24 junio 2024

Una pasión doble por el barroco y la música contemporánea condujo a la violonchelista madrileña Iris Azquinezer (1984) a un ambicioso proyecto discográfico en el que alterna la interpretación de sus propias composiciones con de una de las cumbres del violonchelo, las seis suites compuestas por Juan Sebastián Bach a principios del siglo XVIII. La tercera parte de este proyecto, Hierro y verde, se presenta el 19 de marzo en Teatros del Canal.

La singularidad de esta alianza es que las obras compuestas por Azquinezer están escritas en las mismas tonalidades que el genio de Eisenach eligió para sus suites, creadas en su momento como un lenguaje experimental, y que se han convertido en piedra angular del repertorio chelístico.

Cada tonalidad musical simboliza o produce un color para Azquinezer y es esta sinestesia la que ha dado nombre a esta personalísima trilogía: Azul y jade (2014), Blanco y oro (2019), y Hierro y verde, que contiene la quinta y sexta suites de Bach y obras compuestas el pasado año como Eurídice o Entréme donde no supe, basada en el poema de San Juan de la Cruz.

Este trabajo deja ver la parte más íntima y personal de la vilonchelista. Aflora un nuevo acercamiento a la música para violonchelo solo del mayor compositor de todos los tiempos, que a su vez supone una investigación de la creación del lenguaje para violonchelo solo y, por extensión, una expansión de la teoría de los afectos unida a los ánimos y desánimos de la llamada vida trascendente.

La crítica española avaló con entusiasmo esta insólita propuesta de la violonchelista madrileña. “De vez en cuando, hay discos que surgen de la nada y sorprenden por su bello atrevimiento. Azul y jade, el primer registro de Iris Azquinezer, cumple con las dos condiciones”, escribió Stefano Russomanno en ABC Cultural. Por su parte, para José Manuel RipollBlanco y oro era “un disco redondo donde Bach, Iris y el oyente se funden en un solo sonido. Y Juan Lucas, en El arte de la fuga, señaló que “Azquinezer exhibe a partes iguales un enorme coraje y un profundo espíritu poético. Sea en vivo o en disco, Iris toca el violonchelo desde el interior, desde el alma tanto del instrumento como de su persona”.

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