Un Pequeño Festival, 10-11/10/2009: crónica

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portadaupf

Son cada vez más las oportunidades que tenemos en la ciudad de ver nuevos grupos, propuestas musicales interesantes y sobretodo disfrutar de la música de la mejor forma de ser presentada o disfrutada: en directo. Un gran esfuerzo por parte de gente que tiene claro que de esto no se van a comprar el yate y que pocas veces se encuentra recompensado. La introductoria jornada del Sabado se desarrolló entre la magnifica sala Ambigú y la discoteca Asklepios con desgraciadamente poca respuesta de publico, que se decantó por el día grande dejando de lado algún descubrimiento más que interesante.

My Friendly Ghost, grupo local, tuvo la papeleta de inaugurar el evento con su guitarra acustica y su folk -con un alto contenido rock- pasional. Una voz potente, autentica (sin entrar en complicaciones vocales o estridencias) y más rockera que melódica nos guió a través de la selección de temas propios. En estos oímos ritmos decididamente intensos, libres de cualquier parte lenta o más apagada, que hacían olvidar la posible melancolía desprendida de sus rasgeos de guitarra visitando lugares comunes, y resultaron en un comienzo enérgico e increíblemente directo.

El leonés Pájaro Sunrise, solo ante el peligro, continuó la sesión de forma puramente acústica, sin los toques electrónicos y arreglos de su disco, en la que aprovecho para meter algún clásico entre su repertorio. Reposado y tranquilo, con su concierto las melodías vocales inundaron la sala, metiéndonos en un ambiente suave y relajado donde la su voz, que fue la autentica protagonista, bien ponia toques -ahora si- melancólicos, bien jugaba de forma original para componer coros, arreglar la melodía y canturrear con, para que negarlo, cierto sentido del humor. Destacaron ‘Disabled’, ‘Done’ (por su intensidad), ‘Sunday morning birds’ o ‘Eleven days’ (momento intimo) y sobretodo la figura de Yuri Méndez, un tipo campechano que derrochó personalidad, sentido del humor y esa alegría contagiosa del que sabe que esta haciendo las cosas muy bien.

Cambiamos de escenario y el turno es ahora para el dúo Espanto, cuya última referencia fue «Ísimos», en la que basaron buena parte de su concierto.  Aunque si la referencia fue este disco, en escena dejaron atrás su pop costumbrista y se dieron a la experimentación, con la inclusión de un megáfono o un Stylophone por ejemplo. «El último día de las vacaciones», «No cabe un tonto más» o «Los números de teléfono» nos recordaron esos momentos de brillantes letras sobre lo cotidiano a lo Le Mans o la Buena Vida, movido con ritmos Bossa, de cacharritos y agudas guitarras.

La noche la cerraron freneticamente -tanto por la media hora de duración como por la energía guitarrera- La Otra Gloria. Dúo compuesto por Rocío (Sibyl, Vane) a la batería y Germán (Bananas) a la guitarra y voz. Juntos y a una velocidad de vértigo fueron encarrilando temas en los que demostraron su gusto por la rapidez del punk, voces casi de coña y solos de guitarra cañeros.
La fiesta terminó en el club Berlanga, donde los encargados del sello Birra y Perdiz se encargaron de ponernos su mejor música hasta tarde.

La jornada del Domingo se inició por la mañana en la Mambo con un par de conciertos para ir abriendo el día y espabilando aquellos trasnochadores que alargaron al máximo la noche anterior. Los primeros en abrir fuego fueron los pamploneses Kokoshca, una de las sorpresas del festival. El trío compuesto por batería y dos guitarras incorpora voces entre gritonas y naïf, con reminiscencias del tontipop de los 90, por parte de la vocalista femenina e interesantes guitarras agudas y de trasfondo ochentero.
Buena combinacion que enriquecen con elementos de baladas rock de los 50s y un toque surfero muy presente en todas las composiciones. Todo un despliegue de energía en directo por parte de un grupo a seguir en la escena independiente.

