiva, la malagueña apunta como el espejo que nos desafía a contemplar nuestra propia imagen en él. Charlamos del tiempo, y del espacio, sin intercambiar palabras, solo imágenes. De lo que fue, y nos hizo ser. Siempre junto a ella.

Para cuando había terminado, se hizo un vacío un tanto incómodo. Ya nada nutría nuestras dudas, ni callaba nuestros miedos. Habíamos aterrizado de nuevo en la Vía Láctea, y la travesía intergaláctica de B Sweet había tocado a su fin. Un viaje para recordar, y un universo por descubrir. Más cerca de lo que pensamos.

Anni B Sweet Náutico

Crónica: Ángel Stanich y su onírico paso por el Náutico

Con la fuerza con que llegan las cosas que se hacen esperar, y se esperan, Ángel Stanich irrumpió en un Náutico que clamaba por su voz y se ahogaba en su ausencia. Un ambiente difuso, casi onírico, que en su misma entrada se deshizo y confundió. Como siempre, sutil. Muy sutil. Pero, en su tenuidad, salvaje, puede que feroz. Armado con su verso y su afilada voz. Acompañado por su inseparable banda de itinerantes que allá donde va completan su estampa. Pero siempre él.

Ángel Stanich. Repleto de ese encanto que nos fascina, de su sagacidad para dar rienda suelta a nuestras vivencias, elevándolas a otros mundos, dando forma a dimensiones perdidas, alucinógenas. Dimensiones en que se alzan nuestros miedos, en que calla la razón. Dimensiones que él construye, retorciendo lo que nos consume hasta volverlo ridículo; deformando con la matemática del esperpento la realidad de un país sumido en la desidia y la abulia, que se retroalimenta en una alienación perpetua. Y tanto lo deforma, que lo hace bonito.

Ángel Stanich Náutico

Su esencia reside en aquello que dejamos de entender cuando empezamos a sentir. El hechizo de un “ácido” que nos seduce, que habla de lo cotidiano sin abandonar su magia. Una orgía sensorial, envuelta en la ternura de su metáfora.

Y así nos lo hizo sentir el pasado jueves. Un escenario vacío, del que rápidamente tomó posesión, e hizo suyo. Tan suyo como todo lo que toca. El Náutico se inundó de los ecos de ese indescifrable relicario de voces que parece acompañarlo en cada una de sus odiseas musicales. Los ecos de un pasado familiar, que se convierte en enigma al hacerlo verso.

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Abriéndose camino sin intermitencias, conquistó a un público ya entregado antes del primer acorde. En su habitual recorrido a Antigua y Barbuda, la sala pareció teñirse del rojo bermellón que escupen sus versos. Un delirante viaje psicotrópico en que sus letras nos mecen y nos sacuden, solo a veces, y que acababa de comenzar.

Y sonaron. Sonaron Qué será de mí, Señor Tosco, Un Día Épico y demás temas de un repertorio ya inconfundible. El público bailó la danza Hula Hula, y saltó al compás de un Galicia Calidade que resonó con fuerza en su tierra predilecta. Hubo espacio también para el adorado Salvad a las ballenas, dedicado textualmente a los cetáceos y a “todas esas personas un poco hijas de puta”.

Víctor, incansable guitarrista, se consumía hasta hacernos partícipes de la emoción que lo corroía. Álex Izquierdo, al bajo, pautaba la insumisa calma que, en contrastes, aportaba armonía al conjunto de la Stanich Band. El grupo lo completaban el ágil Lete, controlando la batería, y el teclista Jave Ryjlen.

Para el crepúsculo de la noche, nadie parecía dar por el concierto por terminado; de hecho, todos temían que tocase a su fin. Sin abandonar sus esperanzas, permanecieron a la espera del que reapareció, fulminante. Casi como reencarnado en un nuevo sujeto teatral, dio rienda suelta a lo que un público insaciable pedía a gritos. Se reservaba cuatro temas más: Escupe Fuego, Carbura, Metralleta Joe y, como no, Mátame Camión.

Angel Stanich Náutico

Por aquel entonces la excitación era tal que, en una especie de veneración colectiva al que nos había regalado “un día épico”, todos gritamos hasta ahogar la voz, bailando y saltando sin más sentido que el de la euforia que nos empapaba. Stanich bajó y se unió a la celebración, arrojándose al suelo hasta caer desfallecido. Él y la Stanich Band recuperaron de nuevo el escenario para despedirse de un público que, aún hambriento, veía sus pupilas fulgurar.

Lo disfrutamos en el calor del Náutico, rodeados de la dulzura de un encuentro –casi- entre amigos. Como si fuésemos partícipes, y lo éramos, de todo lo que estaba ocurriendo. Como si el espectáculo nos acogiese, y no al revés. O también. En una especie de sinergia, de esas que duelen, porque te hacen sentir. Sentir tanto, que escuece. Pero cómo lo disfrutamos.

Nos demostró que su “camino ácido” sigue presente, aunque subyazca, en su primavera musical. Notas del pasado cinematográfico de los Estados Unidos, envueltas en la vida de carretera, la aridez de su orografía e historia, y pasajes ficticios tan escabrosos como el descarnado Metralleta Joe. Todo aquello que lo vio nacer pareció resurgir, como siempre lo hace, en sus entrañas.

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Sumergido en la tragicomedia que enfrascan la hirsuta barba y el sugerente timbre de su voz, apunta con sorna a todo aquello que dispara contra él. Afiladas sátiras que cargan contra su propia industria, contra el periodismo y contra todo aquello que, en su enojosa inercia, intente diluir al que se nos presenta como uno de los músicos más extraordinarios del panorama nacional.

Al margen de los esquemas que la industria se deleita trazando, y de las etiquetas que cuelga sin un porqué, Stanich se ha mantenido intacto. Una especie en peligro de extinción. En su retiro del foco mediático, bajo el ideal de la bohemia, no concede entrevistas. Y “que digan lo que quieran”.

Han intentado compararlo con Dylan, incluso con Albert Pla a una esfera nacional, pero ninguna referencia parece definir su enigmático perfil. El de un ermitaño, tal vez. El “buen salvaje”, la estampa de todo lo tierno que un mundo titubeante ha olvidado. Su figura infranqueable, rodeada por un aura de misterio, aumenta constantemente la expectación que recae sobre su música y su persona. En una era dominada por la información inmediata, veloz, y en dosis desmesuradas, Stanich se dibuja como un interrogante. Una provocativa incógnita que, al tiempo, fascina y seduce a todos aquellos que se atreven a posar su mirada sobre él.

Dejaría aquí la arquetípica pregunta de qué es lo que lo ha llevado hasta aquí sin haber concedido una sola entrevista, pero creo que todos aquellos que han estado en el Náutico podrán responder a eso sin problemas. Dejemos de definir y encasillar las cosas que entienden el mundo, y nos lo hacen entender. Dejemos de atribuir rencores a la pasión que se desborda y nos acoge. ¿Por qué no inmolarse por lo que nos hace sentir, en lugar de corroer su sentido?

Ángel Stanich Náutico