Tras ellos, el dúo de hip-hop Diploide , como era de esperar, ofrecieron un show de humor musical que, a pesar de que a nosotros ya sabéis no nos acaba de convencer (genial la alusión del niño cuando dijo «bueno, luego no vayáis escribiendo por los blogs que…»), hizo que los numerosos fieles que tarareaban sus irónicas y a veces divertidas letras, se fueran con una gran sonrisa a comer.

La hora del café del Domingo, tras los conciertos de Kokoshca y Diploide resultó ser la interesante iniciativa Cafés Literarios organizada por el colectivo Rémora. Como ya nos adelantó Roi en la entrevista, los chicos de Rémora nos ofrecieron algo más de una hora de locuciones de magníficas piezas literarias leídas por los propios autores. Textos de Cortázar o Bukowski «sonaron» mientras, en la pantalla de proyección veíamos auténticas maravillas visuales con técnicas de animación y stop motion

Encarrilamos ya la recta final del festival en la Mambo de nuevo con la parte más interesante del cartel, los fuegos de artificio, por delante. Gudar comenzaron la noche con un ligero retraso, inundando el escenario con su tropa de músicos (hasta seis), su incesante cambio de instrumentos entre los mismos y su vitalidad pop. Con tanto músico se permitieron introducir instrumentos menos comunes en estos grupos como trompetas o melódicos, que unidos al plano órgano -una pena que no tuviese más presencia- dan otra presencia al sonido, recordando vagamente al optimismo melódico de los Beirut de «The Flying Club Cup». Fallaron quizá algunos instrumentos en comparación con su anterior músico -recordamos que la mayor parte de los miembros se los intercambiaba entre canciones- y unas voces poco acertadas, muy en la onda del rock español, que se compensa con el humor añadido a unas letras a menudo mordazes.

Después saltaron Extraperlo, momento que coincidió con un considerable aumento de publico en la sala, dispuesto a bailar al ritmo sofocantemente tropicalista de los 4 músicos. Acompañados de un portátil para sustituir a la batería y las bases electrónicas, el grupo combinó como mejor sabe hacer el bajo, las dos guitarras y los teclados para obtener un conglomerado altamente bailon y hedonista, evocador del feliz y despreocupado tiempo del estío, que contrasta con la apesadumbrada y oscura impronta que impone su vocalista, en un genial ejercicio de contención rítmica. ‘Las palmeras del amor’, ‘Bañadores’ o ‘Noche en la montaña’ brillaron elegantemente en un gran concierto en el que era imposible permanecer parado.

Era el turno de Hidrogenesse, el grupo que más publico había convocado, con la intención de disfrutar de sus extravagancias e himnos electropop petardo. Aparecieron con sus maquinitas, vocoders, pequeñas guitarras eléctricas y ataviados -como no podía ser de otra forma- con tacones altos, originales vestidos (cortinas en otra vida?) y chándal para los que se me acabarían los adjetivos.
Los dos Austrohungaros interpretaron a la velocidad del rayo (el tiempo apremiaba) sus aclamados «Disfraz de Tigre», «Vuelve Conmigo a Italia» o «Así se baila el Siglo XX» haciendo disfrutar al respetable e imponiendo sus animadas coreografias para un publico fan totalmente entregado.

La noche estaba ya muy avanzada por culpa de los incidentes que os comentamos cuando Hidrogenesse dejaron el escenario; los conciertos se habían ido retrasando con respecto a lo programado hasta llegar a la situación (fatal) que se nos presentaba: quedaban 5 minutos para la actuación de los franceses Zombie Zombie, que en ese tiempo perfilaron un tema donde el rock oscuro, electrónico, cercano al krautrock y las estructuras «in crescendo» nos dejaron con ganas de mucho más. Un gran festival con final abrupto y sabor agridulce por lo perdido pero muy satisfactorio por lo descubierto y disfrutado.


Reportaje fotográfico Un Pequeño Festival

 

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